lunes, 4 de mayo de 2026

INJUV: ¿Adiós a la Institucionalidad Juvenil?

La firme es que hoy, lunes 4 de mayo de 2026, la cosa en el INJUV está que arde y no es para menos con la pauta de recortes fiscales que ha marcado el gobierno de José Antonio Kast. La noticia que soltó la Ministra de Desarrollo Social, María Jesús Wulf, confirmando que se vienen despidos porque el 90% del presupuesto se nos va en puros sueldos, dejó a varios tiritando, aunque para ser honestos, a pocos les sorprende realmente. Por un lado tenemos a la exministra Javiera Toro diciendo que hay que reformar pero no borrar la institucionalidad, y por otro, la clásica respuesta de la derecha que asegura que estos organismos nunca han representado a nadie y son puros nidos de militantes. Al final uno hace como que se sorprende, pero todos sabemos que el voluntariado y los cargos ahí siempre han tenido un color político bien marcado hacia la izquierda, como si fuera un requisito no escrito para entrar a trabajar a esas oficinas regionales que, en el fondo, son sucursales de lo que se manda desde Santiago. Acá en Concepción, la famosa esquina de Colo Colo con Cochrane es un hito para los que ya peinan canas o están en camino a eso, porque aunque el INJUV es el sucesor de la antigua Secretaría Nacional de la Juventud de la dictadura, lo refundaron en el 91 con Aylwin cuando volvió la democracia. El discurso siempre fue súper bonito, eso de abrir espacios y la participación, pero en el papel la cosa no prendía mucho a menos que estuvieras metido en un partido político, salvo por esa época de vacas gordas que muchos recordamos con cariño: el tiempo de los famosos Infocentros.

Entre el 2002 y el 2015, esa esquina penquista tuvo su época de oro y le traerá recuerdos a más de algún joven del ayer de nuestros barrios. Cómo olvidar esos días del 2003, cuando afuera del INJUV había una fila eterna de cabros, muchos de ellos con la moda emo que pegaba fuerte, esperando como media hora para que les dieran apenas 45 minutos de internet. Eran tiempos donde los celulares servían para puro llamar o mandar mensajes de texto, así que tener una pantalla al frente era un lujo total para la gente de esfuerzo. Al cateo uno podía contar fácil a 50 jóvenes esperando desde el semáforo hasta el mesón atendido por el encargado. La mentalidad de la institución en ese entonces era bien lúdica, te ofrecían hasta mesa de ping-pong y podías leer el diario mientras esperabas el turno. Lo mejor era el ambiente, porque el encargado ponía El Portal del Web en la Radio Rock & Pop a todo chancho y el lugar parecía más un pub que una oficina pública, pero era entretenido y nos sacaba de la rutina de forma sana. Ese diario mural de la entrada era como el TikTok de la época pero en papel; ahí encontrabas de todo, desde afiches de tocatas hasta avisos de piezas en arriendo o alguien que ofreciera clases de matemáticas. Incluso el baño del Infocentro salvó a más de un peatón apurado por ser gratis, aunque por ahí por el 2005 ya las paredes estaban todas rayadas. Si necesitabas imprimir un certificado para buscar pega, llevabas el disquete o el pendrive y el encargado te hacía la movida sin cobrarte ni un peso.

Pero la tecnología no perdona y cuando el Wi-Fi empezó a masificarse por el 2009, el flujo de gente bajó y los usuarios empezaron a envejecer, convirtiéndose casi en un centro comunitario sin límite de edad. Muchos dicen que el sistema Linux que tenían los computadores no enganchaba tanto como el Windows que todos conocíamos, pero igual se usaba por necesidad. Ya por el 2012, de los 15 equipos que había, con suerte veías a cinco personas ocupándolos. Las reglas cambiaron y podías estar horas navegando porque ya nadie hacía fila, pero la velocidad era tan lenta que te terminabas aburriendo de puro esperar que cargara una página. Para el 2015, con los Android y los iPhone en el bolsillo, el computador pasó a ser el celular y los laboratorios del INJUV quedaron como un recuerdo nostálgico. Al final, por el 2016 el INJUV trató de cambiar el foco y empezó a llevar a niños del Sename para que se conectaran, tratando de cumplir un rol más social, pero la infraestructura ya no daba para más. Hubo un momento en que el INJUV tenía infocentros en muchas comunas, pero luego del 2010 quedó uno solo en todo el Gran Concepción, perdiendo ese rastro que tenía en las poblaciones más alejadas. 

La verdad es que, aunque se intentó hacer congresos de líderes y ferias musicales como esos eventos masivos en la Laguna Grande de San Pedro en 2016, la mayoría de los jóvenes iba solo por la internet. Nunca se valoró pedir asesorías para proyectos porque esas capacitaciones nunca fueron muy inclusivas ni se difundieron tanto en las comunas dormitorio; siempre llegaban los mismos de siempre invitados por los burócratas de turno. Lo que sí funcionó de maravilla fue como trampolín político. Acá en la zona tenemos ejemplos claritos como Alejandro Navarro, Víctor Hugo Figueroa o Álvaro Ortiz, que usaron la vitrina del INJUV para saltar a otros cargos. También recordamos esas funciones de cine chileno en las plazas, como cuando daban Sexo con Amor en el verano con el logo del Banco Estado gigante, bien de la mano con la burocracia de esos años. Y qué decir de la Tarjeta Joven que regalaban en la Plaza Independencia; tenía una intención linda pero en la práctica no servía para nada. Te daban un 10% en una peluquería de galería o un descuento en instrumentos musicales que casi nadie de la pobla aprovechaba, así que la tarjeta terminaba de adorno en la billetera. Al final, no fue un espacio donde se orientara al talento anónimo, a esos diamantes en bruto que andan deambulando por nuestros barrios. Nunca se les dio el dato de una tutoría o una capacitación gratis un sábado por la tarde para demostrar su talento y pelear un espacio sin tener que deberle favores a un partido. Por eso, hoy que se habla de cierres en este 2026, uno piensa en toda esa gente que se limitó a leer el diario frente al mesón, esperando su turno para el chat, porque nadie les abrió la puerta de verdad. 

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