A más de un chileno le dio un retorcijón de guata al enterarse de los recientes nombramientos en el Gobierno de José Antonio Kast. Que un chiquillo de apenas 19 años en primer año de Periodismo llegue al Ministerio del Interior ganando entre $1,5 y $1,9 millones para ver redes sociales, o que otro estudiante de Derecho cobre hasta $3,7 millones brutos como "experto en gestión", deja a medio mundo masticando la rabia. La crítica no es contra los cabros, sino contra la inconsecuencia de las autoridades. Se supone que una de las grandes banderas de campaña era cortar los "pitutos" y hacer auditorías, pero en la práctica terminan repartiendo la torta con cuchara grande a los amigos. Si la cosa fuera por conducto regular en el portal de Empleos Públicos, lo máximo a lo que podría aspirar un postulante joven en La Moneda serían unos $900 mil pesos, que igual es harta plata para alguien que vive con sus padres. Además, hay que ser francos: estar en primer año de universidad es solo la punta del iceberg. El chiquillo viene recién saliendo de la PAES, pasando el mechoneo y enfrentando ramos básicos e introductorios. Las materias de comunicación corporativa o relaciones públicas se ven recién en tercer o cuarto año. ¿Cómo se justifica pagarle el sueldo de un profesional senior a alguien que ni siquiera ha visto la mitad de la malla curricular?
Mientras todo esto pasa en los ministerios, afuera hay una masa enorme de profesionales titulados que están cesantes, haciendo milagros o vendiendo lo que sea para parar la olla. Esta "cesantía ilustrada" es una realidad durísima que la clase política jamás ha querido reconocer. En las pasadas elecciones presidenciales del 2025 ningún candidato profundizó en el tema: ni Jeannette Jara con sus propuestas sociales, ni Evelyn Matthei, Kast o Johannes Kaiser con un "Pleno Empleo" reducido a la inversión privada. Franco Parisi y el PDG ignoraron los mensajes de titulados sin trabajo en sus plataformas, y Marco Enríquez-Ominami habló de desempleo juvenil en redes sociales pero enfocado en veinteañeros en general, no en la especificidad del profesional que se titula entre los 25 y 30 años. Durante la administración de Gabriel Boric se enviaban propuestas formales a La Moneda para crear un crédito solidario de posgrados y la respuesta oficial era un correo automático diciendo que la idea quedaba "guardada en el buzón". Esa indiferencia de la izquierda explica por qué Kast terminó capitalizando un voto de castigo masivo de los Millennials que querían ver cambios reales, aunque hoy el escenario muestre los mismos vicios de siempre.
Frente a este panorama, en vez de regalar sueldos millonarios a estudiantes de primer año, lo que corresponde es crear un verdadero paquete de ayudas estatales con foco en el mérito para los profesionales que ya tienen el cartón en la mano. El SENCE debiera gestionar cursos gratuitos de especialización semestral adaptados a las necesidades reales del mercado laboral, pagando incluso un aporte económico diario ($) por asistencia para los pasajes. No sacas nada con tener la carrera terminada si al buscar trabajo te piden conocimientos prácticos como SEO o marketing digital que la universidad no te enseñó; con una capacitación corta y acreditada, el profesional desocupado vuelve a ser competitivo. A esto deben sumarse becas de posgrado al 100% de arancel para titulados endeudados con créditos universitarios o que pertenezcan a los quintiles más bajos, entendiendo que hoy un Magíster dejó de ser un lujo y se convirtió en una necesidad de supervivencia laboral.
También urge ajustar la Ficha de Protección Social y el Registro Social de Hogares. Cuando un joven se titula, la lógica dicta que debe independizarse, pero si cae en la cesantía se convierte en un "pobre encubierto" dentro del hogar de sus padres. Es absurdo exigirle meses previos trabajados con contrato para acceder a beneficios o al Seguro de Cesantía cuando el mercado no le ha dado su primera oportunidad. Si el profesional acredita su título ante notario, da lo mismo si viene del Barrio Alto o de una población: debiera poder ingresar al sistema de protección para postular a una vivienda del MINVU o acceder a bonos de transición, dejando de ser una carga económica para sus viejos.
Para romper la porfía de las empresas que siempre exigen "experiencia previa", el Estado debe promover empleos part-time de dos días a la semana o por boleta de honorarios en el SII. Ganar un proporcional de $170 mil pesos no arregla la vida, pero le permite al joven sumar una trayectoria "liviana" en su currículum para postulaciones futuras. Del mismo modo, se necesita un rol protector del Estado como mediador para profesionales en el Espectro Autista (TEA) o Asperger, abriendo instancias de negociación o bonos de transición que eviten la angustia de la desocupación prolongada frente a la rigidez de las empresas o las trabas del IPS para obtener pensiones. Finalmente, para quienes deben migrar desde regiones a Santiago o a las mineras del norte sin tener familiares ni plata para un arriendo, se debieran implementar habitaciones de tránsito del Estado por un plazo máximo de dos meses. Si en ese tiempo la persona encuentra trabajo, presenta su liquidación o saldo de la Cuenta Rut para extender su estadía hasta afianzarse; si le va mal, el desalojo debe ser estricto para evitar sinvergenzuras y permitir que otro profesional use el espacio. Es hora de creer en la magia del mérito y en abrir oportunidades reales, para que un título universitario vuelva a ser la herramienta para salir adelante y no un adorno triste colgado en el living de la casa.


No hay comentarios:
Publicar un comentario