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| La RADIO siempre te apaña, en todo momento ¿¡ Si o no !? |
Es un hecho.
El estruendo del penal definitivo que selló el regreso al profesionalismo no fue solo un grito de gol, sino el sonido de una cadena rompiéndose tras casi una década de exilio. Desde que el club perdió su lugar en el circuito rentado, la hinchada de Lota Schwager aprendió a transitar por los campos más duros del amateurismo, alimentando una fe que encontró su primer gran respiro con aquel título de la Tercera B. Lo vivido recientemente representa la hazaña más relevante en años, marcando el retorno oficial a la Segunda División Profesional ante la mirada de miles de mineros que repletaron el Estadio Ester Roa Rebolledo. Este logro ha sido festejado con fervor por el pueblo minero, tanto por quienes asistieron al recinto penquista como por ese amplio porcentaje de lotinos y coronelinos que, por diversas circunstancias, se han mudado a otras latitudes y enviaron sus saludos emocionados a través de las plataformas digitales.
Sin embargo, este salto de categoría marca automáticamente el fin de las transmisiones gratuitas por redes sociales, un detalle del que muy pocos aficionados se percatan en medio de la euforia. La razón es estrictamente reglamentaria, ya que en las competiciones del amateurismo cada medio o club tiene la libertad de transmitir los partidos de forma gratuita con sus propias cámaras, permitiendo que cualquier señal local instale su equipo. Esta realidad cambia abruptamente al subir a una categoría con estándar profesional, donde las transmisiones tienen derechos reservados. Ya se ha visto en temporadas anteriores que la Segunda División suele centralizarse en plataformas de pago bajo suscripción, mientras que en categorías superiores los derechos pertenecen a grandes cadenas televisivas. Es un proceso similar al que vivieron otros clubes de la zona, donde el auge de las transmisiones románticas en Facebook terminó con el ascenso, obligando al hincha a pagar por ver a su equipo, salvo por excepciones que emiten los encuentros en diferido.
A pesar de esta privatización de la imagen en televisión digital, el éxito deportivo devuelve el protagonismo a una herramienta que muchos daban por olvidada frente al video: la radio. En el formato radial no existen las restricciones de derechos de imagen, lo que representa una oportunidad de oro para las emisoras locales que pueden ser el refugio democrático para quienes no deseen suscribirse a planes de pago. Gracias a la tecnología actual, el fútbol de la "Lamparita" puede ser sintonizado más allá de la Cuenca del Carbón, permitiendo que un auditor en cualquier rincón del mundo escuche el relato por señal FM o mediante plataformas digitales. El uso de aplicaciones de radio permite que un hincha en zonas apartadas mantenga su conexión con el equipo, demostrando que mientras la imagen se cierra bajo llave por contratos comerciales, el audio sigue siendo un puente libre que une a la provincia.
Lo paradójico de este cambio de etapa se evidencia al comparar la facilidad para seguir la actualidad de la Primera División frente a la precariedad de los torneos de pretemporada o del ascenso. Mientras el fútbol de élite cuenta con una cobertura radial masiva que permite conocer resultados al instante, las competiciones locales suelen sufrir una ausencia casi total de medios, con contadas excepciones de radios regionales que cubren a sus clubes con transmisiones gratuitas en línea. Resulta curioso que, en ocasiones, los mismos organizadores de torneos sean incompletos al entregar datos de sus propias competiciones, dejando al hincha en la oscuridad informativa. En este nuevo escenario, Lota Schwager se enfrenta al desafío de no quedar en ese vacío comunicacional, confiando en que la radio retome su lugar histórico para que siempre sea más fácil sintonizar el dial que buscar un resultado que nadie publica.



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