domingo, 1 de marzo de 2026

SE FUERON LAS VACACIONES, PERO NO EL CALOR

Marzo ha llegado y con él se instala esa clásica división de opiniones que suele dejar a la población un poco mareada. Para los niños y jóvenes, el mes representa el fin de la libertad y el inicio del rigor escolar, lo que siempre genera caras largas en los paraderos. Por otro lado, para los adultos se traduce en un verdadero dolor de cabeza administrativo, marcado por el retorno a las obligaciones laborales y trámites que parecen no terminar nunca, como el pago del permiso de circulación en los municipios o la revisión técnica. 

Mientras los amantes del frío esperan con ansias un respiro, las temperaturas en el Gran Concepción siguen moviéndose entre los 23°C y 28°C, desafiando cualquier intento de sacar la ropa de invierno del clóset. Curiosamente, en las zonas costeras y puntos turísticos del Biobío como Dichato, Caleta Tumbes, Coliumo, Cocholgue, Caleta Lenga, Coronel, Lota, Laraquete, Arauco, Punta Lavapié, Lebu, Quidico y Tirúa, los residentes locales celebran en silencio que los veraneantes por fin se retiren, devolviendo la calma a sus calles y volviendo estos lugares mucho menos invasivos.

Sin embargo, la creencia de que el frío llega por decreto calendario apenas se cambia la hoja del almanaque es un error. La tendencia del calentamiento global, que ya es una realidad instalada en la sociedad, indica que el calor persistirá con fuerza, al menos, hasta las dos primeras semanas de abril. Se han terminado las vacaciones, es cierto, pero el "horno" sigue encendido. Esta situación se ha observado con claridad en años anteriores: el 29 de marzo de 2023 se registró una máxima de 23°C y el 24 de marzo de 2025 el termómetro todavía marcaba 21°C cuando el otoño ya debería haber tomado el mando. Para este 2026, el descenso paulatino de las temperaturas coincidirá recién con la llegada de Semana Santa y el cambio de hora en abril, momento en que los días terminan más temprano. Científicamente, el clima templado suele aparecer solo después de un sistema frontal que limpie el ambiente a fines de marzo, aunque no se debe olvidar que en años de sequía, como el 2020, la falta de lluvia generó un ambiente deprimente con escarchas matinales incluso en mayo.

La memoria regional mantiene presente lo ocurrido la tarde del domingo 23 de marzo de 2025, cuando Senapred declaró Alerta Roja en el Biobío debido a incendios forestales críticos en áreas rurales de Santa Juana, Hualqui y Mulchén. En aquel entonces, el director regional de Conaf, Esteban Krause, reportaba una situación compleja con ocho incendios activos de un total de quince registrados ese mismo día. La emergencia se extendió hasta el sábado 29, con imágenes impactantes de las llamas en Quilacoya y el humo cubriendo Talcamávida. En el Fundo Centinela de Hualqui, los vecinos clamaban por ayuda ante la cercanía del fuego a sus viviendas. En solo 24 horas, el incendio de Santa Matilde y Los Olivos pasó de 200 a más de 1.700 hectáreas consumidas, e incluso hubo focos de fuego en la Isla Santa María. La tragedia solo se detuvo cuando las precipitaciones del sábado 29 apagaron el fuego y marcaron el fin del periodo cálido, bajando las máximas a un promedio de 20°C, lejos de los 31°C que habían azotado a comunas como Cabrero, Yumbel y Laja días antes.

Este agobio térmico es una consecuencia directa del cambio climático. El pasado verano 2025-2026 fue especialmente duro, con temperaturas elevadas desde mediados de diciembre y festividades de fin de año que superaron los 28°C. En enero de 2026, el megaincendio en Lirquén volvió a golpear la zona; aunque las cenizas bajaron un poco la sensación térmica en Penco, como en Talcamávida y Santa Juana se llegaba a extremos de 37°C. Este desastre opacó completamente la temporada en el borde costero de Tomé, Punta de Parra, Lirquén y Penco, obligando a suspender eventos tradicionales y semanas aniversarios para priorizar la solidaridad. Ahora, aunque las vacaciones se han ido, el calor se queda para acompañar a quienes deben lidiar con los plazos de Impuestos Internos y las tensiones propias del inicio de año. Para quienes están "chatos" del calor y esperan el alivio del otoño, la paciencia será clave: habrá que aguardar hasta que llegue el Domingo de Resurrección para que las máximas de 17°C vuelvan a ser la realidad cotidiana.

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