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lunes, 29 de septiembre de 2025

Comentario: ¿Un Mensaje de WhatsApp o un Ojo Discreto? La Paranoia del Peatón Detenido

Hay motivos también para DESCONFIAR !
HAY MIEDO

El simple acto de salir a la calle se ha convertido en una especie de ruleta rusa en muchos barrios de Chile, un escenario donde la potencial presencia de "espías" o vigilantes del crimen es una suerte de azar incómodo. 

La calle, ese espacio que por derecho nos pertenece, se ha transformado en un lugar donde la libertad de movimiento coexiste con una vigilancia silenciosa.      

Vemos a personas detenidas en una esquina mirando su teléfono móvil, y la duda se instala: ¿están honestamente concentrados en la pantalla, o están aprovechándose de ese momento para observar y "marcar" una casa? Es profundamente traumante la conciencia de que en la vía pública no existe absolutamente nada que restrinja a una persona a detenerse y, de forma disimulada, escudriñar nuestro entorno. Para muchos, este miedo es real, incluso sin haber sufrido una tragedia directa, pues la sola idea de que un hecho repentino e inesperado pueda entorpecer el camino a sus trámites o a su vida normal genera una carga de estrés y trauma difícil de llevar. 


 Esta atmósfera de sospecha ha modificado hasta los hábitos más básicos. Con tal de evitar ser señalados o vistos como posibles delincuentes –o simplemente para no convertirse en un blanco fácil–, muchas personas optan por no mirar el celular hasta llegar a un lugar cerrado o, si lo hacen, se refugian en una plaza, a varios metros de distancia de las viviendas. 

Si bien la idea de gestionar amplios patrullajes y prohibiciones es incómoda y atenta contra la vida en comunidad, la situación a veces lo amerita. No deberíamos sentir temor en nuestros propios hogares, pero la invasividad de ciertos barrios donde la calle está demasiado cerca de la vida íntima ha llevado a pensar en alternativas de vivienda que ofrezcan mayor tranquilidad.                                                                                                            

¿Cuál será la intención del SAPITO?
Esos barrios invasivos son agotadores; el vecino que busca paz se siente constantemente observado. Incluso el peatón que circula corre el riesgo, y detenerse a ver el celular justo al lado de una casa, a la vista de todos, se vuelve un acto de riesgo (por supuesto que mucho más para el vecino quien inmediatamente corre a la ventana para cerrar las cortinas).

En este juego de apariencias, los anteojos de sol o gafas a menudo se convierten en una fachada perfecta para ocultar la verdadera intención y mirada del sujeto. Esos elementos pueden disimular ciertos rasgos que, de otro modo, delatarían la maldad: una sonrisa burlesca, una expresión despectiva o un escrutinio demasiado fijo. El rostro se vuelve una máscara más de la inseguridad, donde cada gesto es analizado bajo la lente del miedo.

 Es cierto que, estadísticamente, del total de personas que caminan casualmente fuera de casa, es poco probable que justo alguien te esté esperando para agredirte violentamente —apuñalarte por la espalda, intimidarte con un agarre de cuello. Sin embargo, las últimas noticias policiales han instalado un pánico más oscuro: la figura del sicariato, donde el objetivo es la aniquilación inmediata de la víctima. Ya no es solo el robo, sino el intento de quitar la vida de forma abrupta e irreversible, un nuevo nivel de violencia que eleva el umbral del terror cotidiano. Condenamos enérgicamente a esos sujetos que, de la nada, llegan a un lugar para hacer daño, truncando vidas y sembrando el pánico con una violencia gratuita e injustificada.

En este panorama, la prevención se vuelve una tarea compleja. Por un lado, la falta de dotación policial limita los patrullajes en los barrios. Por el otro, la obligación ineludible de salir a la calle para cumplir con el día a día —ir a trabajar, al colegio, a comprar— nos expone constantemente. Basta un disparo para causar daños graves; si la víctima sobrevive, las secuelas físicas y psicológicas marcarán su vida para siempre. La inseguridad no es solo un titular, es una sombra constante que obliga a vivir con el cuerpo en alerta, esperando el momento en que la suerte, o el azar, decida mirarnos de frente. Es urgente encontrar soluciones que devuelvan la paz a quienes solo desean vivir y transitar sin temor.           

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