UN MECANISMO QUE FUNCIONA.
Este texto no cuenta con auspicios de ningún lado. Sólo se redacta para pasar el dato a quienes leen y visitan este blog, con motivos netamente altruistas (solidarios).
Durante décadas, desde el retorno a la democracia en 1990 y hasta bien entrado el año 2026, los chilenos nos acostumbramos a un Estado que basaba gran parte de su tracción en programas sociales y una constante entrega de bonos. Esta lógica, que tuvo su época dorada desde el segundo gobierno de Michelle Bachelet y se extendió con fuerza en la administración de Gabriel Boric, siempre dejó una sensación agridulce en la calle.
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| Entre la espada y la pared |
Si bien los sectores más vulnerables recibieron ayuda, el sistema siempre estuvo lleno de trabas, letras chicas y trámites engorrosos. Un ejemplo claro ocurre con la Pensión de Invalidez, donde tener la credencial de discapacidad no basta; si alguien está dentro del espectro autista, las AFP le exigen un nivel de incapacidad cognitiva altísimo para soltar una pensión justa que compense la falta de empleo. Al final, mucha gente quedó en tierra de nadie por no encajar en los puntajes del Registro Social de Hogares o porque el mismo sistema los bloqueaba. En este escenario, la clase media emergente siempre se ha llevado la peor parte en comparación con los estratos más populares. Se aplican criterios insólitos para medir la vulnerabilidad, como el tamaño de la vivienda o la cantidad de televisores que hay en la casa, ignorando por completo que las familias de los barrios trabajadores están sobreendeudadas. Para empeorar las cosas, muchos de los jóvenes y profesionales con estudios universitarios que votaron con esperanza en las presidenciales de 2021 terminaron chocando de frente con la cruda realidad de la cesantía ilustrada. Esta paradoja, donde los reclutadores exigen años de experiencia a quienes recién se titulan, fue completamente ignorada por la izquierda tradicional; ni si quiera Jeannette Jara lo expuso en su agenda de trabajo. En la pasada campaña de 2025, el único que hizo una mención a este drama fue el independiente Harold Mayne-Nicholls. Por el otro lado, figuras como Johannes Kaiser, José Antonio Kast y Evelyn Matthei se han centrado en la promesa del pleno empleo a través de la rebaja de impuestos a las empresas y el freno al sueldo mínimo para no dañar a las PYMES, bajo la premisa de que la reactivación económica debe venir exclusivamente del sector privado.
Hoy, en mayo de 2026, bajo el actual gobierno de Kast, los profesionales titulados parecen ser los menos nombrados en los planes políticos, justo cuando el costo de la vida está por las nubes, se aplican recortes fiscales muy impopulares y se vive el cierre de varias empresas. Es aquí donde el fenómeno de las plataformas de encuestas cobra un sentido completamente distinto, convirtiéndose en un salvavidas para un sector de la población que no es prioridad para el Estado. Hablamos de adultos jóvenes de entre 25 y 40 años, solteros, que viven con sus padres en las comunas periféricas de nuestra gran capital regional y que enfrentan dificultades tremendas para encontrar trabajo; tanto así, que los rechazan hasta para limpiar pasillos en un mall por estar sobrecalificados. Son personas que no pueden recibir ayuda en la DIDECO de su municipalidad porque en su primer empleo no alcanzaron a cumplir los doce meses consecutivos, o que asisten a las ferias laborales de su comuna para descubrir que las pocas empresas que buscan personal no necesitan profesionales cesantes. Es una vulnerabilidad invisible que traspasa las clases sociales, porque hoy puedes ver a alguien en el sector oriente de Santiago sufriendo las mismas carencias, pasando desapercibido solo por usar ropa de marca comprada hace diez años. Incluso golpea a quienes tienen condiciones de salud leves o problemas psicológicos, pero que para el Senadis son demasiado capaces para otorgarles una credencial, mientras que en el mercado laboral los consideran demasiado torpes para tareas básicas. A toda esa gente, el Estado simplemente le dice que se las arregle sola como si fuera fácil.
Para este grupo de chilenos que la burocracia tramita sin piedad, existe una alternativa digital que, de manera silenciosa, sí da resultados, y nos referimos al panel de encuestas Co-Menta, que está directamente vinculado con los estudios de audiencias del canal Mega. Muchos recordarán el verano de 2025, cuando la señal televisiva promocionaba en sus tandas comerciales esta plataforma. El mecanismo es sencillo; te registras en su web dejando tus datos básicos y te empieza a llegar un promedio de una encuesta al mes a tu correo electrónico. A medida que respondes, vas acumulando puntos de forma transparente. Para canjear la Gift Card de supermercado más accesible, que es de cinco mil pesos, se requiere un promedio de dieciséis meses de participación constante y leal para juntar los cinco mil puntos necesarios. Si apuntas a una de diez mil pesos, el esfuerzo puede tomar hasta dos años. La gran ventaja de este sistema es que, a diferencia de los programas de puntos tradicionales del retail, aquí no necesitas gastar ni un solo peso de tu bolsillo para empezar a acumular, rompiendo esa lógica comercial donde primero debes comprar para recibir un beneficio.
Mientras abres tu correo cada mañana con la ilusión de ver una citación a una entrevista de trabajo, lo que encuentras es la notificación de una nueva encuesta de Co-Menta. En un entorno digital dominado por discursos monótonos, algoritmos cerrados y el bombardeo político de plataformas como X, donde nadie escucha al ciudadano común y abundan los panfletos, este espacio se vuelve extrañamente atractivo. Aunque la mayoría de las preguntas son cerradas y de alternativas, de vez en cuando abren ventanas para que dejes tus sugerencias e ideas sobre la televisión chilena. Te permiten desahogarte y jugar a proponer, por ejemplo, una parrilla ficticia para el Festival de Viña 2027. Si bien la plataforma nunca publica los resultados de sus sondeos en un documento PDF para ver las tendencias del Chile real, se entiende perfectamente que el canal Mega utiliza este muestreo para moldear sus contenidos según las necesidades de los hogares. Y les ha funcionado muy bien, consolidándose como el canal más visto de la televisión abierta entre 2024 y 2026 gracias a programas diseñados a la medida de la audiencia, como los regresos de Detrás del muro los viernes por la noche o Dale Play en las tardes de la semana.
Cumplir con el proceso requiere paciencia, especialmente cuando debes tolerar los reproches de tus padres, quienes a menudo no comprenden que tus esfuerzos en redes sociales como creador de contenido son una apuesta desesperada para que algún empresario o filántropo note tu talento, algo que rara vez ocurre cuando llevas siete años sin ejercer tu profesión. El proceso de canje se gestiona a través del enlace apprecio.cl, al cual te deriva la misma plataforma. Un buen consejo para quienes tengan problemas con su clave en los primeros intentos es escribir directamente al correo del "webmaster", ya que el soporte técnico responde de manera efectiva y genera confianza para solucionar cualquier inconveniente con tus datos. Una vez dentro de la página, eliges la opción de la Gift Card de Santa Isabel por cinco mil pesos, confirmas la operación y se descarga un archivo PDF en tu computador o teléfono. Este documento tiene una vigencia generosa de ocho a diez meses, lo que te da tiempo de sobra para planificar su uso en las compras diarias.
Para utilizarla, vas al supermercado Santa Isabel más cercano, seleccionas tus productos de forma normal y, al llegar a la caja, le avisas al personal que pagarás con este beneficio.
Es fundamental llevar la cédula de identidad en mano y mostrar el archivo desde el celular para que puedan ingresar el código que aparece en la segunda página del documento. Al finalizar, te entregan una boleta tradicional de igual a igual y te llevas la mercadería sin haber gastado dinero en efectivo. A nivel local, la cadena Santa Isabel cuenta con una presencia importante en la Región del Biobío, con sucursales en Concepción, Talcahuano y Los Ángeles, que son las comunas más pobladas, además de dos locales en Chiguayante, dos en San Pedro de la Paz, uno en Coronel y uno en Mulchén, siendo esta última la localidad más pequeña en contar con una sucursal propia. Quienes viven en comunas como Tomé, Penco, Lota o Hualqui no tienen un Santa Isabel en su territorio, pero al formar parte del Gran Concepción suelen trasladarse constantemente a la capital regional por estudios o trámites. Lo mismo ocurre con los habitantes de Cabrero, Laja, Huépil, Quilleco, Santa Bárbara o Negrete, quienes resuelven sus compras viajando a Los Ángeles o Mulchén. El panorama es mucho más complejo para la Provincia de Arauco, que no cuenta con ningún supermercado de esta cadena, obligando a traslados largos de más de una hora hacia Coronel que no siempre se justifican económicamente. De igual forma, en las zonas precordilleranas como Antuco o Alto Biobío, el uso de este beneficio queda relegado a las ocasiones en que se debe asistir a una cita médica en el hospital de Los Ángeles y se aprovecha de pasar al supermercado.
Si pudiéramos proponer cambios a este sistema de encuestas para que rinda mejor, sería ideal que los gestores de Santiago abrieran convenios con la cadena Walmart, especialmente con la bodega A-Cuenta, no tanto para expandir el servicio a comunas rurales, sino para que el dinero alcance para marcas tradicionales como el café común. También sería una excelente medida implementar tarjetas de menor valor, entre dos mil y cuatro mil pesos, orientadas exclusivamente a útiles escolares o de aseo en librerías nacionales como Lápiz López o cadenas regionales como Giorgio, aunque se entiende que para una administración centralizada es difícil coordinar con negocios locales del Biobío o comunas alejadas como Tirúa.


















































