Es importante precisar algunos puntos, bajo el argumento fácil
- Cuando se pide Toque de Queda es para que la apliquen sólo en la noche y madrugada, no las 24 horas del día. No piden restricciones para que no salgas a trabajar (a pasear, o comprar el pan en el negocio de la esquina).
- El tipo de persecución que se pide es POLICIAL, no POLÍTICA. No se busca restringir pensamientos políticos ni religiosos, aun cuando bajo un Toque de Queda todos deben acatar la presencia militar (Ley pareja no es dura).
- En varios puntos de Santiago la gente por voluntad propia cierra el portón de su casa en la hora de "once" (Entre 17-21 horas, según la rutina de cada familia) y por razones de seguridad se autoconfinan. La diferencia entre ver delincuentes tomándose la calle, y que lo hagan los militares, es que se debiera garantizar mayor tranquilidad con la intervención del Estado, porque los salvoconductos para manejar el auto en la vía pública sería acostado. El delincuente puede espiarte desde la calle (sin bajarse de su auto), pero con los militares se reduce el mediano flujo de autos en las calles. Intimidación vs. Protección.
- Y finalmente, imagine su comuna en el trasnoche desde Lunes a Viernes (A partir de la noche de Domingo). Todo bajo el contexto de horas previas a los días laborales. Si los negocios están cerrados, o la mayoría de la gente duerme para salir al trabajo horas más tarde, ¿Qué "cresta" hace un auto deambulando por la calle en la madrugada de Lunes, a las 3 AM? Hay que distinguir cuatro tipos de ciudadanos en ese contexto: a) Los que duermen (que son la mayoría), b) los tranquilos que aprovechan la paz para leer un libro en la tranquilidad del dormitorio, c) Los que comparten con otros en el antejardín, consumiendo alcohol, y hablando fuerte con su vozarrón; y d) Los que manejan autos en la calle a altas horas de la noche (Puede que algunos sean bomberos, carabineros de civil o trabajadores de salud, pero pasa que esta situación ocurre todas las noches. Da para pensar igual ¿¡ no !?).
Las noticias de los últimos días de junio de 2026 nos tienen a todos con el corazón apretado. Lo que pasó en San Bernardo con Alejandro, un niño de apenas 12 años que venía llegando de un viaje a Argentina junto a su padre y una tía para celebrar el Día del Padre, es una brutalidad que cuesta procesar. La madrugada del martes 23 de junio de 2026, al ingresar a la caletera de la Ruta 5 Sur en el sector de Catemito, el automóvil familiar fue interceptado por un grupo de delincuentes armados. Mientras los adultos fueron obligados a bajarse, el niño quedó enganchado del cinturón de seguridad en el asiento trasero. Los asaltantes escaparon arrastrando al menor a lo largo de tres kilómetros, provocándole heridas que le causaron la muerte, para terminar abandonando el auto y el cuerpo cerca del Mall Plaza Sur. Aunque la fiscalía y el OS-9 de Carabineros ya capturaron a cuatro de los cinco implicados directos de esta banda juvenil que andaba en un "tour delictual" —incluyendo a un adolescente de 17 años con antecedentes, a quien su propio padrastro entregó en la 14ª Comisaría de San Bernardo—, la sensación de desamparo es total. La rabia se multiplica porque esa zona ya viene golpeada por la impunidad; apenas el año pasado, en 2025, el país entero lloraba el secuestro y homicidio de Krishna Aguilera, una joven de 19 años que desapareció en la misma comuna tras subir a un vehículo y fue encontrada enterrada en Catemito tras 22 días de búsqueda liderada por su hermana Cristal en redes sociales. El principal imputado fue el "Guatón" Beltrán, vinculado al narcotráfico y redes de explotación de menores, y para colmo, en noviembre de ese mismo 2025, Cristal sufrió una brutal golpiza que las autoridades investigaron como una venganza del crimen organizado.
Ante tanta desprotección, la paciencia de la gente en los barrios más vulnerables se terminó, y el grito que se escucha con más fuerza en internet es uno solo: Toque de Queda. Las redes sociales están encendidas de forma masiva y popular. Páginas de Facebook de nuestra Región del Bio Bío como "Conectados Penco y Lirquén", espacios de debate nacional como "Elecciones Presidenciales Chile", o medios digitales de otras regiones como "Maule Sur Conectado", "La Metro FM" y hasta el Fan Page de Franco Parisi se han llenado de encuestas donde el apoyo a sacar a los militares a la calle en la noche es rotundo. Esto no nació ayer; ya el pasado 15 de abril de este año, medios digitales como "Amigos penquistas" y "Noticias Live Chile" hicieron sus primeras consultas online. En la página penquista, más de 1.000 personas le dieron like y unas 110 reaccionaron con un "corazón" apoyando la idea, mientras que en el medio nacional más de 150 mil usuarios dieron like y 17 mil marcaron el "corazón" ante la consulta de si estaban de acuerdo con que salieran las Fuerzas Armadas a reforzar la seguridad. Es la misma verdad incómoda que nos quedó flotando desde los tiempos de la pandemia: para la inmensa mayoría de la clase media emergente y los sectores bajos, las restricciones nocturnas nunca fueron tanto por un tema de salud. En el fondo, el Toque de Queda se veía como el único camino concreto para controlar las calles en la madrugada, porque el verdadero virus nunca fue el Covid-19, sino los delincuentes.
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| Hashtag (#) de oposición en X: #KastLaGranEstafa |
Al mediodía de una helada tarde de miércoles 24 de junio de 2026, en el noticiario #Alerta de Meganoticias, el periodista Rodrigo Sepúlveda emitió un comentario ácido en su condición de líder de opinión: "¿Cuál es el temor tan grande por los militares en la calle?", mostrando su profunda decepción con La Moneda y barriendo con el viejo argumento de la oposición de izquierda sobre el derecho al libre tránsito, aclarando además que sacar a los uniformados en momentos críticos tiene un doble fin: resguardo y prevención. La sensación de que el Estado nos está invitando a defendernos solos quedó en evidencia con la polémica declaración que dio la subsecretaria de Prevención del Delito, Ana Victoria Quintana, el pasado 24 de abril en el canal 24 Horas, cuando dijo bien suelta de cuerpo: "La ciudadanía puede tomar las medidas que dentro de su libertad estime conveniente. Yo no sé por qué se trata de establecer como si el Estado tuviera que dirigir la vida de las personas. La gente sabe dónde está el problema, por ejemplo, en su barrio, y probablemente va a evitar pasar por ahí". La reacción completamente descolocada de la periodista Carla Zunino en ese bloque fue la misma que pusimos todos en nuestras casas: la confirmación oficial de que nos toca rascarnos con nuestras propias uñas, tal como lo advirtió la tarotista Latife Soto en el programa La Hora de Jugar de MEGA, cuando predijo que en estos meses de 2026 la delincuencia seguiría desatada, que incluso los funcionarios públicos correrían peligro y que cada ciudadano tendría que cuidarse solo al salir a la calle.
Aquí es donde chocan dos derechos en el living de la casa. Por un lado, el pensamiento ligado a la izquierda que lanza el comentario: "¿Qué es eso de decretar un Toque de Queda? ¿Qué es eso de restringir un derecho humano como lo es la Libertad de Tránsito?", algo que hace dos décadas parecía atentar contra el sentido común. En la vereda contraria, el vecino común le responde: "¡Linda la cuestión! ¿No cierto? ¿Y a costa de qué ridículo? Si con los delincuentes adueñándose de las calles o saliendo de noche le privas a la gente su derecho a la paz". La verdad es que la gente honesta no anda dando vueltas en la madrugada. Si miras un trasnoche de domingo a jueves previo a los días laborales, la inmensa mayoría de los ciudadanos duerme porque al otro día hay que salir a trabajar. De los desvelados a altas horas, solo podemos distinguir tres grupos claritos: los desvelados tranquilos que no salen de su casa porque simplemente aprovechan el silencio de la noche para leer un libro en la tranquilidad de su dormitorio, los que comparten con otros en el antejardín de su casa metiendo algo de escándalo con su vozarrón, o los que salen a manejar su auto en consideración de que casi todo el comercio está cerrado a las tres o cuatro de la mañana de un lunes. Hipotecar un pedazo de esa libertad nocturna para recuperar la tranquilidad parece un trato más que justo cuando la letra chica de defender libertades anti-represivas de antaño significa darle rienda suelta a los delincuentes.
Hay algunos quienes, por camuflada intención o inclinación política, dicen sentirse intimidados por los militares, pero ¿por qué intimidados? Hoy en Chile existe un total respaldo a los copamientos policiales y controles de identidad matutinos, una fiscalización que la ciudadanía apoya masivamente para recuperar el orden y la tranquilidad. Los noticieros y matinales de televisión están mostrando una iniciativa completamente distinta con la que sí existe un total acuerdo: los copamientos masivos y preventivos liderados por el ministro Martín Arrau, donde Carabineros y las autoridades municipales saturan zonas estratégicas como estaciones de Metro, paraderos y centros urbanos para reducir el comercio ambulante ilegal y los delitos. En cada madrugada de los días laborales, la policía se ubica en los accesos y escaleras del Metro para pedir la cédula de identidad al azar a quienes transitan hacia sus trabajos. El carabinero revisa el carnet, confirma que no hay nada judicial pendiente y el ciudadano se retira tranquilo. Cuando los periodistas abordan en terreno a estas personas, la respuesta es unánime y todos dicen estar de acuerdo con la fiscalización, sin reclamos en los despachos en vivo. Esto abre una pregunta clave para quienes tienen menos de cincuenta años y no vivieron los primeros tiempos del régimen militar de Pinochet, sobre si esta fue la misma actitud del chileno común y no politizado cuando los militares asumieron el poder por la fuerza tras el golpe del 11 de septiembre de 1973. La realidad actual demuestra que la gente de la clase media emergente y de los sectores bajos está totalmente dispuesta a mostrar su carnet en la calle porque, antes del gobierno de Kast, las estaciones mostraban niveles de delincuencia e incivilidades intolerables.
Para cerrar este panorama, el pasado miércoles 17 de junio de 2026 se viralizó en X un video grabado en Valparaíso, donde se ve a Carabineros realizando un control de identidad a varios estudiantes en plena vía pública, muy cerca de un campus universitario. Quien subió el registro comparte ideas de izquierda y comentó con alarma que ya estamos viviendo en una dictadura, condenando lo que considera un hostigamiento policial hacia los jóvenes. Sin embargo, la gran mayoría de la gente en las redes no castigó el actuar de los uniformados, sino que lo apoyó argumentando que esos muchachos perfectamente podían estar haciendo cualquier cosa en la plaza en vez de estudiar o preparar un trabajo. Es cierto que en la calle uno es libre de caminar, pero la realidad es que muchos jóvenes aprovechan esos espacios para tomar alcohol —lo que es una falta legal que faculta a la policía a actuar—, consumir drogas o, en el peor de los escenarios, organizarse con overoles blancos para terminar quemando una micro en la esquina. Las notas de prensa que informan sobre estos procedimientos sirven para que el ciudadano se prepare mentalmente apenas sale de su casa para ir a trabajar. A diferencia de lo que ocurría en los tiempos de la dictadura, hoy un carabinero solo te va a pedir el carnet y, si no tienes deudas pendientes con la justicia, te vas a poder ir caminando tranquilo, cumpliendo el viejo dicho de que el que nada hace, nada teme. En pleno 2026 la policía no te va a violar tus derechos humanos, no te van a mandar detenido a un campo de concentración en la Isla Dawson ni te van a amarrar las manos a rieles de tren para hacerte desaparecer en el mar como ocurrió en el régimen de Pinochet, marcando una diferencia gigante que cualquier ciudadano de a pie puede entender perfectamente. Y eso que los controles sólo los realiza Carabineros, mientras que en tiempos del Estado de Excepción los militares durante el día sólo se quedaban resguardando las calles con una actitud pasiva; si salías al centro a comprar al supermercado, el uniformado no te iba a acostar en el suelo, como sí actuaron en dictadura los agentes de la DINA y la CNI para reprimir a los opositores.
Para complementar, ya que está tan de moda el furor del mundial de fútbol de Norteamérica 2026, muchos chilenos radicados en Estados Unidos explican que previo al primer partido de la selección estadounidense ante Paraguay en la ciudad de Los Ángeles, había mucho contingente militar en las autopistas de la metrópolis. Si bien eso generó incomodidad en los conductores, sus quejas no surgieron mucho efecto; la razón se radicaba en que estuvo pensada la visita del Presidente Donald Trump al estadio, cosa que en definitiva no ocurrió. En un país donde las policías tienen mucha más libertad que los carabineros chilenos para proceder y donde las leyes de la ONU parecen no aplicarse pese a tener su asamblea en Nueva York, los militares actúan sin rendirle cuentas a la ciudadanía; por algo es hoy por hoy la fuerza militar más poderosa del mundo, la misma que en enero de 2026 entró a Venezuela y capturó a Nicolás Maduro sin una fuerte resistencia evidente. La idea del temor por los militares está teniendo cada vez menos apoyo, más aún en un contexto donde el Crimen Organizado actúa con cruel impunidad pasando a llevar las leyes, tal como se ve en el norte de México, fronterizo con Estados Unidos, donde en Ciudad Juárez los soldados de los narcocarteles tienen el descaro de degollar cabezas de mujeres. Ante la idea de una posible invasión estadounidense a esa frontera, la izquierda del país azteca saca el argumento de que el sionismo norteamericano sería la cabeza pensante de todos los abusos que los narcotraficantes, prácticamente dueños de México, cometen contra la población. En este yugo narco, que también se deja ver en los barrios más vulnerables de Chile, uno se pregunta qué diferencias hay con el régimen nazi de Adolfo Hitler en los años 40, pues se ven los mismos síntomas de control violento contra las familias más modestas e indefensas.
Volviendo a los discursos fáciles, cuando en Chile piden Toque de Que da, no es para que se aplique las 24 horas del día. Es sumamente importante hacer esa diferenciación: la gente no está pidiendo un encierro eterno que le impida hacer su vida o salir a trabajar a ganarse el pan. Lo que los sectores populares exigen con urgencia es que la medida se aplique estrictamente en la noche y la madrugada, que es el horario exacto en que los ciudadanos honestos descansan y los delincuentes se toman las calles con total impunidad. No se trata de quitarle la libertad a la gente buena, sino de quitársela a los criminales para que, de una vez por todas, las familias puedan volver a dormir en paz.






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