viernes, 29 de mayo de 2026

UNA AYUDA CONCRETA ($), MIENTRAS EL ESTADO NI SIQUIERA TE MENCIONA: Las "Gift cards" de Co-Menta traen esperanza al joven cesante.

UN MECANISMO QUE FUNCIONA.

 Regístrate gratis en co-menta.cl y acumula puntos sin gastar un solo peso: respondes una  encuesta mensual en tu correo y ganas sin la obligación del retail tradicional, donde siempre te exigen comprar primero para premiarte. 

Este texto no cuenta con auspicios de ningún lado. Sólo se redacta para pasar el dato a quienes leen y visitan este blog, con motivos netamente altruistas (solidarios).              


Durante décadas, desde el retorno a la democracia en 1990 y hasta bien entrado el año 2026, los chilenos nos acostumbramos a un Estado que basaba gran parte de su tracción en programas sociales y una constante entrega de bonos. Esta lógica, que tuvo su época dorada desde el segundo gobierno de Michelle Bachelet y se extendió con fuerza en la administración de Gabriel Boric, siempre dejó una sensación agridulce en la calle.    


Entre la espada y la pared 


Si bien los sectores más vulnerables recibieron ayuda, el sistema siempre estuvo lleno de trabas, letras chicas y trámites engorrosos. Un ejemplo claro ocurre con la Pensión de Invalidez, donde tener la credencial de discapacidad no basta; si alguien está dentro del espectro autista, las AFP le exigen un nivel de incapacidad cognitiva altísimo para soltar una pensión justa que compense la falta de empleo. Al final, mucha gente quedó en tierra de nadie por no encajar en los puntajes del Registro Social de Hogares o porque el mismo sistema los bloqueaba. En este escenario, la clase media emergente siempre se ha llevado la peor parte en comparación con los estratos más populares. Se aplican criterios insólitos para medir la vulnerabilidad, como el tamaño de la vivienda o la cantidad de televisores que hay en la casa, ignorando por completo que las familias de los barrios trabajadores están sobreendeudadas. Para empeorar las cosas, muchos de los jóvenes y profesionales con estudios universitarios que votaron con esperanza en las presidenciales de 2021 terminaron chocando de frente con la cruda realidad de la cesantía ilustrada. Esta paradoja, donde los reclutadores exigen años de experiencia a quienes recién se titulan, fue completamente ignorada por la izquierda tradicional; ni si quiera Jeannette Jara lo expuso en su agenda de trabajo. En la pasada campaña de 2025, el único que hizo una mención a este drama fue el independiente Harold Mayne-Nicholls. Por el otro lado, figuras como Johannes Kaiser, José Antonio Kast y Evelyn Matthei se han centrado en la promesa del pleno empleo a través de la rebaja de impuestos a las empresas y el freno al sueldo mínimo para no dañar a las PYMES, bajo la premisa de que la reactivación económica debe venir exclusivamente del sector privado.  



Hoy, en mayo de 2026, bajo el actual gobierno de Kast, los profesionales titulados parecen ser los menos nombrados en los planes políticos, justo cuando el costo de la vida está por las nubes, se aplican recortes fiscales muy impopulares y se vive el cierre de varias empresas. Es aquí donde el fenómeno de las plataformas de encuestas cobra un sentido completamente distinto, convirtiéndose en un salvavidas para un sector de la población que no es prioridad para el Estado. Hablamos de adultos jóvenes de entre 25 y 40 años, solteros, que viven con sus padres en las comunas periféricas de nuestra gran capital regional y que enfrentan dificultades tremendas para encontrar trabajo; tanto así, que los rechazan hasta para limpiar pasillos en un mall por estar sobrecalificados. Son personas que no pueden recibir ayuda en la DIDECO de su municipalidad porque en su primer empleo no alcanzaron a cumplir los doce meses consecutivos, o que asisten a las ferias laborales de su comuna para descubrir que las pocas empresas que buscan personal no necesitan profesionales cesantes. Es una vulnerabilidad invisible que traspasa las clases sociales, porque hoy puedes ver a alguien en el sector oriente de Santiago sufriendo las mismas carencias, pasando desapercibido solo por usar ropa de marca comprada hace diez años. Incluso golpea a quienes tienen condiciones de salud leves o problemas psicológicos, pero que para el Senadis son demasiado capaces para otorgarles una credencial, mientras que en el mercado laboral los consideran demasiado torpes para tareas básicas. A toda esa gente, el Estado simplemente le dice que se las arregle sola como si fuera fácil.  




 Para este grupo de chilenos que la burocracia tramita sin piedad, existe una alternativa digital que, de manera silenciosa, sí da resultados, y nos referimos al panel de encuestas Co-Menta, que está directamente vinculado con los estudios de audiencias del canal Mega. Muchos recordarán el verano de 2025, cuando la señal televisiva promocionaba en sus tandas comerciales esta plataforma.  El mecanismo es sencillo; te registras en su web dejando tus datos básicos y te empieza a llegar un promedio de una encuesta al mes a tu correo electrónico. A medida que respondes, vas acumulando puntos de forma transparente. Para canjear la Gift Card de supermercado más accesible, que es de cinco mil pesos, se requiere un promedio de dieciséis meses de participación constante y leal para juntar los cinco mil puntos necesarios. Si apuntas a una de diez mil pesos, el esfuerzo puede tomar hasta dos años. La gran ventaja de este sistema es que, a diferencia de los programas de puntos tradicionales del retail, aquí no necesitas gastar ni un solo peso de tu bolsillo para empezar a acumular, rompiendo esa lógica comercial donde primero debes comprar para recibir un beneficio.               









 Mientras abres tu correo cada mañana con la ilusión de ver una citación a una entrevista de trabajo, lo que encuentras es la notificación de una nueva encuesta de Co-Menta. En un entorno digital dominado por discursos monótonos, algoritmos cerrados y el bombardeo político de plataformas como X, donde nadie escucha al ciudadano común y abundan los panfletos, este espacio se vuelve extrañamente atractivo. Aunque la mayoría de las preguntas son cerradas y de alternativas, de vez en cuando abren ventanas para que dejes tus sugerencias e ideas sobre la televisión chilena. Te permiten desahogarte y jugar a proponer, por ejemplo, una parrilla ficticia para el Festival de Viña 2027. Si bien la plataforma nunca publica los resultados de sus sondeos en un documento PDF para ver las tendencias del Chile real, se entiende perfectamente que el canal Mega utiliza este muestreo para moldear sus contenidos según las necesidades de los hogares. Y les ha funcionado muy bien, consolidándose como el canal más visto de la televisión abierta entre 2024 y 2026 gracias a programas diseñados a la medida de la audiencia, como los regresos de Detrás del muro los viernes por la noche o Dale Play en las tardes de la semana.              






 Cumplir con el proceso requiere paciencia, especialmente cuando debes tolerar los reproches de tus padres, quienes a menudo no comprenden que tus esfuerzos en redes sociales como creador de contenido son una apuesta desesperada para que algún empresario o filántropo note tu talento, algo que rara vez ocurre cuando llevas siete años sin ejercer tu profesión. El proceso de canje se gestiona a través del enlace apprecio.cl, al cual te deriva la misma plataforma. Un buen consejo para quienes tengan problemas con su clave en los primeros intentos es escribir directamente al correo del "webmaster", ya que el soporte técnico responde de manera efectiva y genera confianza para solucionar cualquier inconveniente con tus datos. Una vez dentro de la página, eliges la opción de la Gift Card de Santa Isabel por cinco mil pesos, confirmas la operación y se descarga un archivo PDF en tu computador o teléfono. Este documento tiene una vigencia generosa de ocho a diez meses, lo que te da tiempo de sobra para planificar su uso en las compras diarias.      



Para utilizarla, vas al supermercado Santa Isabel más cercano, seleccionas tus productos de forma normal y, al llegar a la caja, le avisas al personal que pagarás con este beneficio. 


Es fundamental llevar la cédula de identidad en mano y mostrar el archivo desde el celular para que puedan ingresar el código que aparece en la segunda página del documento. Al finalizar, te entregan una boleta tradicional de igual a igual y te llevas la mercadería sin haber gastado dinero en efectivo. A nivel local, la cadena Santa Isabel cuenta con una presencia importante en la Región del Biobío, con sucursales en Concepción, Talcahuano y Los Ángeles, que son las comunas más pobladas, además de dos locales en Chiguayante, dos en San Pedro de la Paz, uno en Coronel y uno en Mulchén, siendo esta última la localidad más pequeña en contar con una sucursal propia. Quienes viven en comunas como Tomé, Penco, Lota o Hualqui no tienen un Santa Isabel en su territorio, pero al formar parte del Gran Concepción suelen trasladarse constantemente a la capital regional por estudios o trámites. Lo mismo ocurre con los habitantes de Cabrero, Laja, Huépil, Quilleco, Santa Bárbara o Negrete, quienes resuelven sus compras viajando a Los Ángeles o Mulchén. El panorama es mucho más complejo para la Provincia de Arauco, que no cuenta con ningún supermercado de esta cadena, obligando a traslados largos de más de una hora hacia Coronel que no siempre se justifican económicamente. De igual forma, en las zonas precordilleranas como Antuco o Alto Biobío, el uso de este beneficio queda relegado a las ocasiones en que se debe asistir a una cita médica en el hospital de Los Ángeles y se aprovecha de pasar al supermercado.                                                                                                                    




Mirando la realidad del alto costo de la vida, recibir una ayuda de cinco mil pesos se agradece profundamente, pero también expone las contradicciones del mercado actual. Con las medidas de austeridad del gobierno actual, los precios han subido notablemente en los últimos meses. Cadenas más económicas como Walmart, a través de Lider y la bodega A-Cuenta, suelen mantener precios congelados en productos básicos, pero no tienen convenios con este panel de encuestas. En Santa Isabel las alzas se notan con fuerza. Si intentas usar tu Gift Card para comprar un tarro de café Dolca tradicional, te darás cuenta de que bordea los seis mil pesos, superando el saldo de tu tarjeta. Al final, el sistema te empuja indirectamente a consumir su marca propia, Cuisine & Co, que es la única opción de café de ciento cincuenta gramos que se mantiene bajo el límite de las cinco lucas. Al revisar el detalle de la boleta de este café Cuisine & Co, se revela el verdadero peso de la economía actual; el precio neto del producto es de tres mil setecientos treinta y un pesos, pero al sumarle el diecinueve por ciento del IVA, que equivale a setecientos nueve pesos, el valor final en el pasillo llega a los cuatro mil cuatrocientos cuarenta pesos. Con los quinientos sesenta pesos que te quedan de vuelto en la tarjeta, apenas te alcanza para comprar dos panes hallulla en la panadería del local. Es poco, pero en tiempos donde nadie te regala nada, se convierte en un respiro. Pensándolo bien, aquella vieja demanda de los vecinos de Penco o Tomé para que Cencosud instalara locales en sus playas hoy se ve con otros ojos, ya que el comercio local o las ferias libres de esos barrios terminan ofreciendo mejores precios que las grandes cadenas de Santiago. 



Esta situación con los precios y las restricciones evoca inmediatamente lo que ocurría en la década pasada con la Beca de Alimentación Junaeb de los estudiantes universitarios, muchos de los cuales pertenecen hoy a este mismo rango de adultos jóvenes desempleados que aún se sienten jóvenes por un rollo generacional. Entre 2006 y 2010, los supermercados eran sumamente estrictos y solo permitían la compra de platos preparados. A partir de 2011, la normativa se flexibilizó y permitió comprar cualquier alimento para pasar el hambre de las largas jornadas de estudio, excluyendo estrictamente el alcohol y los cigarrillos, aunque permitiendo productos como las de tipo energética por ser consideradas bebidas gaseosas comunes. En las grandes urbes, las alternativas abundaban entre Unimarc, Santa Isabel, Jumbo o Versluys. En Tomé podías usarla desde la plaza hasta los locales de la Playa El Morro para comer un churrasco italiano, mientras que en Penco los dueños de los restaurantes locales eran más reacios a integrarse al sistema de la tarjeta, dejando al Unimarc como la única opción disponible de la comuna. En comunas como Florida o Santa Juana, la falta de locales adheridos siempre fue un problema básico. Incluso el supermercado Versluys, conocido en el Gran Concepción por un perfil más pituco, aceptaba este beneficio desde 2006, pero sus precios elevados y productos engañosos, como tortas que eran pura crema y azúcar sobre un molde pequeño, hacían que el saldo se esfumara en compras poco convenientes.                                                                                                                        


Si pudiéramos proponer cambios a este sistema de encuestas para que rinda mejor, sería ideal que los gestores de Santiago abrieran convenios con la cadena Walmart, especialmente con la bodega A-Cuenta, no tanto para expandir el servicio a comunas rurales, sino para que el dinero alcance para marcas tradicionales como el café común. También sería una excelente medida implementar tarjetas de menor valor, entre dos mil y cuatro mil pesos, orientadas exclusivamente a útiles escolares o de aseo en librerías nacionales como Lápiz López o cadenas regionales como Giorgio, aunque se entiende que para una administración centralizada es difícil coordinar con negocios locales del Biobío o comunas alejadas como Tirúa.                                                                                    




En definitiva, estas opciones digitales terminan haciendo de forma gratuita el trabajo que los programas del Estado abandonaron. El sistema asume de forma muy fría que una persona de treinta y ocho años, soltera y que vive de allegada donde sus padres, tiene la capacidad de sostenerse sola por el simple hecho de tener un título profesional en la pared. Es el reflejo de la generación que ingresó a la educación superior a partir de 2005, financiando sus carreras con el Crédito del Fondo Solidario mucho antes de que existiera la gratuidad actual. Estudiaron en aquellas instituciones privadas o católicas que en el barrio llamaban la universidad de los pobres, donde jóvenes de sectores periféricos o comunas semi-rurales salieron de liceos municipales y se sacrificaron por años, para terminar hoy revisando el correo electrónico de madrugada, esperando un empleo que no llega. Lo rescatable es que esta Gift Card se alza como una ayuda real para todos, sin importar tu estrato socioeconómico, escolaridad, lugar de residencia o si figuras en el Registro Social de Hogares. Incluso si vives en un barrio con portones y guardias y el Estado te considera acomodado, puedes usarla. Es una iniciativa que nace desde el sector privado con fines de marketing para medir audiencias, pero que en la práctica le tiende la mano al profesional cesante que no tiene pitutos ni contactos, entregando un pequeño alivio económico en tiempos donde cada peso cuento ($).                                                                                       
    

Más artículos




jueves, 28 de mayo de 2026

Relato: Querella por calumnias

Apenas la policía llega a la cada del periodista acusado, éste NO PONE
NINGUNA RESISTENCIA. ¿Acaso defenderá su investigación? 
En un momento cualquiera, una publicación se divulgó por Redes Sociales donde el periodista a cargo de la nota involucra a un empresario como presunto involucrado en un caso de mercado negro. Eso generó una reacción inmediata en el aludido quien no dudó ni un segundo en tomar acciones legales. 

Así fue como el empresario fue al Tribunal de Garantía para interponer una querella por injurias y calumnias, en contra del periodista quien redactó la nota por las Redes Sociales. 

Días después la policía da con el domicilio del acusado. Se bajan del radiopatrullas y golpean la puerta. 

El periodista, quien vive en dicha casa, no dudó ni un minuto en abrir la puerta. ¿Está muy seguro y confiado de su publicación? Veamos como se defiende.  


Periodista (Abriendo la puerta de su casa)- ¿Si? ¿Buenos días?

Uno de los policías:- Buenos días, ¿Don Sergio Lama? 


Periodista:- Si, con el. ¿Ocurre algo? 

Policía:- Si estimado, temo que va a tener que acompañarnos al cuartel. Usted cuenta con una querella por injurias y calumnias, de parte del empresario a quien acusa por un caso de mercado negro.                                                                                                          


Periodista:- Si, no hay problema. Voy con ustedes. 

Policía:- ¿Cómo? ¿Nos va a acompañar?


Periodista:- Claro, no hay problema 

Policía:- Ya veo, va a dar su versión y sigue confiado en que el demandante de este juicio está involucrado en el delito al que lo acusa  


Periodista:- No necesariamente, es para darle un giro a mi carrera profesional 

Policía:- Ya, pero amigo, para hacer eso deberá pedir disculpas públicas al empresario a quien está acusando. Usted arriesga penas en la carcel                                                   


Periodista:- Y es por eso mismo que voy a poner fin a una etapa, tras las rejas 

Policía:- ¿Cómo? ¿Quiere ir a la carcel?                                                                                 


Periodista:- Si el empresario no quiere que lo involucren en el mercado negro, ¡por mí está bien! ¡Mire! Yo pasando unos años adentro en la penitenciaría, podré encontrar nuevas historias y temas que me ayudarán en futuros reportajes que yo haga, apenas salga en libertad eso si. Siempre tuve curiosidad de saber como es la cárcel, y mucha gente consulta sobre eso en Tik Tok, ¡¡SERÁ UNA INTERESANTE CRÓNICA!! Así que espóseme, ¡vamos!  

Policía:- ¿Y si eso le mancha su hoja de vida? Con antecedentes no encontrará empleo ni para limpiador de baños                                                                                                   


Periodista:- Viejo, estuve cesante 7 años, ¿¡ un cambio mas...un cambio menos !? La hoja de vida no me impedirá crear un nuevo blog desde mi casa. Gano seguidores, y hasta me invitan pa' la tele ¡Tranki!  

miércoles, 27 de mayo de 2026

En X no hay dialogo, tampoco hay comunidad ni conversación. Sólo hay confrontaciones ideológicas (Con discursos repetidos, y "panfletos" de propaganda). Todo esto a propósito del uso que le damos a la plataforma que alguna vez se llamó "Twitter" EN LOS ÚLTIMOS 6 AÑOS (2020 - 2026)

En X no se debate, no se conversa

no se discuten las ideas, ni mucho menos se dialoga

En esta plataforma digital hay "discursos repetidos"
y "panfletos de propaganda".
No hay retroalimentación, no hay comunidad, no hay información

Lo que más se habla aquí ES DE POLÍTICA 




Relato: OSO

ATENCIÓN CHIGUAYANTE. Un oso anda rondando las calles
del sector VALLE LA PIEDRA !!
Eran las 19 horas de un dia laboral, cuando muchas personas salían de su trabajo en el centro de la ciudad. De repente, cerca del paradero de buses, un oso pardo caminaba por la vereda y luego se acercaba al grupo de personas. El oso se detuvo, mientras en la calle la micro aun no llegaba. 

Luego la micro llegaba al paradero, apenas se detuvo en la calzada abría la puerta. La gente se subía al bus, y el oso en dos patadas se ubicaba detrás de una mujer en la fila. 

La gente se subía a la micro, y el oso también entraba a la micro.

Cuando la señorita pagaba su pasaje, el oso subía hasta el asiento del conductor. El chofer lo miraba con susto, Y EL OSO LE PASÓ UNA MONEDA DE $500.

Chofer (Le habla al oso):- Subió a $600 el pasaje amigo-

El oso no tuvo problemas para agregarle a su mano peluda $100 más. Ahora tenía una de 500 y otra de "gamba", tiene $600.

El oso pagó el pasaje, el chofer le pasó la boleta y el oso caminaba hacia su asiento. 

La micro iba casi llena, hasta que en uno de los asientos de atrás, un hombre se le veía sentado en el lado del pasillo mientras que el asiento de al lado (pegado a la ventana) iba desocupado. El oso le tocó el hombro al hombre, con su mano le indicó el asiento de al lado, el joven se para de su asiento Y LE DA EL PASE PARA QUE EL OSITO SE SIENTE EN EL ASIENTO DE LA VENTANA. 

Esto pasó en el paradero de los Tribunales de Concepción (O'Higgins con Castellón), y la micro iba con recorrido a CHIGUAYANTE. 


MINUTOS DESPUÉS 

La micro ya iba llegando a Chiguayante

A pocos minutos de que el taxibus llegue al VALLE LA PIEDRA, que es uno de los barrios mas periféricos de la comuna chiguayantina, el oso quería bajarse de la micro y justo al lado el joven se había quedado dormido en el asiento. Entonces, el animal peludo le toca el hombro al joven, éste último despierta y se vuelve a parar de su asiento para que el oso se pare y se baje. El oso se fue del asiento, y caminó hacia la puerta de atrás, con una de sus manos tocó el timbre y el chofer paró la máquina. El oso bajó por los peldaños hacia la vereda, luego la micro se va y el animal en plena calle va camino a una casa. 

El oso camina por las veredas de la pobla hasta dar con el portón metálico de una casa, saca de un rincón de su pelaje las llaves. Abre el portón y entra a la casa. 

Luego el animal cierra el portón, y va a la puerta de la casa, pesca las llaves, abre la puerta y entra a la casa. 

El oso algo cansado camina por el living hasta sentarse en un sillón de la casa. De repente se le acerca alguien, la osita hembra quien al parecer es SU ESPOSA. 

OSA HEMBRA:- ¿Tan tarde saliste de tu trabajo?

OSO MACHO:- No, la micro se demoró en el recorrido, hubo taco en el camino 

OSO HEMBRA:- Ah, ¿Y cómo te fue?

OSO MACHO:- Estoy más jodido, la ciudad me tiene vuelto loco

OSO HEMBRA:- ¿Estresado?

OSO MACHO:- No, no es eso. Cada vez que salgo del trabajo, la gente ME MIRA EN LA CALLE Y TIENEN UNA FIJACIÓN CONMIGO. Amor, ¿¡ tan bonito soy !?

♫♭♪♫♬♭♬ Algo de MÚSICA: " The World I Know" (Collective Soul) ♫♭♪♫♬♭♬

 

martes, 26 de mayo de 2026

♫♭♪♫♬♭♬ Algo de MÚSICA: "Wild Horses" (The Sundays) ♫♭♪♫♬♭♬

 


Algo de música
 


♫♭♪♫♬♭♬ Algo de Música: "Morning Light" (The Light The Heat) ♫♭♪♫♬♭♬

 


Más música

♫♭♪♫♬♭♬ Algo de Música: "Sitting Down Here" (Lene Marlin) ♫♭♪♫♬♭♬

 

♫♭♪♫♬♭♬ Algo de música: "Wherever You Will Go" (The Calling) ♫♭♪♫♬♭♬

 

Especial DÍA DEL PATRIMONIO: BALDOMERO LILLO, el novelista-denunciante que reveló la precariedad minera "tapada" por la burguesía (A inicios del Siglo XX)


 Cuando nos nombran a Baldomero Lillo en el colegio, a la mayoría de nosotros nos viene un bostezo automático. Lo asociamos de inmediato con esas lecturas obligatorias de "Sub Terra" que daban una lata tremenda y que muchos terminaban esquivando buscando un resumen rápido. Es súper comprensible: si eres parte de una generación que creció con la tele, que prefiere informarse con un video corto en TikTok o que vive pegada a las imágenes de las redes sociales, un caballero que nació en Lota en 1867 y murió en 1923 suena a prehistoria aburrida. Pero si apagamos un segundo el chip del prejuicio escolar, descubrimos que Lillo no era un novelista denso que andaba buscando palabras difíciles para lucirse. En realidad, el tipo fue un comunicador de vanguarda, un verdadero reportero infiltrado que logró hackear el relato oficial de su época usando las únicas herramientas que tenía a mano: una pluma y un pedazo de papel. Su trabajo funcionó exactamente como el Smartphone y el Wi-Fi de los años 1900, rompiendo un bloqueo de información gigante en un Chile que estaba completamente desconectado.    



   Para cachar el nivel del logro, hagamos un viaje rápido con el mapa actual. Hoy en día, ir desde Concepción a Lota es un trámite de apenas 41 kilómetros que toma cerca de una hora en bus o en auto, viajando relajados gracias al By Pass de Coronel. Sin embargo, en 1904, cuando se lanzó Sub Terra, la realidad era otra onda muy diferente. Cruzar hacia la ribera sur del río Biobío, donde hoy miramos hacia San Pedro de la Paz o el sector de Laguna Grande, era una odisea porque el único nexo físico era el puente ferroviario. El tren era el único medio de transporte directo, lo que convertía a Lota en un rincón extremadamente apartado por tierra, aislado de Concepción y a un abismo de Santiago. Pero aquí viene una paradoja que parece sacada de una película: mientras por los caminos terrestres estaban desconectados, por el mar Lota estaba conectada con el planeta entero. El tremendo auge de la minería del carbón hacía que su muelle estuviera repleto de barcos internacionales que exportaban el mineral a todo el mundo. Lota era una potencia económica global, pero encerrada y desconectada de su propio país.        



A este aislamiento geográfico hay que sumarle que en esos años el acceso a la información era un privilegio de unos pocos. La televisión no existía y la radio ni la conocían; apenas se experimentaba en el mundo con inventos como la transmisión a galena, pero el concepto de radiodifusión, de prender un aparato en la casa para escuchar noticias, no estaba en los planes de nadie. El único medio de comunicación masivo era la prensa escrita, con diarios locales como El Sur de Concepción. Pero seamos realistas: el diario era un filtro social tremendo. Solo lo consumía la gente que tenía plata para comprarlo, tiempo libre para sentarse a leer y, lo más importante, que supiera leer, en un Chile donde el analfabetismo en los sectores populares y la clase baja era gigantesco. La información, entonces, la manejaba un grupo muy cerrado que, por supuesto, la acomodaba para su propio beneficio y conveniencia.

Para el resto del país, donde el clasismo era feroz, las minas de Lota se pintaban en los diarios de la época como una industria próspera, moderna y llena de progreso. Ese era el foco que los grandes empresarios mostraban para dar una buena impresión y vender el éxito de la economía nacional. De hecho, ese cuento del éxito era tan potente que corría como un post viral de boca en boca por los campos chilenos más alejados, convenciendo a miles de campesinos de los interiores de dejar sus tierras y emigrar a Lota con la ilusión de salvarse económicamente trabajando como mineros. Al llegar y bajarse del tren, la pantalla se rompía: lo que encontraban de golpe era pobreza extrema, hacinamiento y miseria. Esta misma ilusión engañosa de "vender la pomada" con el progreso se ha repetido calcada en nuestra historia y nos suena conocida a quienes vivimos en los barrios y comunas periféricas de las capitales regionales. Pasó en la década de 1940, cuando los hijos y nietos de esos mismos campesinos emigraron en masa hacia Concepción y Talcahuano esperando entrar a la naciente industria del acero en Huachipato; los académicos de las universidades penquistas recuerdan bien que la fábrica de la CAP no dio abasto para todos, dejando a muchos a la deriva, pasando hambre y deambulando en la pobreza de los suburbios. Es exactamente el mismo fenómeno que vemos hoy en la tele con la ciudad de Viña del Mar, que los canales te la muestran como una urbe turística perfecta, llena de edificios de lujo frente al mar y festivales, pero que en la vida real esconde barrios tremendamente humildes, tomas y los campamentos más grandes del país en sus cerros, apenas te alejas del centro.                      



El documental de las minas carboníferas de Schwager (en Coronel)
está disponibles en el grupo de Facebook "Fotos antiguas del Gran Concepción"
Y es uno de los registros audiovisuales más antiguos de la Región del Bio Bío,
filmado en la década de los años 30's
Esta manipulación de lo que vemos viene desde lejos. En los años 30, la mina Schwager en Coronel grabó unos famosos documentales en el sector de Puchoco. Si uno ve ese material audiovisual hoy, todo parece un video corporativo feliz: muestra una supuesta prosperidad y un bienestar que los trabajadores supuestamente disfrutaban en sus casas de la empresa. ¿Pero realmente los mineros vivían ese progreso? Hay que ponerlo muy en duda. Los profesores universitarios que enseñan televisión explican que eso no era periodismo, sino propaganda institucional y Relaciones Públicas de la empresa minera coronelina para limpiar su imagen y generar buenas impresiones. Técnicamente, a esto se le llama "realidad mediatizada" o "imagen segunda". La imagen segunda es toda aquella realidad que ha sido intervenida, editada o envasada por un tercero con una intención clara, como un comercial o un programa de tele editado. En cambio, la "imagen primera" es la realidad pura y dura que tú vives en carne propia; es como cuando vas caminando por la calle de tu barrio y ves con tus propios ojos un accidente de tránsito en la esquina, sin intermediarios, sin edición ni filtros de ningún canal.                                              



El gran valor de Baldomero Lillo es que, en un mundo donde los empresarios controlaban la "imagen segunda" para hacer ver todo bonito, él se convirtió en el canal de la "imagen primera". Al publicar Sub Terra y Sub Sole, Lillo adoptó una óptica estrictamente proletaria. No escribió historias de fantasía para entretener a los ricos, sino que se metió en la rutina diaria de los trabajadores para contar, con la crudeza de un video sin filtro, las precarias condiciones que se escondían debajo de la alfombra del éxito económico. Si vieron la película chilena Sub Terra del año 2003, dirigida por Marcelo Ferrari, recordarán esas escenas donde el personaje de Lillo escribe clandestinamente en su pieza, y cómo más tarde los matones del capataz le queman los manuscritos. Esa quema de papeles representa el terror histórico de los poderosos a que se cuente la verdad de los de abajo. Es un peligro muy parecido al que enfrentan hoy los periodistas de investigación que se meten a reportear en los barrios de Sinaloa, en México, dominados por los narcocarteles. La diferencia es que hoy tenemos toda la tecnología del mundo, pero sigue mandando el miedo, los mercenarios y los cómplices que intentan silenciar a los que denuncian lo que incomoda al poder.                                                                                                             



 En esa época, la literatura sobre hechos reales contemporáneos no era un pasatiempo de biblioteca, era el verdadero medio de comunicación de la gente despierta, siguiendo la misma línea de clásicos de la denuncia como "Martín Rivas" de Alberto Blest Gana desnudando el clasismo de la alta sociedad santiaguina, o más adelante éxitos internacionales como "El Informe Pelícano" de John Grisham en el thriller de corrupción política, o las brutales crónicas de Ryszard Kapuscinski en "El Emperador". Lillo entendió que para conectar con la gente común no se necesitaban discursos teóricos eternos, sino historias cortas y directas. Si desglosamos Sub Terra, te das cuenta de que no es un ladrillo denso, sino una colección de capítulos breves, casi como una serie de publicaciones o crónicas independientes que te muestran distintos frentes del dolor humano. El capítulo que más impacta y conmueve es, sin duda, "Los Inválidos". Ahí el protagonista es Diamante, un caballo que fue usado y explotado para cargar carbón en el fondo de la mina, viviendo en la oscuridad total del subterráneo. En la historia, un viejo minero mira cómo el animal, ya ciego y roto por el esfuerzo, es sacado a la superficie porque ya no le sirve a la empresa. Al ver el triste destino del caballo, el anciano se da cuenta de que la vida del animal es el espejo exacto de la vida de los mineros: hombres que entran a trabajar siendo unos niños, que arriesgan la salud y sufren padecimientos terribles en ese entorno hostil, y que terminan viejos, enfermos y desechados, sin ninguna oportunidad de surgir o cambiar su destino. Es la perfecta metáfora de la rueda de un conejillo de indias al interior de una jaula de laboratorio, atrapados en un sistema donde dejas la vida trabajando pero nunca logras avanzar.                                                                                    

ACLARACIÓN - Esta foto es de Cantabria (España)
Pero tampoco sería una mala idea instalar en LOTA un monumento a "Diamante",
el pobre caballo explotado que era un trabajador más de la mina (Y presente en el libro Sub-Terra)


Lillo fue considerado un maestro porque mostró esa otra cara que Chile quería ignorar, pero en modo de aprendizaje, nos dejó una lección gigante que hoy pocos utilizan, aun teniendo toda la información, la educación y la tecnología al alcance de la mano. Esa lección se llama templanza. El escritor usó un lenguaje pulcro y culto, y aunque por dentro debió haber sentido una rabia inmensa por la injusticia que veía, su texto fue mucho más elegante y devastador que la mayoría de los escritos actuales. Hoy, en pleno siglo XXI, la paradoja es que la gente parece pensar menos; la dependencia de las pantallas nos ha vuelto reactivos, y la rabia o el improperio directo es lo único que resalta. Los psicólogos reconocen y confirman que soltar un garabato o insultar en redes sociales funciona como una vía de liberación rápida, un placer inmediato mediante el desahogo. Lo vemos a diario en plataformas como X, donde los discursos repetidos y los panfletos solo buscan denostar al bando político contrario, destruyendo cualquier posibilidad de debate real. Claramente, mantener la calma y la vehemencia no es una tarea fácil cuando te toca contar realidades que duelen e indignan.     


  

Pensemos en algo cotidiano de nuestros propios barrios populares: la impotencia que se siente al querer denunciar la manera en que los choferes de la locomoción colectiva usan y abusan de los frenos de aire o tiran bocinazos ensordecedores a mitad de la tarde, hostigando acústicamente a los vecinos, a los niños y a los ancianos del sector. Cualquiera de nosotros puede tener las herramientas para reclamar, pero la rabia de notar que nadie en el entorno te acoge —ni el alcalde, ni las autoridades de transporte, ni el gerente de la línea de taxibuses— hace que sea facilísimo perder la cabeza y terminar gritando o insultando por el desahogo. Escribir calmadamente bajo esa presión es casi un superpoder. Por eso, el "rebelde aprendiz" se queda atrapado en el grito y el garabato, mientras que es muy difícil escalar a la fase del "rebelde culto": ese que en apariencia se ve pulcro, caballero y educado, pero que en su interior oculta y canaliza una rabia y una frustración gigantesca para convertirla en un argumento indestructible. Nos recuerda un poco a esas historias de barrio de algún feligrés de la iglesia mormona que, siendo visto por todos como un caballero impecable, ordenado y de bajo perfil, era a la vez hijo de ejecutados políticos de la dictadura; un fuego interno y una historia de dolor contenida por años que solo se mostró tal como era cuando el país completo estalló socialmente, demostrando que la procesión y la fuerza iban por dentro.                                                                                      




Esa capacidad de contener la rabia para transformarla en una denuncia perfecta es lo que convirtió a Baldomero Lillo en un genio. Lamentablemente, esa fineza es algo que hoy ya no se enseña, ni siquiera en las universidades dentro de la carrera de periodismo, donde faltan talleres urgentes para aprender a denunciar controlando las emociones. Lillo nos demostró que para desarmar un sistema injusto y una realidad mediatizada no necesitas caer en el panfleto ordinario ni en el insulto de turno; necesitas la valentía de usar la palabra con precisión quirúrgica. Nos enseñó que la verdadera comunicación de vanguardia no es la que grita más fuerte en una pantalla, sino la que es capaz de bajar al subterráneo, mirar la realidad a carne viva y contarla con tanta templanza y elegancia que al poder no le quede más opción que mirarla de frente y tragarse su propia propaganda.