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domingo, 23 de agosto de 2026

La plataforma digital X (o ex-Twitter) en 2026: Donde hoy Twittear QUEDA EN NADA

Pero más allá del alegato, ¿Cuál es el verdadero afán de andar criticando si al final la gente casi ni opina? Paradójicamente, aunque todos tengan el dedo pegado a la pantalla, la gente hoy escribe menos, comenta menos e interactúa mucho menos de forma sincera. 


Si uno se pone a mirar la pantalla del teléfono mientras espera la micro o hace la fila en el supermercado, se da cuenta de cómo nos cambió la vida esta maquinita y cómo ciertas aplicaciones, que antes servían para dar una mano o conectar a la gente, terminaron convertidas en algo totalmente frívolo, tóxico e inútil. Pensemos en la famosa red del pajarito azul, esa que nació por allá por el 2006 y que en Chile casi nadie pescaba hasta que nos cayó encima el terremoto del 27-F en el 2010. Ahí, con las líneas telefónicas colapsadas y la angustia a tope, se volvió una herramienta salvadora para saber si la familia en la costa estaba bien o dónde ir a dejar ayuda. Con el tiempo la cuestión fue agarrando vuelo político: para el 2017, con la irrupción del Frente Amplio y la candidatura de Beatriz Sánchez, se transformó en una verdadera plaza pública donde la gente conversaba de lo humano y lo divino. Esa interacción real se multiplicó con el Estallido Social del 2019 y los encierros de la pandemia entre el 2020 y 2021, donde la red funcionaba como un espacio donde la gente de verdad se escuchaba y compartía lo que pasaba en la calle.                                             

Complemento. ¿Cómo pueden decir que Facebook pasó de moda, si esa plataforma todavía sigue vigente? (2008 - 2026)

 Pero algo se rompió en el 2022, tras el triunfo del Rechazo en el primer plebiscito de salida. Ahí cambió la marea y la plataforma empezó a mostrar esa cara medio apocalíptica y desencantada de la sociedad actual. En el 2023 la compró un magnate y le puso "X", aunque en el día a día la gente le sigue diciendo Twitter porque la costumbre pesa más. En estos últimos tres años, entre el 2023 y este 2026, la cancha se volvió insoportable: se inundó de una fuerte influencia de ultraderecha, muy al estilo de Trump afuera y de Kast acá en Chile, donde las ideas entraban casi con aguja hipodérmica a través de panfletos antimarxistas, especialmente antes de las presidenciales del 2025. Diversas investigaciones periodísticas terminaron destapando lo que muchos en la calle ya sospechaban: la presencia masiva de "bots" y cuentas falsas organizadas por el Partido Republicano para inflar la figura de su candidato e influir en la masa digital.        

Agosto de 2025 - La aguja digital que pincha la democracia chilena. Bots y la ascensión de José Antonio Kast  

En X todo para la política, PERO NADA PARA TI !
Sin embargo, el drama más grande de esta crisis en "X" es su frivolidad e inoperancia cotidiana: la aplicación te sirve para desahogarte, pero al final no consigues absolutamente nada concreto. Imagínate la escena de un domingo a las cuatro de la mañana: los vecinos de al lado arman un carrete desatado, ponen el parlante a todo chancho y la contaminación acústica no te deja pegar un ojo. En medio de la impotencia, abres la aplicación, subes videos o fotos del escándalo y escribes una denuncia pública. ¿Y qué pasa? Nada. Tus seguidores no te comentan, nadie te da un "retweet" y las cuentas de los medios de comunicación ya no hacen eco de los mensajes donde los etiquetan, a diferencia de antes cuando la información circulaba entre la comunidad. Tu reclamo se pierde en la nada porque hoy existe un algoritmo invisible que impone la pauta del día y obliga a todo el mundo a girar en torno a ella. 

La Trinchera de X ahoga el verdadero Buzón Ciudadano

Cuando nace tener algo de compasión por un sujeto que ha sido detenido,
los fachos te lo invalidan. Para los "zurdos" no hay caridad ni empatía.
El tema político se volvió algo tan obsesivo que tapó cualquier otro interés de la vida diaria. Hace solo unos meses se jugó el Mundial de Fútbol de Norteamérica 2026 y jamás llegó a ser un tema predominante en las tendencias; lo mismo ocurrió en el 2024 con los Juegos Olímpicos o cuando daban los capítulos finales de teleseries populares como "El jardín de Olivia". Para que te pesquen tienes que hablar de lo que habla la masa: que si hablaron bien del Presidente o si Bachelet anda buscando votos en la ONU. Si muestras empatía o apoyas una causa inclusiva, salta de inmediato algún "facho" a invalidarte la publicación calificándola de "caridad progre", mientras se imponen agendas extremas vinculadas al sionismo o discursos antidemocráticos que rozan lo absurdo, como pedir a gritos proscribir al comunismo. Para lograr que alguien te responda, estás obligado a meterte al vaibén de la pelea política los 365 días del año.                                                        

¿Quieren saber la razón del porque Don Sergio Pierry, un usuario que se autodefine como CATÓLICO,
manifiesta su rabia contra quienes él denomina "zurdos"? Porque había un grupo de jóvenes, dirigentes,
pobladores y ciudadanos que se manifestaron en la calle Barros Arana del centro de Concepción.
¡Esa fue la razón! ¡TAN SIMPE COMO ESO! Saque sus conclusiones 

Esta ilusión de que la autoridad te va a escuchar por redes es completamente falsa. Las instituciones y los políticos tienen sus cuentas oficiales, pero jamás las usan para atender al ciudadano de a pie. Ya pasó en su momento con la Convención Constitucional entre 2021 y 2022, donde tenían su cuenta oficial pero jamás le respondieron un mensaje a un vecino común. Hoy a las autoridades les da un desánimo terrible meterse a leer notificaciones, porque casi todo lo que les llega son ataques de pura ciber-cólera por parte del detractor político de turno. Las mismas instituciones policiales, como la cuenta oficial de Carabineros, ignoran las denuncias etiquetadas argumentando que hay que llamar al 133, pero tampoco se dan el trabajo de educar u orientar con infografías lúdicas sobre cómo lidiar con el ruido molesto. Esta sensación de desamparo no es nueva: ya en diciembre del 2020, cuando muchos no acataban las restricciones sanitarias de la pandemia y la gente los denunciaba por la red, las cuentas policiales sencillamente ignoraban los mensajes o hacían la vista gorda.

Sólo basta recordar lo ocurrido en la navidad del año 2020 cuando apenas comenzaba el Toque de Queda (Algo más tarde, con tal de que la familia se reuniera con sus seres queridos) para que en todo Chile y de manera coordinada se lanzaran fuegos artificiales de manera prolongada. Estábamos en pandemia, con Toque de Queda y comunas en cuarentena. Durante esa madrugada muchas personas de Arica a Magallanes twiteaban denuncias arrobando a la cuenta institucional de Carabineros. Y no es primera vez que la institución en Twitter "se hiciera la desentendida" con los ruidos molestos a altas horas de la noche. 

Este abandono se nota con mucha fuerza en las regiones. Acá en el Bio Bío, la realidad digital muestra un panorama bien triste. Cuentas históricas de medios locales como Radio Femenina Concepción o Radio Carolina (un medio radial juvenil de Santiago) ya están prácticamente botadas. Incluso Canal 9, uno de los pocos medios televisivos penquistas que sigue vigente en la red, actualiza sus contenidos cada dos semanas porque no hay incentivo para publicar información local. Una cuenta de un medio regional recibe muchísima menos interacción que los discursos trillados y repetidos de los extremos políticos, donde tanto el Partido Comunista como el Partido Republicano acaparan todo el ruido. Llegamos al punto en que solo las noticias de emergencias o tragedias generan algo de atención, mientras que la costumbre de compartir postales, paisajes o el orgullo por la zona simplemente murió; a la gente de Concepción y sus alrededores ya no le nace subir una foto bonita a esta red. Predominan más bien las publicaciones cargadas de pesimismo y frases como "estoy deprimid@", donde la gente busca desahogarse sabiendo de antemano que nadie va a resolver su drama. Se abunda en el barro sabiendo que aunque asuma una nueva autoridad nadie te garantiza que te vayan a escuchar, haciendo sentir que todo ese pataleo digital es tal cual como estar reclamando contra la pared

Pero más allá del alegato, ¿cuál es el verdadero afán de andar criticando si al final la gente casi ni opina? Paradójicamente, aunque todos tengan el dedo pegado a la pantalla, la gente hoy escribe menos, comenta menos e interactúa mucho menos de forma sincera. Se perdió completamente esa mística de antaño de conocer ciber-amistades o generar lazos reales entre seguidores. Antes, un joven soltero y solitario podía entablar conversaciones profundas con ciber-amigas o incluso ciber-amantes por mensaje privado (DM); empezaban conociéndose, haciéndose preguntas recíprocas, compartiendo anécdotas del día a día y, si había química, fantaseando con textos eróticos pasada la medianoche como si fuera un "privado digital" donde terminaban intercambiando los números de WhatsApp. Hoy esa complicidad desapareció por completo. El miedo a las funas, la caída de la figura del "macho romántico" tras la breve moda octubrista del "Apruebo" en 2021 (Nuñoinos y "progres") y la extrema polarización terminaron matando el coqueteo espontáneo. Las mismas usuarias que antes lucían fotos de perfil coquetas o relajadas, hoy prefieren cubrirse el rostro con la bandera de Chile si son de derecha, o con imágenes de gatos y de ídolos coreanos del K-POP como BTS si están del lado progre o de izquierda.

Tu condición de usuario o sujeto digital se ha vuelto tan invisible que, para ganar un simple "Me gusta", tienes que comentar de la forma más polémica sobre un asunto contingente, como salir a atacar salvajemente al Ministro de Seguridad Claudio Arrau por el proyecto de interceptar llamadas telefónicas. El algoritmo no te premia si quieres compartir algo genuino o constructivo. Un caso representativo es el del usuario nortino Cristian Martínez (@_poetadelamor), quien desde La Serena intenta tirar buena vibra, compartir sus experiencias viendo el fútbol nacional y publicar sus versos románticos clásicos. Cristian no es un poeta elitista ni de alta complejidad, sino un aficionado devoto de la Virgen María que cree en el amor a la antigua. Lo lógico sería que en una red llena de cibernautas cultos o intelectuales de izquierda se comentara y potenciara su trabajo, pero no lo hacen; y no solo porque sea católico, sino porque la masa entra a pelear y no a hacer análisis literario.

Cómo será el nivel de degradación que hasta el legendario guitarrista de Los Prisioneros, Claudio Narea (@claudionarea), cayó en esta inercia de hablar de forma obsesiva sobre política. A pesar de que su mítica banda nació contestataria, en el último tiempo Narea no comparte música en su cronología ni aprovechó la vitrina para proponer jugadas creativas, ni siquiera durante la campaña del Apruebo en el 2022. Desde aquel disco solista del 2006 donde destacaba el tema "Rico el país" —que sonaba bastante en las radios—, no se le ha conocido otro single relevante, prefiriendo quedarse atrapado en la toxicidad de intentar hacerle entender al "facho" que la democracia es lo único que hace próspero al país.

Parte importante de por qué la gente dejó de escribir o profundizar en las redes se debe al cansancio físico de tipear en la pantalla táctil. Antes nos conectábamos cómodamente desde el computador, tecleando rápido en Windows, lo que invitaba a redactar párrafos más largos e ideas elaboradas. Hoy la inmensa mayoría usa solo el teléfono y, para evitar el desgaste de andar escribiendo con los pulgares, prefieren solucionar todo dejando un "Me gusta", un corazoncito o un emoji. Los mismos medios digitales como "Noticias Live Chile" o "Amigos penquistas" aprovecharon esto para transformar sus encuestas en una simple recolección de emojis, midiendo la aprobación o rechazo de un tema a costa de puros clics perezosos. A esto se le suma que "X" terminó de ponerse fome y vacía por el desmantelamiento de aplicaciones externas que antes le daban vida al asunto. Herramientas como "Twitter Circle" o "My Top Followers", que hasta el 2022 te permitían saber quiénes te leían más, con qué seguidores tenías afinidad o quién era tu "círculo cercano", dejaron de funcionar en este 2026. Incluso servicios como Fedica, que te mostraban de qué países o comunas venían tus lecturas, pasaron a ser de pago; hoy si quieres ver esas métricas interesantes tienes que pasar por caja. Todo se transformó en un negocio frívolo donde, para ver algo relevante, hay que pagar una suscripción.

En definitiva, en lo relativo al contenido político ya no queda espacio para el debate, la información ni la conversación real: lo único que abunda es el panfleteo, la propaganda y discursos repetidos hasta el cansancio. Es el terreno donde operadores, activistas y políticos juegan su propio "gallito" contra el adversario, dejándose llevar tanto por la trinchera que olvidaron su rol de informar. Las tragedias y el barro político se convirtieron en lo único que vende, terminando de sepultar para siempre aquel viejo contenido alegre, festivo y comunitario que alguna vez nos hizo sentir acompañados en la pantalla.

lunes, 1 de junio de 2026

Modelos económicos contrapuestos chocan por el empleo chileno (¿Reforma Tributaria? ¿O menos impuestos a las empresas, para generar "PLENO EMPLEO"?)

 Cuando uno conversa con los vecinos, se da cuenta de que la política en Chile se ha convertido en una pelea de teleserie donde los que siempre pierden son los mismos. Hoy en día, el debate económico está atrapado en dos fórmulas completamente distintas sobre cómo armar el país y, sobre todo, sobre cómo generar pega, que es lo que realmente le importa a la gente cuando las papas queman y el desempleo empieza a subir. Por un lado, tenemos la receta que marcó al gobierno de Gabriel Boric: la famosa Reforma Tributaria, que en palabras simples es cobrarle más impuestos a las grandes empresas y a los más ricos. La idea detrás de esto es que el Estado junte una buena cantidad de plata en su caja común para financiar cosas grandes que se necesitan harto, como construir hospitales, mejorar las escuelas públicas y hacer obras en las calles. Por el otro lado, la propuesta de la derecha de José Antonio Kast dice todo lo contrario: hay que bajarle los impuestos a las empresas y quitarles trabas de encima. Según esta mirada, si el país les cobra menos, las grandes marcas de afuera y las multinacionales van a mirar a Chile con mejores ojos, se van a motivar a meter su plata acá y eso va a armar más y mejores puestos de trabajo para el ciudadano común que lleva meses tirando currículums sin recibir ni un llamado.

 Este último pensamiento ha pegado con mucha fuerza en las redes sociales, sobre todo en plataformas como X o en videos cortos de Tik Tok, creando una especie de derecha popular que defiende su bolsillo con argumentos muy sencillos y directos:

"Entiendan, el mejor beneficio social es tener un buen trabajo con el que te puedas costear la vida y pagar tus gustos. Bajen impuestos, aumenten inversión, y van a ver cómo ya no se necesitará un plan social".                 

La frase suena súper bonita y lógica, porque a nadie le gusta depender de un bono del gobierno; la dignidad de ganarse lo suyo es imbatible. Pero en la otra vereda, la gente responde con una verdad que da para pensar: el fantasma de la exclusión. Las empresas no contratan por buena onda, contratan al que le sirve para el negocio. Hoy en día, para cualquier pega te piden mil requisitos y cartones. Si un gobierno baja los impuestos pero al mismo tiempo corta los presupuestos de las capacitaciones públicas, ¿Cómo compite el vecino que no tiene pitutos ni estudios modernos? La cancha se abre, es verdad, pero solo entran a jugar los mismos seleccionados de siempre. 

        

 Esta pasada ya la vimos con otras ideas de la izquierda que prometían cambiarle la vida al trabajador, pero que al final mostraron una letra chica bien amarga. Pasó con las 40 horas laborales que empujó la exministra Jeannette Jara. En la tele se veía como un triunfo hermoso para descansar más, pero la realidad es que dejó abajo del bus a la mitad de Chile: a los que trabajan de forma informal vendiendo en la calle, a los que salvan el mes haciendo turnos extra los fines de semana, a los jóvenes con contratos part-time de dos días y, lógicamente, a los que están cesantes. Lo mismo pasa cuando se apura el aumento del sueldo mínimo. Suena justo, pero para el dueño de un almacén de barrio, una panadería o una pequeña PYME, pagar esa planilla es un tremendo apriete de zapato. Al final, como la plata no se multiplica mágicamente y se reducen sus ganancias legítimas para mantener el negocio a flote, el emprendedor termina despidiendo gente.

 Ahí es donde se entiende el tremendo fenómeno que pasó en las redes y en las urnas desde el Rechazo del Plebiscito en 2022. La clase política tradicional se quedó nocaut porque no entendió la rabia de la gente. El discurso de "cobrarle a los superricos" se derrumbó cuando el chileno de a pie se dio cuenta de que esa tremenda recaudación de impuestos no iba a parar a los consultorios, sino a pagarle sobresueldos a los apitutados políticos y a los amigos del presidente de turno. Por eso hoy tienen tanto arrastre las auditorías y esa promesa de mano dura con la economía y la seguridad, un estilo muy parecido al que se ve afuera con figuras como Donald Trump: una contrarrevolución total contra los discursos políticos de siempre. Después de tantos gobiernos de centro-izquierda desde que volvió la democracia con Patricio Aylwin, la gente sintió que votar por lo mismo era como ser un conejillo de indias corriendo en una rueda de laboratorio: corres y corres, pero sigues encerrado en la misma jaula.

 Pongamos un caso real para ver si el Estado soluciona las cosas. Si se hubiera aprobado la Reforma Tributaria de la izquierda, ¿¡ Qué garantía tenía un chileno común de recibir ayuda !? Imaginemos a un hombre de clase baja, estrato D, de casi 40 años, soltero, que tiene la condición de Asperger, vive con sus papás y lleva siete años cesante a pesar de tener un título universitario. Para colmo, la universidad lo tiene ahogado cobrándole un crédito interno. Para la máquina del Estado, este vecino simplemente no existe, es invisible. Los recursos estatales siempre se van a proyectos masivos. Por ejemplo, en la Región del Biobío, una comuna como Chiguayante tiene casi 90 mil habitantes y no tiene un hospital propio; sus vecinos dependen totalmente de viajar a Concepción para atenderse. Es lógico que el Estado prefiera poner las fichas en construir ese hospital antes que en un plan especial para profesionales neurodivergentes sin pega. El problema es la soberbia de ciertos políticos de izquierda que se llenan la boca hablando de empatía pero jamás crearon un salvavidas para este tipo de cesantía, probablemente para no pelear con los empresarios que los acusarían de flojos.

Por eso da tanta rabia cuando algunos intelectuales universitarios o activistas de izquierda insultan por internet al vecino común tratándolo de "facho pobre" solo porque vota distinto. Esa elite no mira la calle. Deberían darse una vuelta por Cuba, donde el mismo partido lleva casi 70 años gobernando bajo el comunismo y el pueblo sufre las peores carencias de su historia.

El Chile real no está en las nubes de la ideología, está en el sacrificio diario. Se ve clarito cuando hay paros en la salud pública. Mientras los dirigentes se toman los hospitales con lienzos, el pueblo humilde tiene que rogar en silencio que se cumplan los turnos éticos. Estamos hablando de mamás y abuelitos que, con o sin paro, se tienen que levantar a las 4 de la mañana con el frío del alba para hacer fila afuera del consultorio. A las 6 AM la cola da la vuelta a la manzana y recién a las 7 AM empiezan a repartir las horas médicas para dos meses más. Si llegaste un minuto tarde, sonaste, perdiste el día y tienes que volver a pasar el mismo frío mañana. Lo mismo pasa con las tomas estudiantiles armadas por grupos politizados como la CONFECH, que al final no representan a los alumnos que de verdad quieren estudiar para salir adelante.

Un retrato perfecto de esto pasa en el centro de Concepción, en plena Plaza Independencia. A veces hay un grupo ruidoso de 30 o 40 activistas jóvenes tirando piedras y protestando contra Carabineros en medio de las lagrimógenas. Pero si uno mira los paseos peatonales de Barros Arana o Aníbal Pinto, ve la verdad: miles de peatones, trabajadores comunes y corrientes, pasando apurados de largo, esquivando el alboroto. Esa gente no está ni ahí con la revolución; están preocupados de alcanzar la micro, de llegar a la casa a ver a sus hijos, de hacer las compras del mes y de cuidar la pega. El ciudadano de a pie quedó huérfano: la izquierda le ofrece un Estado gigante que se gasta la plata en operadores políticos, y la derecha le promete una lluvia de empleo extranjero que exige un nivel de capacitación que nadie le va a dar. Al final del día, la calle sigue su rumbo y el pueblo se salva solo. Saque usted sus propias conclusiones.

sábado, 21 de marzo de 2026

Programación de partidos de LA COPA DE LA LIGA 2026. Equipos del Bio Bío #Fútbol

Al menos las tres primeras fechas, según publicaciones de medios oficiales                                       


El Martes 24 de Marzo
DEPORTES CONCEPCIÓN RECIBE A COLO COLO !! 



miércoles, 21 de enero de 2026

UN COMENTARIO DE VIDA: EL TOQUE DE QUEDA. Algunos desafían la autoridad, por pura "pillería"

¡ TÍPICO CHILENO !
Apenas empieza el Toque de Queda, hay algunos que aprovechan de visitar al primo
porque....juran que no les va a pasar nada. No se ven los camiones militares, durante
las primeras horas.
Y volvemos al mismo "leseo" de la pasada pandemia por COVID-19 (2020 - 2021) 


SEIS AÑOS DESPUÉS. 2026 

El resplandor de los incendios forestales en la Región del Biobío no solo ilumina la tragedia de miles de hectáreas consumidas, sino que también deja al descubierto una grieta cultural que parece incurable: la convicción de que la norma es opcional si no hay un uniforme al frente. Desde el pasado 18 de enero, comunas como Penco y Lirquén deberían estar bajo un silencio riguroso desde las 20:00 horas para facilitar el combate del fuego y las evacuaciones. Sin embargo, en la práctica, ese toque de queda es un fantasma que recién se materializa cerca de la medianoche, cuando por fin aparecen los camiones militares.

Resulta sorprendente que, ante una restricción que solo afecta la noche, muchas personas no prioricen sus actividades durante las horas de libertad y arriesguen su propia libertad personal por una salida innecesaria. En Penco, el flujo de autos se mantiene constante hasta cerca de las 23:30 horas. Es la pillería criolla en su máxima expresión: ese cálculo egoísta de quien circula confiado en que la demora logística de las fuerzas de seguridad le garantiza impunidad. No se trata de sapear ni de rendirle reverencias al fascismo; se trata de entender que la medida busca evitar que pirómanos entren a los bosques bajo el amparo de la oscuridad. El caso del sujeto sorprendido en el Fundo Coihueco, quien fue acorralado y ahora enfrenta una justa cadena perpetua, es un recordatorio de que la tragedia es real y aberrante.

Esta conducta de desafiar la ley nos devuelve a los vicios de la pandemia. En 2020, la respuesta policial ante denuncias era que, si no había flagrancia en la vía pública, no podían actuar. En esa letra chica de la ley, la propiedad privada protege a quien violó la norma segundos antes. También habían sospechas de un presunto "dateo" (de un carabinero "comprado" quien a escondidas llamaba o mandaba mensajes a un conductor infractor) o incluso de corrupción (Cuando en una cantidad de 5 cuadras no habían policías controlando, y eso era "chipe libre" para los infractores. "La ocasión hace al ladrón"). Al menos, en los tiempos del COVID-19.  

Entonces la historia nos enseña que nos cuesta entender por la buena. En marzo de 2020 se apeló a la voluntad y, ante el fracaso, se llegó al Estado de Excepción. Es el ciclo de aplicar la fuerza porque la razón no basta, lo que explica que, ante la inseguridad acumulada hasta diciembre de 2025, la ciudadanía terminara volcándose hacia la opción de José Antonio Kast en las últimas presidenciales buscando mano dura.                                                                                   

Lo interesante es que actos criminales como los incendios hoy generan una unidad inédita. Tanto el gobierno saliente de Gabriel Boric como el entrante de Kast coinciden en la severidad necesaria, rompiendo finalmente los complejos heredados de la dictadura. Es un giro histórico notable si recordamos que en el terremoto de 2010, el gobierno de Michelle Bachelet tardó en aplicar el Estado de Excepción por el trauma de revivir imágenes militares, siendo esa la primera vez que se usaba el toque de queda desde que Patricio Aylwin asumiera en 1990.

Las personas que tengan pendiente buscar un encargo, visitar a un familiar o simplemente tomar aire, deben entender que hay momentos de libertad de sobra durante el día. ¿Por qué esperar al momento del toque de queda para hacer sus cosas? La invitación es a reprogramarse y hacer todo lo necesario mientras la autoridad lo permite. Esta medida no durará para siempre; en algún momento se levantará. Si la pillería sigue ganándole a la ley por falta de patrullaje temprano, el contrato social se rompe. En tiempos de catástrofe, la responsabilidad es el deber mínimo; de lo contrario, la sociedad seguirá aceptando, por puro cansancio, que el orden se imponga por la razón o la fuerza.