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lunes, 9 de marzo de 2026

SAN PEDRO DE LA PAZ: El Parque Laguna Grande oxigena tu alma

 Habitar el Gran Concepción implica convivir con el pulso acelerado de la segunda urbe más grande de Chile, pero también nos regala la suerte de contar con parajes de desconexión que se lucen especialmente cuando llega la primavera.                          

Uno de estos pulmones verdes fundamentales es el Parque de la Laguna Grande en San Pedro de la Paz, un rincón que esconde una curiosa paradoja: aunque este cuerpo de agua comprende 155 hectáreas en total, el ciudadano común de a pie solo tiene permitido recorrer oficialmente 11 de ellas. Mientras el resto del perímetro se fragmenta en recintos particulares y sitios exclusivos, este parque en la Villa San Pedro se mantiene como el único balcón público y gratuito para interactuar con la frescura del agua, siendo para muchos el corazón de esta "comuna dormitorio".

La historia de este espacio nos remonta a los años 60, cuando se instaló la entonces Villa San Pedro bajo la jurisdicción de Coronel. En aquel tiempos, la laguna era un refugio natural que acompañaba a los primeros vecinos en una paz absoluta, lejos del atochamiento y de la inseguridad que, tristemente, hoy empañan la realidad local. Fue precisamente esa promesa de naturaleza la que atrajo a familias en busca de un barrio tranquilo, bajo una iniciativa constructora que originalmente fue impulsada por el Estado. Tras el nacimiento de la comuna propia en 1996, el crecimiento se dividió entre una inversión inmobiliaria que hoy genera más críticas que beneficios, y un impulso municipal por convertir estos parajes en un paseo de estándar regional.                                                                                                                    

Hacia el año 2005, el Parque Laguna Grande ya se consolidaba como uno de los destinos más atractivos de la zona, adelantándose por mucho a sus vecinos. Mientras comunas como Penco aún no tenían costanera y localidades como Dichato o Talcahuano esperaban la reconstrucción tras el terremoto de 2010 para embellecer sus bordes, San Pedro ya contaba con su anfiteatro, pistas de patinaje, ciclovías y mobiliario urbano moderno. Se dejó atrás aquella época más rústica donde los conductores simplemente estacionaban sobre el pasto húmedo para mirar el paisaje desde el vehículo, transformando el lugar en un centro de eventos que, aunque hoy se siente algo rutinario, jamás ha perdido su encanto original.

Desde el año 2008, el anfiteatro ha cobrado una identidad cultural muy marcada, siendo epicentro de ferias y actividades con una fuerte connotación política y social que a menudo lo lleva a ser caricaturizado como un "parque zurdo". Sin embargo, más allá de las etiquetas, sigue siendo un punto de encuentro para la clase media que busca capear el ruido urbano. Lo mejor es que el acceso es siempre libre y sin cercos, permitiendo que cualquier transeúnte lo visite las veces que quiera, incluso si de noche el anfiteatro cuenta con vigilancia para resguardar su infraestructura.

Llegar desde el centro de Concepción es sumamente sencillo, pues el parque se ubica a solo cinco kilómetros cruzando el Puente Llacolén. El bus te deja en la calle Los Fresnos, a pasos de una entrada flanqueada por enormes pinos y zonas de columpios. El parque ofrece un pequeño muelle de madera y vistas hacia los cisnes de cuello negro que nadan a lo lejos, aunque es vital recordar que la laguna no es apta para el baño. Si bien el vandalismo ha deteriorado algunos antiguos miradores sobre el agua, el entorno sigue invitando a pasear entre jardines y ferias de artesanía que suelen instalarse en la placita central.                         

Para los más aventureros, existe un sendero rústico y angosto que bordea la orilla por un pequeño cerro a un costado del anfiteatro. Aunque no es un camino formal y lamentablemente la falta de vigilancia permite que algunos inescrupulosos dejen basura, es el punto ideal para sentir las vibras del sur. En primavera, el aroma a pino y el viento fresco que sopla desde el horizonte de la laguna crean la ilusión de haber viajado cientos de kilómetros, logrando un silencio que nos permite alcanzar el equilibrio tras una semana densa de ruidos molestos y tratos distantes en la ciudad.

En cuanto a la logística, la Villa San Pedro es un barrio netamente residencial y su oferta gastronómica es limitada. En la entrada del parque encontrarás algunos "Food Trucks" que venden productos para salir del apuro, pero no hay supermercados ni grandes restaurantes a pasos de la laguna; el local más cercano es un Supermercado Ganga que requiere caminar varias cuadras. Los restaurantes de Avenida Michimalonco están aún más lejos y apuntan a otro presupuesto, por lo que el kiosco de la entrada es la única opción inmediata. Lo más inteligente es preparar el "cocabit" en casa y traerlo en la mochila para disfrutar de una tarde completa sin complicaciones.

Este parque es, en esencia, un lugar que ayuda a oxigenar el alma y recomponer energías. Es el destino favorito para cientos de veraneantes y familias durante los fines de semana, especialmente cuando la municipalidad organiza eventos artísticos o musicales. Al final del día, estar solo veinte minutos frente a la laguna ayuda a renovarse y recargar energías, alcanzando ese equilibrio tan necesario cuando el entorno se vuelve hostil. Saque usted sus propias conclusiones sobre el acceso restringido al resto de la laguna, pero no deje de aprovechar este rincón que nos permite sentir el sur sin salir de la ciudad

domingo, 21 de diciembre de 2025

¡YA ES VERANO! Y toma nota de estos lugares donde podrías pasar tus vacaciones acá en la Región del Bio Bío

Toma nota de estos recorridos del transporte público, por si no tuvieras las lucas para salir de la región y ves que debes conformarte con pasar el verano en tu ciudad no más (Como a muchos)

Tranquilo
Si tomas estos recorridos verás que tu zona ES UN BELLO LUGAR
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Más lugares

domingo, 30 de noviembre de 2025

Datos para viajar dentro de la Región del Bio Bío, EN BUS (Vacaciones de verano con pocos pesos $)

Sabemos muy bien que para estas vacaciones de Verano (Que ya se nos avecinan) NO TODOS TIENEN LOS RECURSOS PARA PEGARSE UNA ESCAPADITA DE LA CIUDAD.

¿Y qué mejor?
Que recorrer nuestra Región del Bio Bío.

Acá te damos datos PARA SALIR A PASEAR EN MICRO
A tres lugares







domingo, 23 de noviembre de 2025

PLAYA DE PENCO: Donde la playa se encuentra con el mar (Texto versión 2025)

La Playa de Penco, en la Región del Bio Bío, es mucho más que un balneario concurrido; es un testigo silencioso de la historia de la ciudad de Concepción. Desde sus orígenes como puerto colonial en 1550 hasta su resurgimiento como un popular destino de veraneo tras el traslado de la urbe en 1751, Penco ha navegado entre épocas. A pesar de una crisis en los años 90 que afectó su vitalidad y calidad ambiental, la playa se ha recuperado y transformado en un dinámico epicentro social, cultural y deportivo. Con una infraestructura renovada, amplios espacios para el ocio, y una destacada calidez de sus comerciantes, Penco hoy ofrece una mezcla de patrimonio, conectividad y vida costera activa, constituyéndose como un vibrante punto de encuentro a pasos de la capital regional. 







   La Playa de Penco marca profundamente la historia de Concepción. Desde la fundación original de la ciudad en 1550, este lugar funcionó como un crucial puerto de embarcaciones coloniales, siendo el principal punto de salida hacia el exterior en aquellos años. Tras el devastador terremoto de 1751, Concepción fue trasladada a su ubicación actual en el Valle de la Mocha, dejando la antigua ciudad en ruinas. Aunque la mayoría partió, algunas familias se resistieron a salir entre 1751 y 1823. Ilustraciones del Siglo XIX capturan la melancolía del lugar, mostrando la vieja Concepción en ruinas junto al mar, habitada por unos pocos pobladores y con una palmera solitaria en crecimiento.

Con su refundación legal en 1823, Penco se transformó paulatinamente en uno de los balnearios más concurridos de la Región del Bio Bío. Ilustraciones de fines del Siglo XIX (cerca de 1890) muestran a familias de élite paseando por la zona, evidenciando la existencia de baños de mar, el Hotel Coddou y varias casonas utilizadas como hospedaje para las familias más acaudaladas. Una de estas casonas, con más de 100 años de historia, ha sido restaurada hoy como un atractivo restaurante frente al mar. El Siglo XX consolidó a Penco como uno de los balnearios más "top" y visitados. Sin embargo, el cierre de la fábrica Lozapenco en 1990 desató una crisis económica y moral en la comuna hasta aproximadamente 2005. La playa misma se contaminó, prohibiéndose el baño hasta 1999, marcando los 90's como su momento más crítico.               







Actualmente, la playa no es solo un lugar de descanso, sino un vibrante punto de encuentro. En verano, acoge la popular "Semana Aniversario" o "Semana Pencona", además de diversos eventos artísticos durante el año, organizados tanto por agrupaciones sociales como por la municipalidad. Es una de las playas más cercanas y con mejor conectividad desde el centro de Concepción. Las actividades son variadas y reflejan su carácter dinámico: juntas nocturnas con amigos, paseos en bicicleta, partidos de fútbol y voleyball playa, trotes matutinos, salidas con mascotas, y práctica de calistenia y ejercicios. Es común ver grupos de jóvenes reunidos con música a alto volumen, una práctica normalizada por los lugareños, y a muchas familias disfrutando de un paseo. La costanera cuenta con juegos infantiles, como columpios.

Desde 2013, la playa ha experimentado avances significativos en infraestructura: se inauguró la Costanera, se demolieron antiguos focos de incivilidad, se construyó un puente sobre el estero, un amplio estacionamiento (a veces usado para Food Trucks), y una vasta zona deportiva que incluye cancha de patinaje, zona de calistenia y un skatepark cercano. Para 2030, se proyecta extender el Biotrén hasta Penco, con una eventual estación a pasos de la playa, lo que reforzaría aún más su conectividad. Este proyecto ferroviario tuvo un viaje piloto en el verano de 2024, tras 40 años de abandono de la línea férrea.                                           


 

  Uno de los elementos más destacables es la sensación de bienvenida que experimenta el veraneante, especialmente por parte de los comerciantes. Ante cualquier consulta, los lugareños están en su mayoría dispuestos a responder, ya sea en la zona colindante a la playa o en las calles de la comuna. La variedad comercial es amplia, desde emprendedores vendiendo "cachitos" en la arena hasta supermercados que ofrecen bebidas.

La disponibilidad horaria de restaurantes y picadas costeras es amplia. Cerca del mar, entre los sectores de "Los Años Locos" y "Casinoriente", hay alrededor de tres a cuatro restaurantes, además de una heladería en la entrada y varios Food Trucks con precios económicos en la costanera, ideales para quienes andan con el bolsillo ajustado. Aunque suelen abrir entre la hora de almuerzo y la tarde-noche, algunos locales pueden abrir por las mañanas, por lo que se recomienda consultar sus medios digitales.                                           




 También hay opciones para degustaciones menores. A pasos de la entrada a la playa por calle Maipú, hay almacenes donde se pueden comprar empanadas fritas de mariscos. Este tramo de calle conecta la Plaza Los Conquistadores y la playa a solo dos cuadras, siendo además un lugar de paso hacia y desde los paraderos de taxibuses con destino a Concepción y Tomé.

Aun con las calles transitadas de la comuna y el ambiente activo que la aleja de ser un lugar bucólico después de las 13 horas, el desestrés está garantizado. Entre la costanera y el mar, el amplio ancho de la arena permite atenuar el ruido de los autos. 

Además, en el sector de la entrada ya no transitan los buses, y por supuesto existen algunos rincones aislados esto en los dos extremos de la playa, ofreciendo así atajos silenciosos aunque el tránsito nocturno por estas zonas (cerca de las 22:00 horas los viernes y sábados) puede requerir cautela debido a apagones o grupos consumiendo bebidas.                               





 El espacio de la arena es amplio. Aunque los días estivales concentran aglomeraciones cerca de la entrada y la plaza, siempre es posible encontrar un sitio para que veraneantes, parejas, familias y amigos instalen su toalla y disfruten del relajo. Si bien el paso casual de otras personas es parte del paisaje, siempre hay espacio disponible para ganarse y disfrutar la tarde.  

Las únicas calles colindantes con la playa son de tránsito restringido, con poco flujo de taxibuses, o calles ripiadas que técnicamente impiden la alta velocidad, a pesar de que en las céntricas de Penco el flujo es amplio y a ratos la velocidad es alta, especialmente de noche. El municipio proyecta pavimentar un tramo de calle Blanco entre Yerbas Buenas y la Casona, lo que, de concretarse, podría aumentar la intensidad de la velocidad vehicular en la zona.     


 

Una medida reciente y distintiva es la política de Estacionamientos Gratis impulsada por el actual alcalde Rodrigo Vera (desde Diciembre de 2024), única en las playas de la zona, a diferencia de otros balnearios donde se cobra parquímetro. Si bien antes se aceptaban aportes voluntarios para el cuidado de autos, nunca fue obligatorio pagar por estacionarse cerca de la playa. Esta medida, bien intencionada, ha generado polémica debido al creciente parque automotriz de Penco, resultando en calzadas ocupadas por autos, ruidos molestos y alto flujo, lo que ha llevado a vecinos a sugerir la instalación de parquímetros para equilibrar la situación.                                                                                  



 Finalmente, es importante mencionar algunas falencias. 

Penco es un lugar muy invasivo y poco silencioso. A menudo, se acumula basura en la arena cada tarde y esto es debido a veraneantes imprudentes, aunque un amplio contingente de trabajadores de aseo y ornato opera cada mañana para limpiar (Así también los últimos dos alcaldes han gestionado instalación de tachos donde botar basura en toda la playa). No existen rincones apartados de la urbe, ya que incluso la rústica Desembocadura del Río Andalién es visitada. Además, no es una playa de arenas blancas y presenta acumulación de algas y guano en la orilla del mar. 

En conclusión, por ser un lugar muy visitado, Penco atrae a todo tipo de personas, clasificables en tres grandes grupos: familias, deportistas aficionados (en la mañana) y grupos de amigos que consumen bebidas, transformando la costanera en una especie de pub al aire libre pasada las 21:00 horas, una práctica normalizada en Penco. Mientras los forasteros la usan como descanso, otros la ven como un punto de encuentro, a la par con la Plaza Los Conquistadores, o incluso como un bar al aire libre. De todas formas, no se puede negar que esta playa es dinámica debido a su: cercanía y conectividad con Concepción, infraestructura renovada, amplia oferta gastronómica, calidez de sus comerciantes, diversidad de actividades deportivas y sociales, y su profundo valor histórico.            


Más lugares donde salir 

Caletas de pescadores

Caleta Lo Bagres (Tomé)   


Parques y cerros

Cerro Caracol (Concepción)                                                      

viernes, 31 de octubre de 2025

Paseos de primavera: El Secreto Hídrico del Campus UdeC. La Cascada Escondida

Si bien la ciudad de Concepción ya se distingue por la cascada en el Cerro Caracol/Parque Ecuador, existe otro hermoso rincón hídrico que permanece resguardado en los confines del Campus de la Universidad de Concepción (UdeC). Conocido popularmente por su ubicación como la "Cascada UdeC", este salto de agua es el sitio natural más reservado y escondido de la casa de estudios. Su fama se cimienta, precisamente, en ser un oasis de naturaleza dentro del predio universitario.                                                                                                         

El periodo ideal para disfrutar de la plenitud de esta caída de agua coincide con las estaciones de mayor humedad, específicamente el otoño, el invierno y parte de septiembre. En estos meses, el riachuelo que desciende desde la altura de los cerros aledaños exhibe un caudal considerable. Por el contrario, en la época estival, la escasez de precipitaciones reduce notablemente el flujo. El curso de agua, tras precipitarse, genera un pequeño charco natural en la base, y su recorrido finaliza en unos tanques metálicos cercanos al sitio eriazo. 


    

   El sendero para llegar a esta formación natural es breve. Partiendo desde los edificios más apartados del campus, como el Centro de Biotecnología, un camino de ripio de corta extensión guía al visitante. Este trayecto, mayormente recorrido por peatones, asegura un ambiente de sosiego. A pocos metros, el camino desemboca en un terreno despejado, resguardado por densos bosques y colinas que abrazan el sector. Hace décadas, este espacio albergó una cancha de "baby fútbol", utilizada por la comunidad estudiantil. Como es habitual en la UdeC, el acceso es libre para quienes visitan, sin vigilancia constante, aunque el tránsito esporádico de guardias en motocicleta puede ocurrir, sobre todo en horas avanzadas de la noche.

A pesar de su aislamiento, el paraje recibe visitas de manera moderada. Es frecuentado por quienes buscan un instante de paz, abarcando a estudiantes y miembros de la comunidad en general. Es un sitio que se distingue por el respeto de sus visitantes, con incidentes de daño o incivilidades siendo sumamente raros, lo que acentúa su ambiente tranquilo.                        



Últimamente, la difusión a través de plataformas digitales ha visibilizado este lugar: entusiastas de las redes sociales lo promueven como una alternativa para huir del bullicio. Esta característica es, sin duda, su mayor atractivo: el ensordecedor ruido vehicular que afecta la rutina citadina se encuentra muy distante de esta zona. Este destino se configura, así, como un excelente paseo primaveral o un respiro durante la actividad laboral y académica, ofreciendo un espacio de desconexión sin la necesidad de salir de Concepción.  


Más lugares donde salir en esta PRIMAVERA
 

TOMÉ 


CONCEPCIÓN 



PENCO 

viernes, 15 de agosto de 2025

LA ISLITA: El rinconcito sencillo, “piola” y menos promocionado de Cocholgue

Otra playa al norte: Playa Blanca de Coliumo (Texto de 2019)

Otra playa al sur: Caleta Chica de Cocholgu


IMÁGEN REAL (0% de Inteligencia Artificial)
Ubicado varios pasos al norte de Caleta Grande, protegido con piedras difíciles de caminar  

Es un sitio muy tranquilo y silencioso, que sin contar con el glamour propio de una localidad turística, pasa a ser un punto de escape para quienes estén muy expuestos a la rutina diaria de la ciudad durante la semana. Algunas familias vienen a acampar por este lugar, aunque por seguridad es recomendable ir durante el día (no en la noche) ya que “La Islita” no cuenta con iluminaria eléctrica.

De todas maneras el rincón está únicamente rodeado por el cerro que colinda con la playa, garantizando así conexión con la naturaleza. No llega camino para vehículos, y el acceso a este solitario rinconcito consiste únicamente en pisar (con un mínimo de complejidad) algunas piedras de gran tamaño.

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Esta historia comienza con un simple paseo en colectivo desde Tomé a Cocholgue, y llegando a esta última localidad...el chofer te pregunta ¿dónde te vas a bajar? Si lo harás en Caleta Chica (mano izquierda) o en Caleta Grande (mano derecha), en esta segunda opción encontrarás el porcentaje más poblado de la localidad, además de un pintoso restaurante y una playa que en rigor solo alberga los botes de pescadores. Así también es común ver un tendedero con pescadas secas frente al sol.                           


 De la calle principal llegas hasta al final, y bajando hacia la costa lo haces a través de una escalera peatonal.   

 Apenas pisas la arena, doblas a mano derecha para llegar a este punto que mencionamos LA ISLITA.   

 Quienes han ido más de alguna vez a Tomé podrán notar que dentro del “folklore” local su gente hace una clara distinción entre dos tipos de balnearios: los turísticos y los rústicos. Este punto denominado “La Islita”, que en realidad no es una isla propiamente tal, forma parte de esos lugares que están en el común de los lugareños pero que carecen del glamour adecuado para atraer afuerinos (Son bellos, pero demasiado naturales), así como pasa con otros puntos como “La Playa de los Gringos”, “Villa Cocholgue”, “El Fuerte”, “Montecristo”, “El Túnel”, etc.                        

Ahora, quizás el nombre “Islita” se debe a que sólo se llega caminando unas piedras gigantes que unen el mar con el cerro...a lo más habrá un pedacito muy pequeño de arena lisa para calmar un poco la molestia en los talones. Pero como alguien dice por ahí, al final del túnel se encuentra la luz. Entonces este sacrificio de aguantar las piedras en el camino traería consigo una bella recompensa, que es….disfrutar de un rinconcito casi paradisíaco.

Este rincón tiene un considerable espacio de arenas finas, donde se puede acampar o bien desconectarse (un rato) de la rutina. Aunque para bañarse aquí en el mar es algo incómodo, por mucho que aquí el oleaje sea demasiado suave la orilla del agua tiene una excesiva acumulación de algas, además ¡claro! de sentir una temperatura bastante tibia. ¿Lo imaginas? Puedes caminar varios metros al interior, pero tus piernas se llenarán de plantas marinas (algas) lo que te producen así un verdadero estorbo. Igual es un punto cálido, quizás a las 18 horas (en horario de verano) puedes apreciar mejor la naturaleza que rodea el lugar. Lo que importa es el silencio que allí se siente.   



    A continuación vamos a describir varios de los detalles que presenta este lugar:


El entorno que rodea a esta playita es relajante, sobre todo en horario vespertino. Como sólo se accede de manera peatonal, es motivo para que casi todo el contorno sea natural. Un cerro tipo acantilado, con arboles de tamaño mediano y hojas secas, rodean el sector de la arena. Además hay algunos matorrales de zarzas con ramas de espinas, de especial cuidado si el curioso quiere evitar dañarse los dedos (que la aguja no saque sangre si logra tocar la piel). Pero al menos la playa cuenta con un espacio considerable y plano, donde los visitantes pueden cómodamente colocar sus toallas.                                                      



Fuente: @caleta_cocholgue (INSTAGRAM)
 Y aunque el lugar sea deshabitado también percibes la agradable sensación de ser acogido (sentirse bienvenido). La gente de Tomé es muy cordial, quizás sean los más simpáticos de toda la Provincia de Concepción, y pareciera que la atención casual de los otros visitantes no sean la excepción. Para favores mínimos como la hora o “dateos” de otros lugares cercanos, siempre están dispuestos en atender. Cuando se sale de la casa dispuesto a disfrutar, hace que la actitud sea de las más optimistas, y ese tipo de detalles en cuanto al trato ayudan si de recomponer energías se trata.   



Silencio para leer UN LIBRO
 Como el rincón está distanciado del resto de Cocholgue a través de rocas grandes, “La Islita” de por sí es un rincón exclusivo o protegido. Si el visitante tuviera la fortuna de estar sólo en este punto podría perfectamente leer un libro, escuchar su MP3 con audífonos, descansar, orar o meditar, actividades que habitualmente no las puede hacer tranquilo en su domicilio a causa de la contaminación acústica (ruido de los vehículos). Si de buscar algo de soledad se trata, eso es más probable que lo encuentre desde otoño a primavera ya que en verano siempre habrá 1 o 2 familias haciendo camping en este lugar.

Igual el color de la arena es de tono claro, lo que a la vista de cualquier transeúnte se ve un rincón acogedor. Aunque en las horas más intensas de calor se sienten los rayos ultravioletas provenientes del sol, por lo que algo de bloqueador en la piel siempre es esencial y así evitamos algún síntoma de cáncer. Pero esta playa no siempre se ve despejada, ya que varios objetos naturales se ven dispersos en la arena, muchas veces son hojas secas o pequeños troncos de plantas aledañas. Ahora, rara vez se ve sucio por lo que quienes acampan en el lugar suelen ser muy preocupados con el cuidado del borde costero (si algo de envoltorio se ve tirado, en verdad que son bien pocos).



 Aquellos que quisieran darse un relajo legal en “La Islita” están de alguna manera resguardados, ya que literalmente ningún vehículo puede hacer ingreso al rincón, incluso hasta algún tipo de motorista tendría dificultades de entrar porque el acceso desde Caleta Grande (Cocholgue) es a través de rocas que conectan el cerro con las olas. Dos cosas, las bebidas se compran preferentemente en algún supermercado de Tomé porque si bien la localidad cuenta con almacenes no tienen la variedad que el consumidor quisiera. Además, las Fuerzas Policiales no disponen de un cuartel cercano a Cocholgue (Ni siquiera hay retén) por lo que una posible inspección o fiscalización abarcaría un trayecto de cuatro kilómetros desde el mismo centro de Tomé (Donde está la Comisaría de Carabineros más cercana), eso incluye una larga subida de cerro y una posterior bajada hacia la caleta. Aunque esta comuna también cuenta con otro cuartel que es de la Policía de Investigaciones (PDI). Así que saque sus conclusiones. ¡Relájese no más hermano!             



El desestrés está muy garantizado, en parte por las razones que anteriormente explicábamos. Está rodeado por entornos naturales. Está aislado del poblado más cercano, aunque Cocholgue está a solo unos pasos. Las rocas son el único acceso a este lugar. El espacio es pequeño que no da cabida para un escondite de posibles sujetos peligrosos, ya que todos se ven quienes descansan y comparten en el lugar (Si estás en el rincón norte de esta playa, no hay nadie detrás tuyo. Un punto seguro). El oleaje del mar es suave (salvo por el detalle de la acumulación de algas en la orilla). Independiente de si el transeúnte consume bebidas, las buenas vibras se perciben sobre todo en la puesta de sol (Aunque el transporte público de retorno a Tomé hace su último recorrido antes de las 21 horas, cuidado con ese detalle). Y si el veraneante viene acompañado con un grupo de amigos, sólo deben dejar que transcurra los minutos para que toquen una guitarra, se rían y lo pasen bien. No podemos dejar pasar un último detalle, “La Islita” tiene 0% contaminación acústica de los autos.        



Aunque esta solitaria playa es pequeña, también podemos afirmar que es espaciosa por el simple hecha de que poca gente viene a este lugar. Quizás haya una familia con un promedio de cinco integrantes, quienes se instalan en “La Islita” pero aun así el espacio es amplio para otro grupo de personas que se instale en el rincón opuesto. Casi nunca se llena por falta de glamour, reiterando que la acumulación de algas en el mar le resta algo de atractivo.

El aire fresco está garantizado, por el solo hecho de que Tomé está retirado de las grandes polos industriales de la Región del Bio Bío. Lo más cercano a las chimeneas está en Lirquén, distante 18 kilómetros al sur de Cocholgue (Nos referimos al recinto de INDURA y VIPLA). Mientras que las plantas de Huachipato y ENAP están mucho más lejos (En las comunas de Talcahuano y Hualpén). Agreguemos que la localidad de Cocholgue es un refugio dormitorio de todo ese bullicio y ajetreo que a diario vemos en Tomé. Razón suficiente para que el aire puro se sienta y se disfrute en el borde costero de “La Islita”. 




Otras de las bondades que ofrece el rincón: Si bien los autos no pueden ingresar a “La Islita” el flujo de vehículos en Cocholgue es predominantemente moderado (Rara vez se circula con alta velocidad, o el lugar tampoco tiene fama de ser un punto donde hagan carreras en la noche ¡Afortunadamente). El espacio es muy bucólico, ideal para aquellos quienes buscan escapar de rutinas invasivas (un respiro). La arena es de textura suave, aunque algunos objetos de origen natural están repartidos en toda la playa. Y por último, casi no hay invasión de gaviotas en el lugar.

El único bullicio que se pudiera sentir en “La Islita” es si los veraneantes que hacen Camping instalaran algun parlante de música, pero por lo general el tomecino no es del todo escandaloso (O si escuchan Reggaetón, lo harán con volúmen bien bajo). Al final, todos vienen a este lugar para disfrutar del silencio ¿No es así?

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Algunos puntos para alertar. La Caleta Grande que es el sector aledaño no cuenta con una gran cantidad de puntos donde comprar o comer (Si bien tiene un almacén de barrio suele cerrar en el denominado “horario de colación” debido a la poca demanda; también cuenta con un restaurante pero no es del todo barato porque su menú va enfocado a un tipo de consumidor con poder adquisitivo, gente de clase media. Cocholgue no tiene restaurantes populares donde degustar completo y bebida con pocos pesos), así como las familias que tienden a instalarse en “La Islita” tampoco venden con sus “Cooler” algun producto en particular y por el simple hecho de que a este rinconcito viene poquísima gente (poca demanda). Recomendaciones, si quieres comer en tu relajo...mejor compra tus provisiones en Tomé, las guardas en tu mochila, tomas el taxi colectivo y vienes. Lo pasas mejor.                                   




Pasado el año 2022 el transporte público hacia Cocholgue se da con criterios antojadizos, antes había recorrido de buses urbanos provenientes desde Tomé pero ahora se habría reducido la frecuencia. También surgen reclamos (por Redes Sociales) de que disminuye la cantidad de taxis colectivos que hacen el mismo itinerario. Aunque en Chile aumente la población automotriz, es necesario recordar que no todos los lugareños cuentan con vehículo propio ya que no es fácil depender de otro vecino que los lleve al centro de la comuna. Esta reducción de micros o colectivos es muy cuestionado en los portales comunales. Y para mochileros provenientes de Concepción, basta que esperen que el bus llegue al terminal, porque este último colinda con el camino en dirección a Cocholgue. 



  Sólo para terminar. “La Islita” es un rincón costero muy sencillo donde quienes lleguen buscan disfrutar de la paz que ofrece. 

Un punto ideal para quienes desde la ciudad buscan darse un respiro por solo un par de horas, sin ser invadido ni estar rodeado de mucha gente como si ocurre en el resto del año (ya sea por estar trabajando, hacer trámites o simplemente por vivir en barrios ajetreados). 

En pocas palabras, este es un lugar para respirar y descansar. 


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