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domingo, 28 de junio de 2026

Columna de opinión: Música del statu quo, como boche impuesto versus resistencia del alma

Un caso de HEGEMONÍA CULTURAL 

Sin querer, te imponen (casi de manera SISTEMÁTICA) que música debieras
escuchar. Cosas que pasan "EN TU PROPIA POBLA". Pura Hegemonía cultural
En el mundo de la periferia, ocurre esto: se rompe la tranquilidad elitista y algo burguesa del centro penquista imponiendo una pauta sonora obligatoria. Desde la bachata que invade tu baño a treinta metros hasta los parlantes gigantes que perforan tu dormitorio —ante el total abandono del WhatsApp municipal—, la pobla dicta lo que debes escuchar. Esta agresión invisible se respira en autos con ventanas abajo en la esquina, en la cumbia villera del supermercado, en el volumen ensordecedor de la micro que te trae de Concepción y en radios comunales monotemáticas. Es la dictadura del reggaetonismo cultural adueñándose del espacio público, una patada simbólica dentro de tu propia casa que intenta aplastar con prepotencia cualquier intento de resistencia íntima.

 Mirando a nuestro alrededor, queda claro que "SER POBRE NO ES UN CRIMEN, NO ES PECADO, ES SÓLO UNA CONDICIÓN QUE TE PONE LA VIDA". Nadie elige su cuna ni las cartas que le tocan para jugar, pero toca hacerle frente a esa cancha de la mejor manera posible, aunque el discurso de los políticos rara vez se acuerde de nosotros.

Ahora, hay que ponerse serios y aclarar una cosa muy importante desde el arranque. A nuestros casi 40 años, entendemos perfectamente que madre hay una sola. Esa dueña de casa que pelaba las papas y las cebollas en la cocina escuchando a Pablo Aguilera era la que nos alimentaba, nos amaba y nos educaba; hoy valoramos infinitamente su entrega. Si en los párrafos que vienen recordamos ese rechazo adolescente a los clásicos de Camilo Sesto o Sandro, no es de ninguna manera para ofenderlas. Se trata simplemente de mirar hacia atrás y reconocer la mentalidad de cabro chico inmaduro que teníamos a los 14 años. En ese entonces, nos cargaba que se levantaran temprano los domingos a barrer el piso, mover las ollas con ruido y hablar fuerte mientras cocinaban lentejas en vez de ponerse con una pizza. Esa imitación de rebeldía contra la comida casera o la música de Radio Pudahuel era sólo el proceso ciego de un pendejo que quería descubrir el mundo e ir más allá, un pensamiento egoísta de octavo básico que nada tiene que ver con el respeto y agradecimiento real que hoy les tenemos.

Comprendiendo esa madurez, es más fácil analizar las distintas realidades que se viven dentro de los sectores populares, aunque desde arriba los metan a todos en el mismo saco. Por un lado, está la clase E, esa pobreza dura de los campamentos, indigentes y ermitaños; por otro, la clase D de la población, gente de un entorno culturalmente más precario que a veces tiene un mediano poder adquisitivo o una alta tendencia al endeudamiento para andar en un auto del año, aunque estén cesantes o sean asalariados; y también estamos los de la clase media-baja o C3, los más sencillos para vivir, esa gente esmerada que viaja apretada en la micro, se atiende en el sistema de salud pública y compra el kilo de pan diario en el negocio de la esquina. Aunque muchos en este último grupo tengan sus estudios de pregrado, sean personas educadas, informadas y súper respetuosas del entorno, la falta de privilegios se siente igual. Si los vecinos arman un boche insoportable a mitad de la noche, no hay contactos que valgan; llamas a Carabineros y la respuesta casi siempre es la misma: o te aclaran la cancha diciendo que no tienen una patrulla disponible en la comisaría, o simplemente no te toman en serio porque no eres alguien importante o porque tus trancas e ideas te llevan a acarrear conflictos indirectos con las autoridades municipales.                    

Relato: Estereotipo (Octubre 2024)                                                       

Relato: Universidad de la Vida (Enero 2025)                             

Complemento: Avenida Los Carrera. La calle del pueblo en el centro de Concepción (Julio 2021




Ante esa falta de apoyo, quedarse en la zona de confort de los papás no debería ser un motivo de vergüenza. La sociedad es experta en apuntar con el dedo y tildar de flojo o estancado a cualquiera que no cumpla el manual del éxito rápido. Pero la verdad es que, después de darlo todo buscando un empleo sin conseguirlo, aprovechar el techo familiar puede ser la única forma real de cuidar la paz mental. Para muchos, este resguardo es un refugio necesario para recuperar la personalidad, la confianza y las ganas de vivir que se esfumaron de golpe diez años atrás, quizás por culpa del acoso, el bullying o el "hostigamiento" de gente que en su momento te tenía pura envidia en el trabajo. Sanar el alma toma tiempo, y tener un espacio seguro donde no te exijan imposibles es un salvavidas completamente válido que ayuda a terminar con las viejas etiquetas clasistas que predominaron en el siglo XX.                                                                                                       


   

Este tejido de la vida real es algo que los políticos de redes sociales no logran entender. Mientras en la izquierda se cansan de culpar al empedrado en plataformas como X pero muestran una soberbia sorprendente contra el ciudadano de a pie a quien antes decían defender, en la derecha intentaron usar conceptos como "el peatón" para acercarse a la población popular. Fue el humorista Arturo Ruiz-Tagle quien, buscando despolitizar al ciudadano común y corriente en sus rutinas, decidió dejar de usar la palabra "pueblo" y la reemplazó con el término "población". Es una desconexión parecida a la que sufrieron músicos muy queridos como Alberto Plaza o Pablo Herrera; artistas que durante décadas nos acompañaron en la radio del living, pero que al encerrarse en sus trincheras políticas en esta presente década, entre 2020 y 2026, terminaron quebrando esa conexión universal que tenían con la gente de a pie.                                                    


Esa búsqueda de identidad que partía con la rabieta de los 14 años frente al eterno arroz con leche de la casa, nos llevaba a usar la comida rápida y los gustos nuevos como una forma de rebelarse para ganarse el derecho de sentirse bacán comiendo en el patio de comidas de un Mall. De ahí, el salto hacia la música marcó un tremendo contraste entre lo que significaba sintonizar la radio antes y lo que se vive hoy en el 2026. Cursando octavo básico por allá por el año 2001, un compañero te invitaba a escuchar las radios juveniles de Santiago que la estaban rompiendo. En esos tiempos pre-Spotify, las emisoras te abrían la cabeza con hip hop, Eminem, Audioslave o casetes de La Pozze Latina que el rebelde del curso escuchaba en su Walkman. Querías ser como él para dejar de ser el perno hijito de mamá y ganarle al estigma de quedarte solo, sin amigos, pareja ni sexo por culpa de la timidez. Sintonizar esas radios era una trinchera contra los espacios cristianos o latosos de las radios comunitarias. De hecho, hacia 2004, esas mismas radios juveniles levantaron un tremendo boom de rock chileno con guitarras, dándole tribuna a bandas como Tronic, Gufi, Melvin Crema, Difuntos Correa, Los Búnkers o De Saloon. Hoy, en pleno 2026, el panorama es radicalmente opuesto: la radio juvenil tradicional genera una especie de contra-rebeldía en los pasaditos de treinta, quienes la critican por haber monopolizado su parrilla con el género urbano y el reggaetón, promoviendo lo que muchos ven como un estancamiento cultural.  

Es importante aclarar que esta REPULSIÓN a la "cultura cebolla" no es un desprecio clasista hacia tu mismo origen social, sino que MÁS BIEN ES UNA REACCIÓN ALÉRGICA A LA UNIFORMIDAD OBLIGATORIA. Por eso buscas probar nuevas experiencias, aunque eso implique escaparte de tu comuna un par de horas durante el fin de semana (Salir a Concepción).   

Relato: Ruidos molestos (Enero de 2025)                                                                             








 Frente a esta saturación, surge hoy otra opción de resistencia desde el mundo más conservador y metodista-pentecostal con las radios cristianas, que ante el avance de la inseguridad asoman como una alternativa frente a parrillas comerciales supuestamente ligadas a la narco-cultura. Lo más irónico es que esta realidad molesta en la interna a los mismos locutores radiales, quienes por cuidar su trabajo se sienten obligados a promocionar canciones del género urbano que no necesariamente les gustan. A esto se suma la histórica segmentación clasista de los consorcios radiales. Mientras un gran grupo maneja en Santiago marcas como Radio Corazón, Pudahuel, ADN, FM Dos, Los 40 y Rock & Pop, en el sur el holding Bío Bío Comunicaciones tiene a su propio hermanito popular: la Radio Punto 7. Esta emisora cuenta con una altísima audiencia en las micros del Gran Concepción, tocando esas mismas bachatas del año 2003 que para un esnob definen el inframundo periférico. A pesar de su éxito masivo, su vínculo con la web siempre fue tardío, casi como si no quisieran ser ubicados desde Santiago, manteniendo una pauta estricta donde jamás pondrían música en inglés.                                                                                                                                       



Si bien, antes de Fotolog y de Facebook, la Radio Punto 7 fue la única emisora FM 
de Concepción que te dejó hablar al aire por teléfono, y junto con el locutor, muy rara vez
era para preguntar tu opinión sobre un hecho contingente. Sino que más bien te sacaban
al aire, para que le siguieras el juego a estos radiocomunicadores, con juegos, tallas,
cahuines, siempre en temáticas "informales", con el único fin de recrearse ("huevear").
En la década de los 2000, antes de que las redes sociales y los blogs democratizaran la opinión, la Punto 7 era el único espacio abierto para el penquista común y corriente gracias a su línea 800 totalmente gratuita implementada en 2001. La gente llamaba en masa para figurar en el matinal del Cachirupi, en el programa de Marlene Pérez —hoy diputada de la república— o en el vespertino de Pedro Vilches. Sin embargo, el costo de salir al aire era tóxico: debías esperar largos minutos al teléfono y rezar para caerle bien al radiocontrolador de turno, ya que muchos de ellos eran tipos sumamente pesados que ejercían un filtro absoluto sobre quién hablaba y quién no.                                                                                                     



La Radio Corazón es como la Puntosiete, pero de Santiago
Considerada por muchos como la sucesora o heredera de
"Radio Amistad FM". Y pertenece al conglomerado Grupo PRISA 
(Opera en el mismo edificio de FM DOS, Pudahuel, Rock & Pop, Radioactiva)
Una experiencia igual de incómoda con la trastienda radial ocurría en Santiago con la Radio Corazón. Por el año 2014, justo cuando se eliminó la larga distancia nacional y llamar desde Concepción a la capital costaba como llamada local, intentaste salir al aire para hablar con Claudio Orellana —locutor que en 2006 había partido en Radio Positiva con estudios en el Diario El Sur—. Al llamar, el recepcionista te atendió con un tono totalmente autoritario y te ordenó: "Cuando el locutor te diga por qué canción debes votar, tú debes decir que votarás por Noche de Brujas, ¿ya? ¿Estamos?". La situación fue tan molesta que, apenas te sacaron al aire para todo Chile, aprovechaste el espacio para sapear y funar el arreglo en vivo. El locutor intentó zafar con humor gracias a su desplante, pero desde la sala de mandos, ¡paf!, te cortaron el llamado de inmediato. ¿El resultado? Un veto absoluto en la emisora por delatar el manejo interno. 


Siempre se nos enseña desde chicos (en la escuela) que hay que respetar a otros
para que te respeten (Y ganarte ese respeto). ¡Perfecto! ¡Estamos de acuerdo!
Ahora, si a ti te critican por tratar de "ordinario" al vecino de la pobla. ¿Cómo lo
tratamos entonces? Cuando años antes ese mismo vecino te escupía en tu propia
cara, y con los gargajos más asqueroso (mocos hediondos y verdes en tu ropa).
Esa presión del entorno es la que te hizo estallar en una segunda fase de rebeldía a los 17 años. Ya no te rebelabas solo contra los viejos, sino contra la cultura flaite que estancaba a tu propia población. Te empezó a cargar el reggaetonerismo impuesto, esa mediocridad donde los cabros barzudos de las barras bravas te escupían a la salida del liceo y las niñas preferían quedarse besando al flaite en el pasillo mientras el resto daba jugo viendo Mekano. Esos grupos de jóvenes repitiendo los mismos códigos vacíos no eran muy distintos, en el fondo, de la vecina copuchenta metiendo boche temprano. Como vivías en la periferia de Concepción, lejos de cualquier Mall para escapar de lo ordinario, usabas el pase escolar, te subías a la micro y viajabas media hora hacia el centro. No tenías amigos que escucharan música alternativa, pero bastaba caminar por la Diagonal Pedro Aguirre Cerda en pleno 2004 para que el parlante de un pub tocara canciones de The Strokes o Blur.  El rock indie se volvió tu escudo definitivo.                                                                 








Arráncate de la MIERDA !



NO PISES EL PALITO AMIGO. Los que causan el problema son los que meten escándalo
con las carreras en la noche. Tu llamas al 133 para dar cuenta de la situación, carabineros
no llega a tu población, y tratas de contener la rabia. Cuando ya pierdes la paciencia, sales
en la noche a enfrentar a los cabros que andan manejando autos, te da un arranque de
locura, pescas una piedra, la lanzas quebrando uno de los parabrisas ¿Y de la noche a la mañana?
Llega Carabineros JUSTAMENTE PARA TOMARTE DETENIDO ¡A TÍ!. Cuidado, caíste en la trampa.
Sólo exigiste tu derecho a la paz, pero como no tienes tanto poder, terminaste siendo tu el delincuente.

Van pasando los años, entras a la universidad y te encuentras con compañeros de Sociología que estudian tranquilos a las tres de la mañana sin la necesidad de meter ruido con temas de Sol y Lluvia o Víctor Jara. Viviendo en esos sectores céntricos experimentas una onda Britpop y una tranquilidad maravillosa. Pero el golpe viene cuando te toca volver a la pobla. Ahí notas de inmediato que, mientras más periférico es el barrio, más te imponen la música de fondo. Alguien te podría acusar de clasista por reclamar contra el vecino que escucha Bachata afuera de su casa. A él le gusta, perfecto. Pero el problema es que la pone para la calle y se escucha a treinta y cinco metros. Estás en tu casa, vas al baño y, como la habitación colinda con la calle, te tienes que mamar la bachata entera desde un radioreceptor noventero y retrógrado. Y la cosa empeora con vecinos más jóvenes que plantan parlantes gigantescos en el antejardín con género urbano al estilo de Pailita, logrando que el boche penetre dos pasillos y dos dormitorios adentro. Reclamar a la municipalidad por el WhatsApp de seguridad es perder el tiempo, porque los fines de semana simplemente no atienden. Es la real Dictadura del Flaiterismo o Reggaetonismo Cultural.      

Complemento. Recuerdos de la pandemia - Pencones denuncian en Redes Sociales (Facebook) dos irregularidades frecuentes en el Toque de Queda: Mediano flujo de autos en varias poblaciones y un muy precario patrullaje de Carabineros (Junio del año 2020)











Imposición sistemática de la MÚSICA HETEROGÉNEA, en la pobla 
Esta imposición sistemática se respira en cada rincón de la comuna periférica. Se nota en esos autos que se detienen en la esquina durante las horas de más tráfico o en plena noche, con las ventanas abiertas de par en par exponiendo al barrio entero a la cumbia o al reggaetón de turno. Te la imponen los parlantes del supermercado local mientras intentas comprar la mercadería, musicalizando los pasillos con cumbia villera al estilo de los Pibes Chorros. Está presente en la parrilla de la radio comunal, saturada de temas bailables y casi sin espacio para noticias o locución real; se siente en el volumen ensordecedor que pone el chofer de la micro que te trae de vuelta desde el centro de Concepción, e incluso en los eventos masivos locales donde todo depende del archivo guardado en el reproductor del DJ o animador de turno. Quedan fuera de este saco los Wurlitzer de los restobares, porque esos empiezan a funcionar recién desde las 19 horas y nadie te obliga a entrar; el que va a buscar su michelada escuchando clásicos de los 80 sabe perfectamente a lo que va. El problema real es el espacio público que compartimos a la fuerza.                                                             



"SU" música se escucha adentro de las otras casas
Bajo este panorama, la música como instrumento del statu quo se vuelve una agresión invisible. Cuando el vecino planta su parlante, es como si estirara la pierna desde su antejardín para pegarte una patada simbólica dentro de tu propia casa. No hay un golpe físico, pero su bachata caribeña ligada a la chabacanería de cortejar en una playa extranjera te obliga a ser testigo de sus gustos. Lo mismo pasa el domingo por la tarde, entre las 19 y las 20 horas, cuando un conductor joven pasa lento de vuelta del negocio con el kilo de pan que le encargaron; aunque haga frío de otoño o invierno al anochecer, baja los vidrios y sube el volumen. La sensación que genera en los moradores que intentan descansar en su dormitorio es casi un mensaje indirecto: "Mira perno, aunque te arranques o escuches a Blur, ¡no me vas a detener! ¡Aquí nada me detiene, me encanta el reggaetón y tengo el derecho a escuchar la música que yo quiero porque Chile es un país libre! ¡Toma, escucha esto y te pego un combo!". Suena patético, pero es la violencia de enfrentarse a entornos culturales que se han vuelto insoportablemente monotemáticos.                                                                                          

Aunque esta hipótesis pueda provocar "rechazo" en la pobla al desenmascarar (o visibilizar) esta realidad, el texto es el único megáfono público e informativo para dar cuenta de este paisaje acústico. 

El efecto en el "ciudadano respetuoso" (ese quien si escucha SU música al interior del dormitorio) es una impotencia frente a la ley del más fuerte. Intentar el camino civilizado de pedir por favor que bajen el boche suele terminar en burla o en indiferencia, avalado por Carabineros que ve el tema como algo ridículo e irrelevante. Sin respaldo institucional, la única salida es masticar la rabia y replegarse en casa, ya que cruzar la reja para exigir respeto implicaría violar la propiedad privada de los vecinos. 

Así, la impunidad del parlante ajeno te arrincona en tu propio living, transformando tu espacio íntimo en una trinchera indefensa donde LA PREPOTENCIA le gana a la convivencia.                   




Como buenos frenteamplistas a nuestros casi 40 años, jamás renegaremos de nuestra realidad socioeconómica ni de la fe en que tarde o temprano las cosas van a cambiar, pero hacemos una distinción tajante entre los gustos íntimos y el ruido impuesto. Frente a esa prepotencia poblacional que busca mermar tu autoestima, la verdadera resistencia no está en amoldarse para encajar. El escape real lo encontrabas en un paseo a la Desembocadura del Río Bío Bío, donde el aire de la naturaleza, la ecología y la cosmovisión mapuche se sentían de forma espontánea, contrastando con esos vecinos de barrios periféricos que se desviven por parecerse a los santiaguinos sin valorar los paisajes verdes de nuestro sur. En resumen, la música del statu quo nos llega a cansar, y la única manera de rebelarse es a través de la verdadera música que nos llena ese vacío en el alma, esa melodía elegida a conciencia que se convierte en nuestro mejor escudo contra lo latoso y ordinario del entorno.                 


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miércoles, 24 de junio de 2026

Columna de opinión: En Chile, la ciudadanía apoya masivamente el toque de queda nocturno


Es importante precisar algunos puntos, bajo el argumento fácil 

- Cuando se pide Toque de Queda es para que la apliquen sólo en la noche y madrugada, no las 24 horas del día. No piden restricciones para que no salgas a trabajar (a pasear, o comprar el pan en el negocio de la esquina). 

- El tipo de persecución que se pide es POLICIAL, no POLÍTICA. No se busca restringir pensamientos políticos ni religiosos, aun cuando bajo un Toque de Queda todos deben acatar la presencia militar (Ley pareja no es dura). 

- En varios puntos de Santiago la gente por voluntad propia cierra el portón de su casa en la hora de "once" (Entre 17-21 horas, según la rutina de cada familia) y por razones de seguridad se autoconfinan. La diferencia entre ver delincuentes tomándose la calle, y que lo hagan los militares, es que se debiera garantizar mayor tranquilidad con la intervención del Estado, porque los salvoconductos para manejar el auto en la vía pública sería acostado. El delincuente puede espiarte desde la calle (sin bajarse de su auto), pero con los militares se reduce el mediano flujo de autos en las calles. Intimidación vs. Protección. 

- Y finalmente, imagine su comuna en el trasnoche desde Lunes a Viernes (A partir de la noche de Domingo). Todo bajo el contexto de horas previas a los días laborales. Si los negocios están cerrados, o la mayoría de la gente duerme para salir al trabajo horas más tarde, ¿Qué "cresta" hace un auto deambulando por la calle en la madrugada de Lunes, a las 3 AM? Hay que distinguir cuatro tipos de ciudadanos en ese contexto: a) Los que duermen (que son la mayoría), b) los tranquilos que aprovechan la paz para leer un libro en la tranquilidad del dormitorio, c) Los que comparten con otros en el antejardín, consumiendo alcohol, y hablando fuerte con su vozarrón; y d) Los que manejan autos en la calle a altas horas de la noche (Puede que algunos sean bomberos, carabineros de civil o trabajadores de salud, pero pasa que esta situación ocurre todas las noches. Da para pensar igual ¿¡ no !?).


Las noticias de los últimos días de junio de 2026 nos tienen a todos con el corazón apretado. Lo que pasó en San Bernardo con Alejandro, un niño de apenas 12 años que venía llegando de un viaje a Argentina junto a su padre y una tía para celebrar el Día del Padre, es una brutalidad que cuesta procesar. La madrugada del martes 23 de junio de 2026, al ingresar a la caletera de la Ruta 5 Sur en el sector de Catemito, el automóvil familiar fue interceptado por un grupo de delincuentes armados. Mientras los adultos fueron obligados a bajarse, el niño quedó enganchado del cinturón de seguridad en el asiento trasero. Los asaltantes escaparon arrastrando al menor a lo largo de tres kilómetros, provocándole heridas que le causaron la muerte, para terminar abandonando el auto y el cuerpo cerca del Mall Plaza Sur. Aunque la fiscalía y el OS-9 de Carabineros ya capturaron a cuatro de los cinco implicados directos de esta banda juvenil que andaba en un "tour delictual" —incluyendo a un adolescente de 17 años con antecedentes, a quien su propio padrastro entregó en la 14ª Comisaría de San Bernardo—, la sensación de desamparo es total. La rabia se multiplica porque esa zona ya viene golpeada por la impunidad; apenas el año pasado, en 2025, el país entero lloraba el secuestro y homicidio de Krishna Aguilera, una joven de 19 años que desapareció en la misma comuna tras subir a un vehículo y fue encontrada enterrada en Catemito tras 22 días de búsqueda liderada por su hermana Cristal en redes sociales. El principal imputado fue el "Guatón" Beltrán, vinculado al narcotráfico y redes de explotación de menores, y para colmo, en noviembre de ese mismo 2025, Cristal sufrió una brutal golpiza que las autoridades investigaron como una venganza del crimen organizado.           

Ante tanta desprotección, la paciencia de la gente en los barrios más vulnerables se terminó, y el grito que se escucha con más fuerza en internet es uno solo: Toque de Queda. Las redes sociales están encendidas de forma masiva y popular. Páginas de Facebook de nuestra Región del Bio Bío como "Conectados Penco y Lirquén", espacios de debate nacional como "Elecciones Presidenciales Chile", o medios digitales de otras regiones como "Maule Sur Conectado", "La Metro FM" y hasta el Fan Page de Franco Parisi se han llenado de encuestas donde el apoyo a sacar a los militares a la calle en la noche es rotundo. Esto no nació ayer; ya el pasado 15 de abril de este año, medios digitales como "Amigos penquistas" y "Noticias Live Chile" hicieron sus primeras consultas online. En la página penquista, más de 1.000 personas le dieron like y unas 110 reaccionaron con un "corazón" apoyando la idea, mientras que en el medio nacional más de 150 mil usuarios dieron like y 17 mil marcaron el "corazón" ante la consulta de si estaban de acuerdo con que salieran las Fuerzas Armadas a reforzar la seguridad. Es la misma verdad incómoda que nos quedó flotando desde los tiempos de la pandemia: para la inmensa mayoría de la clase media emergente y los sectores bajos, las restricciones nocturnas nunca fueron tanto por un tema de salud. En el fondo, el Toque de Queda se veía como el único camino concreto para controlar las calles en la madrugada, porque el verdadero virus nunca fue el Covid-19, sino los delincuentes.

 El debate sobre los militares y el orden público en Chile siempre ha sido una cancha llena de contradicciones y vueltas carnero por parte de la política tradicional. Cómo olvidar cuando ocurrió el terremoto del 27-F en 2010 y la entonces alcaldesa de Concepción, Jacqueline Van Rysselberghe, pidió el Toque de Queda para frenar los saqueos y el matonaje; en ese momento la izquierda instaló una pésima imagen de la medida, reviviendo fantasmas que no se veían en las calles desde enero de 1987 (en dictadura militar), justo días antes de que Sebastián Piñera asumiera el cargo como el primer presidente electo de derecha tras el retorno a la democracia, en Marzo siguiente de ese mismo año 2010. Años después, con la llegada del coronavirus, los papeles se invirtieron de manera insólita: la misma izquierda que en el Estallido Social de 2019 condenaba los toques de queda de Piñera acusándolo de dictador, pasó a exigir encierros totales, como la estrategia de "cortocircuitos epidémicos" que proponía la doctora Izkia Siches el 14 de junio de 2021 desde el Colegio Médico, desatando la molestia de la derecha. En la vereda contraria, el jueves 24 de junio de 2021, diputados de derecha como Camila Flores e Iván Moreira se opusieron en el Congreso a seguir extendiendo el Estado de Excepción acusando la fatiga pandémica de la gente y argumentando que los controles nocturnos no combatían la delincuencia, logrando que el gobierno de Piñera terminara definitivamente con los 18 meses de restricciones de movilidad el 27 de septiembre de ese año. Cuando Gabriel Boric asumió en marzo de 2022, su gobierno de izquierda se empezó a desligar paulatinamente del Plan Paso a Paso. Su primera ministra de Salud, la doctora Begoña Yarza, remeció el ambiente en marzo declarando textualmente que en ese gobierno lo iban a "cambiar todo" con claros tintes ideológicos de cara al Plebiscito constitucional; sin embargo, en abril terminaron cambiándole los nombres al plan por fases como "Bajo impacto sanitario" y bajándole el perfil mediático al Covid en la agenda. El golpe definitivo al tema ocurrió el 6 de septiembre de 2022, cuando tras el sorpresivo triunfo del Rechazo, Boric tuvo que reestructurar su gabinete, sacando a Siches de Interior para nombrar a Carolina Tohá, hasta que finalmente el 23 de marzo de 2023, en medio de un tenso cruce con la prensa por el retiro de las AFP, al propio mandatario se le salió un tajante "ya no estamos en pandemia", cerrando el ciclo de la forma menos formal posible.                                                                

Hashtag (#) de oposición en X: #KastLaGranEstafa
Por eso, la ironía en este 2026 es casi tragicómica. Muchos le tenían pánico a José Antonio Kast en las elecciones de 2021 por su historia familiar o por reconocer cosas de la dictadura de Pinochet, pensando que sería un presidente autoritario. Hoy, a casi cuatro meses de su llegada a La Moneda, el estrés colectivo de la ciudadanía no es por el exceso de control, sino por la tremenda sensación de haber caído en una "publicidad engañosa". En la campaña, los republicanos viralizaron en X la doctrina estricta de Nayib Bukele en El Salvador como la única salvación, instalando hasta 2025 el discurso de que el gobierno anterior de Boric estaba (supuestamente) coludido con las mafias del crimen organizado, ahora convengamos que las descalificaciones eran mensajes totalmente subjetivos y eran parte de la propaganda agresiva que los adherentes de Kast lanzaban en años anteriores. Pero ahora el Presidente está lejos de ser el mandatario implacable que muchos esperaban. El biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, junto al ministro de Seguridad, Martín Arrau, explicaron que el plan del Ejecutivo se limita a fortalecer a Carabineros y la PDI en patrullajes, descartando formalmente a los militares en zonas urbanas. Desde Defensa, el ministro Fernando Barros puntualizó que las Fuerzas Armadas solo intervienen ante Estados de Excepción, manteniéndose acotadas a tareas críticas específicas como el control fronterizo en la Macrozona Norte y la violencia en la Macrozona Sur.

Al mediodía de una helada tarde de miércoles 24 de junio de 2026, en el noticiario #Alerta de Meganoticias, el periodista Rodrigo Sepúlveda emitió un comentario ácido en su condición de líder de opinión: "¿Cuál es el temor tan grande por los militares en la calle?", mostrando su profunda decepción con La Moneda y barriendo con el viejo argumento de la oposición de izquierda sobre el derecho al libre tránsito, aclarando además que sacar a los uniformados en momentos críticos tiene un doble fin: resguardo y prevención. La sensación de que el Estado nos está invitando a defendernos solos quedó en evidencia con la polémica declaración que dio la subsecretaria de Prevención del Delito, Ana Victoria Quintana, el pasado 24 de abril en el canal 24 Horas, cuando dijo bien suelta de cuerpo: "La ciudadanía puede tomar las medidas que dentro de su libertad estime conveniente. Yo no sé por qué se trata de establecer como si el Estado tuviera que dirigir la vida de las personas. La gente sabe dónde está el problema, por ejemplo, en su barrio, y probablemente va a evitar pasar por ahí". La reacción completamente descolocada de la periodista Carla Zunino en ese bloque fue la misma que pusimos todos en nuestras casas: la confirmación oficial de que nos toca rascarnos con nuestras propias uñas, tal como lo advirtió la tarotista Latife Soto en el programa La Hora de Jugar de MEGA, cuando predijo que en estos meses de 2026 la delincuencia seguiría desatada, que incluso los funcionarios públicos correrían peligro y que cada ciudadano tendría que cuidarse solo al salir a la calle.                                                

Aquí es donde chocan dos derechos en el living de la casa. Por un lado, el pensamiento ligado a la izquierda que lanza el comentario: "¿Qué es eso de decretar un Toque de Queda? ¿Qué es eso de restringir un derecho humano como lo es la Libertad de Tránsito?", algo que hace dos décadas parecía atentar contra el sentido común. En la vereda contraria, el vecino común le responde: "¡Linda la cuestión! ¿No cierto? ¿Y a costa de qué ridículo? Si con los delincuentes adueñándose de las calles o saliendo de noche le privas a la gente su derecho a la paz". La verdad es que la gente honesta no anda dando vueltas en la madrugada. Si miras un trasnoche de domingo a jueves previo a los días laborales, la inmensa mayoría de los ciudadanos duerme porque al otro día hay que salir a trabajar. De los desvelados a altas horas, solo podemos distinguir tres grupos claritos: los desvelados tranquilos que no salen de su casa porque simplemente aprovechan el silencio de la noche para leer un libro en la tranquilidad de su dormitorio, los que comparten con otros en el antejardín de su casa metiendo algo de escándalo con su vozarrón, o los que salen a manejar su auto en consideración de que casi todo el comercio está cerrado a las tres o cuatro de la mañana de un lunes. Hipotecar un pedazo de esa libertad nocturna para recuperar la tranquilidad parece un trato más que justo cuando la letra chica de defender libertades anti-represivas de antaño significa darle rienda suelta a los delincuentes.

Hay algunos quienes, por camuflada intención o inclinación política, dicen sentirse intimidados por los militares, pero ¿por qué intimidados? Hoy en Chile existe un total respaldo a los copamientos policiales y controles de identidad matutinos, una fiscalización que la ciudadanía apoya masivamente para recuperar el orden y la tranquilidad. Los noticieros y matinales de televisión están mostrando una iniciativa completamente distinta con la que sí existe un total acuerdo: los copamientos masivos y preventivos liderados por el ministro Martín Arrau, donde Carabineros y las autoridades municipales saturan zonas estratégicas como estaciones de Metro, paraderos y centros urbanos para reducir el comercio ambulante ilegal y los delitos. En cada madrugada de los días laborales, la policía se ubica en los accesos y escaleras del Metro para pedir la cédula de identidad al azar a quienes transitan hacia sus trabajos. El carabinero revisa el carnet, confirma que no hay nada judicial pendiente y el ciudadano se retira tranquilo. Cuando los periodistas abordan en terreno a estas personas, la respuesta es unánime y todos dicen estar de acuerdo con la fiscalización, sin reclamos en los despachos en vivo. Esto abre una pregunta clave para quienes tienen menos de cincuenta años y no vivieron los primeros tiempos del régimen militar de Pinochet, sobre si esta fue la misma actitud del chileno común y no politizado cuando los militares asumieron el poder por la fuerza tras el golpe del 11 de septiembre de 1973. La realidad actual demuestra que la gente de la clase media emergente y de los sectores bajos está totalmente dispuesta a mostrar su carnet en la calle porque, antes del gobierno de Kast, las estaciones mostraban niveles de delincuencia e incivilidades intolerables.

Para cerrar este panorama, el pasado miércoles 17 de junio de 2026 se viralizó en X un video grabado en Valparaíso, donde se ve a Carabineros realizando un control de identidad a varios estudiantes en plena vía pública, muy cerca de un campus universitario. Quien subió el registro comparte ideas de izquierda y comentó con alarma que ya estamos viviendo en una dictadura, condenando lo que considera un hostigamiento policial hacia los jóvenes. Sin embargo, la gran mayoría de la gente en las redes no castigó el actuar de los uniformados, sino que lo apoyó argumentando que esos muchachos perfectamente podían estar haciendo cualquier cosa en la plaza en vez de estudiar o preparar un trabajo. Es cierto que en la calle uno es libre de caminar, pero la realidad es que muchos jóvenes aprovechan esos espacios para tomar alcohol —lo que es una falta legal que faculta a la policía a actuar—, consumir drogas o, en el peor de los escenarios, organizarse con overoles blancos para terminar quemando una micro en la esquina. Las notas de prensa que informan sobre estos procedimientos sirven para que el ciudadano se prepare mentalmente apenas sale de su casa para ir a trabajar. A diferencia de lo que ocurría en los tiempos de la dictadura, hoy un carabinero solo te va a pedir el carnet y, si no tienes deudas pendientes con la justicia, te vas a poder ir caminando tranquilo, cumpliendo el viejo dicho de que el que nada hace, nada teme. En pleno 2026 la policía no te va a violar tus derechos humanos, no te van a mandar detenido a un campo de concentración en la Isla Dawson ni te van a amarrar las manos a rieles de tren para hacerte desaparecer en el mar como ocurrió en el régimen de Pinochet, marcando una diferencia gigante que cualquier ciudadano de a pie puede entender perfectamente. Y eso que los controles sólo los realiza Carabineros, mientras que en tiempos del Estado de Excepción los militares durante el día sólo se quedaban resguardando las calles con una actitud pasiva; si salías al centro a comprar al supermercado, el uniformado no te iba a acostar en el suelo, como sí actuaron en dictadura los agentes de la DINA y la CNI para reprimir a los opositores.

Para complementar, ya que está tan de moda el furor del mundial de fútbol de Norteamérica 2026, muchos chilenos radicados en Estados Unidos explican que previo al primer partido de la selección estadounidense ante Paraguay en la ciudad de Los Ángeles, había mucho contingente militar en las autopistas de la metrópolis. Si bien eso generó incomodidad en los conductores, sus quejas no surgieron mucho efecto; la razón se radicaba en que estuvo pensada la visita del Presidente Donald Trump al estadio, cosa que en definitiva no ocurrió. En un país donde las policías tienen mucha más libertad que los carabineros chilenos para proceder y donde las leyes de la ONU parecen no aplicarse pese a tener su asamblea en Nueva York, los militares actúan sin rendirle cuentas a la ciudadanía; por algo es hoy por hoy la fuerza militar más poderosa del mundo, la misma que en enero de 2026 entró a Venezuela y capturó a Nicolás Maduro sin una fuerte resistencia evidente. La idea del temor por los militares está teniendo cada vez menos apoyo, más aún en un contexto donde el Crimen Organizado actúa con cruel impunidad pasando a llevar las leyes, tal como se ve en el norte de México, fronterizo con Estados Unidos, donde en Ciudad Juárez los soldados de los narcocarteles tienen el descaro de degollar cabezas de mujeres. Ante la idea de una posible invasión estadounidense a esa frontera, la izquierda del país azteca saca el argumento de que el sionismo norteamericano sería la cabeza pensante de todos los abusos que los narcotraficantes, prácticamente dueños de México, cometen contra la población. En este yugo narco, que también se deja ver en los barrios más vulnerables de Chile, uno se pregunta qué diferencias hay con el régimen nazi de Adolfo Hitler en los años 40, pues se ven los mismos síntomas de control violento contra las familias más modestas e indefensas.

Volviendo a los discursos fáciles, cuando en Chile piden Toque de Que da, no es para que se aplique las 24 horas del día. Es sumamente importante hacer esa diferenciación: la gente no está pidiendo un encierro eterno que le impida hacer su vida o salir a trabajar a ganarse el pan. Lo que los sectores populares exigen con urgencia es que la medida se aplique estrictamente en la noche y la madrugada, que es el horario exacto en que los ciudadanos honestos descansan y los delincuentes se toman las calles con total impunidad. No se trata de quitarle la libertad a la gente buena, sino de quitársela a los criminales para que, de una vez por todas, las familias puedan volver a dormir en paz.