martes, 24 de febrero de 2026

El refugio fortificado: cómo recuperar la paz en los barrios de hoy

Las CASAS-PASILLO (Mientras más adentro, más protegido y menos ruido) 

La mayor dicha para un trabajador chileno, después de cumplir con una jornada intensa, es ese momento sagrado en que por fin puede cerrar la puerta y transformarse en el dueño de su propio espacio. Tras horas de esfuerzo, el anhelo es simple: llegar a ese lugar seguro para bañarse, estirarse en la cama, ver algo en la tele o comer tranquilo. Sin embargo, ese trayecto de vuelta suele ser una verdadera carrera de obstáculos emocionales, especialmente para quienes dependen del paradero de buses o deben padecer el taco interminable de la Ruta 160 hacia Coronel. Al llegar al barrio en plena hora punta, uno siente que debe activar una serie de anticuerpos mentales para no perder los estribos, conteniendo las ganas de respirar profundo hasta no estar bien adentro de la casa, lejos de ese entorno que se siente cada vez más invasivo y ruidoso.

Hay barrios SIN PAUSA
Ni siquiera en los fines de semana
Es cierto que no todos los barrios del Gran Concepción vibran al mismo ritmo y sería poco riguroso decir que toda la zona es un caos de ruidos hasta la madrugada, ya que cada sector tiene su propia maña. Puede que tú llegues a tu casa tipo siete u ocho de la tarde, quizás después de hacer unas compras o un "happy hour" con los colegas, pero afuera la ciudad no se apaga. Si vives frente al recorrido de las micros, tendrás que lidiar con el siseo de los frenos de aire hasta casi la una de la mañana, sumado al ruido del vecino que calienta el motor del camión o a las visitas que se estacionan justo afuera de tu ventana. El silencio absoluto es hoy un privilegio de pocos que recién aparece cerca de las dos y media de la mañana (2:30 AM), cuando la mayoría ya duerme por obligación para rendir al día siguiente, dejando esa calma profunda como un regalo fugaz que solo disfrutan quienes no tienen que madrugar.

La geografía del ruido en nuestra región es variada y compleja, pues mientras la Avenida Chacabuco es un torbellino en la semana pero regala domingos silenciosos, otros sectores como Lagunillas en Coronel o Forjadores en Penco son el ejemplo de la invasión automotriz constante. Hay lugares que son verdaderos oasis, como Rafael en Tomé, la aislada Punta Lavapié o el sector rural de Alto Peñaflor, donde la noche realmente es noche. Pero en la mayoría de nuestras poblaciones, como el Cerro Alegre o Vegas de Perales, el descanso se disputa con el "carrete" del fin de semana, los gritos en la cantina o las conversaciones de los hermanitos de la iglesia que esperan la micro. Incluso en Bellavista de Tomé conviven tres realidades: el turismo invasivo de la playa, la vida consolidada del barrio obrero y la paz natural del parque Los Tilos, demostrando que vivir tranquilo parece casi imposible si la arquitectura no ayuda.

Bien. ¡Aquí! es donde aparece una solución que todavía resiste en la calle Manuel Montt del barrio California en Tomé, con casas de mediados del siglo veinte que funcionan como verdaderos refugios fortificados. Estas viviendas pasillo imponen condiciones específicas para proteger al morador; tienen una fachada angosta de hormigón sin antejardín y ventanales puestos a una altura justa para que el peatón no pueda sapearte ni grabarte con el celular. El living queda casi de adorno en la entrada para recibir visitas puntuales o gente con la que no tienes mayor vínculo, funcionando como una primera barrera contra el ruido. Al avanzar por el pasillo, uno deja atrás el estrés y entra en un tramo oscuro donde los dormitorios están totalmente aislados de la calle, permitiendo un sueño profundo. Más adelante, el pasillo se ilumina con tragaluces y se ensancha para dar paso al baño y la bodega, terminando en una cocina y comedor amplios donde por fin puedes comer y compartir sin sentirte observado por nadie. 

¡Bien!

Esta genialidad arquitectónica se completa con un patio interior amurallado que suele tener una segunda salida hacia una calle trasera mucho menos transitada. Esta doble cara permite que el trabajador use la puerta principal para salir a la civilización y tomar la micro, pero guarde su vehículo o reciba a sus amigos por el portón trasero en un entorno de total calma. 


BONUS TRACK

¿Es posible agregar luz natural y ventilación a los dormitorios, aun manteniendo el aislamiento? ¡Por supuesto que sí! Aunque eso implique modificar el diseño original de las viviendas ya mencionadas del sector California de Tomé. Y todo esto pensando también en el derecho a una vida más colorida o alegre. ¡Vean! Los dormitorios pueden tener una ventana que da hacia un callejón privado que pasa por al lado de esta casa. Al frente de las ventanas que aquí te proponemos están los muros de hormigón de las casas vecinas, que no tendrán ventanas apuntando a tu propiedad (Los vecinos jamás te verán, y tu tampoco los verás a ellos, si ellos quisieran poner música adentro de su casa no los vas a sentir porque el hormigón que los divide será muy grueso). Entonces tu auto entraría por un pasajito (o una callecita angosta) al lado de la fachada que sería la entrada de tu casa, y el callejón da hacia tu patio trasero donde estacionarás o guardarás tu auto (como también los vehículos de las visitas que tu quieras recibir). 

También puedes, si quieres, instalar ventanas que se abran de tu dormitorio hacia el pasillo (Con el fin de ventilar la pieza). Aunque el lado izquierdo del pasillo mantendrá el rango de sector protegido, o mejor dicho como tu refugio aislado del ruido. En caso que una empresa inmobiliaria quisiera aceptar esta nueva propuesta de vivienda anti-ruido, las casas pareadas podrían tener diseño similar una con otra. Entras a la casa, verás que el lado izquierdo del pasillo no tiene ventana ¿cierto?, pero los dormitorios igual pueden perfectamente ventilarse con las ventanas abiertas y por supuesto sin ser observado por nadie que pase por la calle, porque el callejón también sería parte de tu propiedad privada. 

¿Cómo te quedó el ojo? 


Sólo para concluir. 

En pleno 2026, con la dependencia total del teléfono móvil y la crisis de salud mental que genera el sentirse invadido, no es cómodo vivir con ventanales pegados a la vereda exponiendo la privacidad. Por eso, ante el crecimiento de la población y el agobio de los ruidos móviles que nadie controla, los urbanistas deben volver a pensar en diseños que prioricen el refugio. Necesitamos casas que entiendan que, tras el ajetreo diario, el hogar debe ser una trinchera de silencio donde uno pueda, simplemente, volver a ser uno mismo.  



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