Archivo RADIAL (Con #LocutorSantiaguinoProfesional )
viernes, 3 de julio de 2026
Promoción de NUEVA COLUMNA, a través de una CÁPSULA RADIAL. Con voz de un locutor radial PROFESIONAL (¿Si no lo crees? ¡Simple! Ponga PLAY al archivo YouTube)
domingo, 28 de junio de 2026
Columna de opinión: Música del statu quo, como boche impuesto versus resistencia del alma
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| Sin querer, te imponen (casi de manera SISTEMÁTICA) que música debieras escuchar. Cosas que pasan "EN TU PROPIA POBLA". Pura Hegemonía cultural |
Mirando a nuestro alrededor, queda claro que "SER POBRE NO ES UN CRIMEN, NO ES PECADO, ES SÓLO UNA CONDICIÓN QUE TE PONE LA VIDA". Nadie elige su cuna ni las cartas que le tocan para jugar, pero toca hacerle frente a esa cancha de la mejor manera posible, aunque el discurso de los políticos rara vez se acuerde de nosotros.
Ahora, hay que ponerse serios y aclarar una cosa muy importante desde el arranque. A nuestros casi 40 años, entendemos perfectamente que madre hay una sola. Esa dueña de casa que pelaba las papas y las cebollas en la cocina escuchando a Pablo Aguilera era la que nos alimentaba, nos amaba y nos educaba; hoy valoramos infinitamente su entrega. Si en los párrafos que vienen recordamos ese rechazo adolescente a los clásicos de Camilo Sesto o Sandro, no es de ninguna manera para ofenderlas. Se trata simplemente de mirar hacia atrás y reconocer la mentalidad de cabro chico inmaduro que teníamos a los 14 años. En ese entonces, nos cargaba que se levantaran temprano los domingos a barrer el piso, mover las ollas con ruido y hablar fuerte mientras cocinaban lentejas en vez de ponerse con una pizza. Esa imitación de rebeldía contra la comida casera o la música de Radio Pudahuel era sólo el proceso ciego de un pendejo que quería descubrir el mundo e ir más allá, un pensamiento egoísta de octavo básico que nada tiene que ver con el respeto y agradecimiento real que hoy les tenemos.
Comprendiendo esa madurez, es más fácil analizar las distintas realidades que se viven dentro de los sectores populares, aunque desde arriba los metan a todos en el mismo saco. Por un lado, está la clase E, esa pobreza dura de los campamentos, indigentes y ermitaños; por otro, la clase D de la población, gente de un entorno culturalmente más precario que a veces tiene un mediano poder adquisitivo o una alta tendencia al endeudamiento para andar en un auto del año, aunque estén cesantes o sean asalariados; y también estamos los de la clase media-baja o C3, los más sencillos para vivir, esa gente esmerada que viaja apretada en la micro, se atiende en el sistema de salud pública y compra el kilo de pan diario en el negocio de la esquina. Aunque muchos en este último grupo tengan sus estudios de pregrado, sean personas educadas, informadas y súper respetuosas del entorno, la falta de privilegios se siente igual. Si los vecinos arman un boche insoportable a mitad de la noche, no hay contactos que valgan; llamas a Carabineros y la respuesta casi siempre es la misma: o te aclaran la cancha diciendo que no tienen una patrulla disponible en la comisaría, o simplemente no te toman en serio porque no eres alguien importante o porque tus trancas e ideas te llevan a acarrear conflictos indirectos con las autoridades municipales.
Relato: Estereotipo (Octubre 2024)
Relato: Universidad de la Vida (Enero 2025)
Complemento: Avenida Los Carrera. La calle del pueblo en el centro de Concepción (Julio 2021)
Ante esa falta de apoyo, quedarse en la zona de confort de los papás no debería ser un motivo de vergüenza. La sociedad es experta en apuntar con el dedo y tildar de flojo o estancado a cualquiera que no cumpla el manual del éxito rápido. Pero la verdad es que, después de darlo todo buscando un empleo sin conseguirlo, aprovechar el techo familiar puede ser la única forma real de cuidar la paz mental. Para muchos, este resguardo es un refugio necesario para recuperar la personalidad, la confianza y las ganas de vivir que se esfumaron de golpe diez años atrás, quizás por culpa del acoso, el bullying o el "hostigamiento" de gente que en su momento te tenía pura envidia en el trabajo. Sanar el alma toma tiempo, y tener un espacio seguro donde no te exijan imposibles es un salvavidas completamente válido que ayuda a terminar con las viejas etiquetas clasistas que predominaron en el siglo XX.
Este tejido de la vida real es algo que los políticos de redes sociales no logran entender. Mientras en la izquierda se cansan de culpar al empedrado en plataformas como X pero muestran una soberbia sorprendente contra el ciudadano de a pie a quien antes decían defender, en la derecha intentaron usar conceptos como "el peatón" para acercarse a la población popular. Fue el humorista Arturo Ruiz-Tagle quien, buscando despolitizar al ciudadano común y corriente en sus rutinas, decidió dejar de usar la palabra "pueblo" y la reemplazó con el término "población". Es una desconexión parecida a la que sufrieron músicos muy queridos como Alberto Plaza o Pablo Herrera; artistas que durante décadas nos acompañaron en la radio del living, pero que al encerrarse en sus trincheras políticas en esta presente década, entre 2020 y 2026, terminaron quebrando esa conexión universal que tenían con la gente de a pie.
Esa búsqueda de identidad que partía con la rabieta de los 14 años frente al eterno arroz con leche de la casa, nos llevaba a usar la comida rápida y los gustos nuevos como una forma de rebelarse para ganarse el derecho de sentirse bacán comiendo en el patio de comidas de un Mall. De ahí, el salto hacia la música marcó un tremendo contraste entre lo que significaba sintonizar la radio antes y lo que se vive hoy en el 2026. Cursando octavo básico por allá por el año 2001, un compañero te invitaba a escuchar las radios juveniles de Santiago que la estaban rompiendo. En esos tiempos pre-Spotify, las emisoras te abrían la cabeza con hip hop, Eminem, Audioslave o casetes de La Pozze Latina que el rebelde del curso escuchaba en su Walkman. Querías ser como él para dejar de ser el perno hijito de mamá y ganarle al estigma de quedarte solo, sin amigos, pareja ni sexo por culpa de la timidez. Sintonizar esas radios era una trinchera contra los espacios cristianos o latosos de las radios comunitarias. De hecho, hacia 2004, esas mismas radios juveniles levantaron un tremendo boom de rock chileno con guitarras, dándole tribuna a bandas como Tronic, Gufi, Melvin Crema, Difuntos Correa, Los Búnkers o De Saloon. Hoy, en pleno 2026, el panorama es radicalmente opuesto: la radio juvenil tradicional genera una especie de contra-rebeldía en los pasaditos de treinta, quienes la critican por haber monopolizado su parrilla con el género urbano y el reggaetón, promoviendo lo que muchos ven como un estancamiento cultural.
Frente a esta saturación, surge hoy otra opción de resistencia desde el mundo más conservador y metodista-pentecostal con las radios cristianas, que ante el avance de la inseguridad asoman como una alternativa frente a parrillas comerciales supuestamente ligadas a la narco-cultura. Lo más irónico es que esta realidad molesta en la interna a los mismos locutores radiales, quienes por cuidar su trabajo se sienten obligados a promocionar canciones del género urbano que no necesariamente les gustan. A esto se suma la histórica segmentación clasista de los consorcios radiales. Mientras un gran grupo maneja en Santiago marcas como Radio Corazón, Pudahuel, ADN, FM Dos, Los 40 y Rock & Pop, en el sur el holding Bío Bío Comunicaciones tiene a su propio hermanito popular: la Radio Punto 7. Esta emisora cuenta con una altísima audiencia en las micros del Gran Concepción, tocando esas mismas bachatas del año 2003 que para un esnob definen el inframundo periférico. A pesar de su éxito masivo, su vínculo con la web siempre fue tardío, casi como si no quisieran ser ubicados desde Santiago, manteniendo una pauta estricta donde jamás pondrían música en inglés.
Una experiencia igual de incómoda con la trastienda radial ocurría en Santiago con la Radio Corazón. Por el año 2014, justo cuando se eliminó la larga distancia nacional y llamar desde Concepción a la capital costaba como llamada local, intentaste salir al aire para hablar con Claudio Orellana —locutor que en 2006 había partido en Radio Positiva con estudios en el Diario El Sur—. Al llamar, el recepcionista te atendió con un tono totalmente autoritario y te ordenó: "Cuando el locutor te diga por qué canción debes votar, tú debes decir que votarás por Noche de Brujas, ¿ya? ¿Estamos?". La situación fue tan molesta que, apenas te sacaron al aire para todo Chile, aprovechaste el espacio para sapear y funar el arreglo en vivo. El locutor intentó zafar con humor gracias a su desplante, pero desde la sala de mandos, ¡paf!, te cortaron el llamado de inmediato. ¿El resultado? Un veto absoluto en la emisora por delatar el manejo interno.
Esa presión del entorno es la que te hizo estallar en una segunda fase de rebeldía a los 17 años. Ya no te rebelabas solo contra los viejos, sino contra la cultura flaite que estancaba a tu propia población. Te empezó a cargar el reggaetonerismo impuesto, esa mediocridad donde los cabros barzudos de las barras bravas te escupían a la salida del liceo y las niñas preferían quedarse besando al flaite en el pasillo mientras el resto daba jugo viendo Mekano. Esos grupos de jóvenes repitiendo los mismos códigos vacíos no eran muy distintos, en el fondo, de la vecina copuchenta metiendo boche temprano. Como vivías en la periferia de Concepción, lejos de cualquier Mall para escapar de lo ordinario, usabas el pase escolar, te subías a la micro y viajabas media hora hacia el centro. No tenías amigos que escucharan música alternativa, pero bastaba caminar por la Diagonal Pedro Aguirre Cerda en pleno 2004 para que el parlante de un pub tocara canciones de The Strokes o Blur. El rock indie se volvió tu escudo definitivo.
Van pasando los años, entras a la universidad y te encuentras con compañeros de Sociología que estudian tranquilos a las tres de la mañana sin la necesidad de meter ruido con temas de Sol y Lluvia o Víctor Jara. Viviendo en esos sectores céntricos experimentas una onda Britpop y una tranquilidad maravillosa. Pero el golpe viene cuando te toca volver a la pobla. Ahí notas de inmediato que, mientras más periférico es el barrio, más te imponen la música de fondo. Alguien te podría acusar de clasista por reclamar contra el vecino que escucha Bachata afuera de su casa. A él le gusta, perfecto. Pero el problema es que la pone para la calle y se escucha a treinta y cinco metros. Estás en tu casa, vas al baño y, como la habitación colinda con la calle, te tienes que mamar la bachata entera desde un radioreceptor noventero y retrógrado. Y la cosa empeora con vecinos más jóvenes que plantan parlantes gigantescos en el antejardín con género urbano al estilo de Pailita, logrando que el boche penetre dos pasillos y dos dormitorios adentro. Reclamar a la municipalidad por el WhatsApp de seguridad es perder el tiempo, porque los fines de semana simplemente no atienden. Es la real Dictadura del Flaiterismo o Reggaetonismo Cultural.
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| Imposición sistemática de la MÚSICA HETEROGÉNEA, en la pobla |
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| "SU" música se escucha adentro de las otras casas |
Como buenos frenteamplistas a nuestros casi 40 años, jamás renegaremos de nuestra realidad socioeconómica ni de la fe en que tarde o temprano las cosas van a cambiar, pero hacemos una distinción tajante entre los gustos íntimos y el ruido impuesto. Frente a esa prepotencia poblacional que busca mermar tu autoestima, la verdadera resistencia no está en amoldarse para encajar. El escape real lo encontrabas en un paseo a la Desembocadura del Río Bío Bío, donde el aire de la naturaleza, la ecología y la cosmovisión mapuche se sentían de forma espontánea, contrastando con esos vecinos de barrios periféricos que se desviven por parecerse a los santiaguinos sin valorar los paisajes verdes de nuestro sur. En resumen, la música del statu quo nos llega a cansar, y la única manera de rebelarse es a través de la verdadera música que nos llena ese vacío en el alma, esa melodía elegida a conciencia que se convierte en nuestro mejor escudo contra lo latoso y ordinario del entorno.
domingo, 2 de noviembre de 2025
Relato: Dios es más grande que tu problema
En un barrio cualquiera, un joven empezó a escuchar reggaetón y genero urbano en su casa pero a muy alto volumen.
Un ruido que en realidad se sentía en las otras casas, incluso la de Rubén quien mientras leía un libro recostado en su dormitorio se sentía molesto porque la música del vecino se sentía a muy alto volumen.
Rubén sujetaba su libro con rabia, y decía:- ¿¡Qué es ese ruido hombre!?
Bajaba al patio de su casa, y se percata que el ruido viene de la casa del vecino. Entonces Rubén muy enfadado tomaba la decisión de salir para encararlo de frente, iba muy envalentonado hasta que en el portón de su casa iba pasando un amigo por la vereda quien además es pastor evangélico.
Benjamín:- ¡Pero Rubén hombre! ¿Porqué tan enojado? ¿¡Qué te pasa!?
Rubén:- Esas bestias que tengo de vecinos, de la nada llegaron como hace 11 años a este sector. Sólo quiero que postulen al subsidio de la casa propia ¡y que se vayan de aquí! El cabro chico que tienen viviendo ahí empieza a gritar, y meter boche ¡Que mocoso más desagradable!
Benjamín:- Yo sé quien te puede ayudar con eso
Rubén:- ¿Los carabineros? Ja ja ja jua, ¡ya! dejate de bromas. Ahora ya se sabe que a ellos no les interesa venir a sacarle un parte $ a estos animales. Los pacos no pescan los llamados al 133
Benjamín:- Te estoy hablando de Dios amigo mio
Rubén:- ¿Ah?.....Ja ja ja Es broma ¿cierto?
Benjamín:- No amigo, con eso no se juega. Para Dios todo es perfecto, ¡¡ ÉL ES MÁS GRANDE QUE TU PROBLEMA HERMANO MIO !!
Rubén:- Ay loco, respeto tu creencia. Pero ojalá tu angel de la guarda me saque el estrés que tengo encima, o al menos que este ordinario que tengo de vecino cambie sus gustos por la música romántica a ver si asi se deja de hinchar las pelotas
Benjamín:- Amigo. ¿Oremos? Si nos arrodillamos juntos ante nuestro señor, él nos escuchará y nos ayudará con el tema de los ruidos molestos
Rubén:- No gracias
Benjamín:- Bueno, entonces yo lo voy a hacer por ti, como buen cristiano que soy
Rubén:- ¡Ya poh dale! Estamos en un país libre
Entonces Benjamín se pudo a orar arrodillado en la vereda
Benjamín:- ¡Querido padre celestial que estás en el cielo! Te quiero pedir que ayudes a mi amiguito Rubén, que está al lado mio. Lleva 11 años aguantando el boche y el desatino de unos vecinos. Pero en vez de que ellos se cambien de este barrio, ¿porque no logras que el jovencito de la otra casa apague su música y mejor tome una siesta en la tranquilidad de su dormitorio? Es fin de semana, y mi amigo Rubén tiene el derecho de pasar un rato tranquilo en su casa. Creo en ti todopoderoso, que tu poder podrá ayudar a los más afligidos de este mundo. Amén
Rubén:- Oye Benja, tu me caes super bien y respeto tu creencia. Pero ¿en realidad tu crei's que tu angelito de la guarda logre el milagro? ¡O sea! En buena onda te lo pregunto
Benjamín:- Espérate unos minutos.....¡Calmao'! ¡Oye! ¿Ves eso en la otra cuadra?
Rubén:- ¿Dónde?
Benjamín:- Allá....Dos cuadras más allá. ¡Mira!
Rubén:- De pura tincada veo que es un grupo de personas que vienen llegando a este punto
Y si, efectivamente es un grupo de unas 30 personas quienes de forma lenta llegan al lugar, cada uno tocan sus instrumentos musicales y alabando. Es un grupo de predicadores evangélicos quienes cada tarde van difundiendo la palabra de Dios gritando y alabando, típica costumbre del mundo evangélico.
Benjamín:- ¡Mira amigo! Este es el poder de Dios
Rubén:- No si cacho. Ja ja jua. Pero ¿no crees tú que esto empeora las cosas?
Benjamín:- ¿Empeorar las cosas? Pero ¿porque me dices eso?
Rubén:- Claro, porque tu le pediste a Dios que apagara el ruido de la música que pone el vecino. Pero con estos evangélicos tocando el banjo estás empeorando el boche en la calle poh'
Benjamín:- ¡Tranquilo amigo! Esta es una música sana, no como la otra basura que escucha el vecino. Recuerda que el Trap y el Reggaetón son la música de Satanás
Rubén:- Ah, buen punto. Interesante
Benjamín:- De hecho, esta música incomoda y fastidia al vecino reggaetonero. Espérate la reacción que va a tener ese muchacho cuando la luz del cielo entre a su sarcófago de parlantes con Spotify, al que también le llaman dormitorio.
Rubén:- Benja...
Benjamín:- Dime
Rubén:- A mi tu no me vienes con weás. Ellos son de tu iglesia ¿no cierto?
Benjamín:- Ellos son los hermanos de mi mismo templo, donde voy a los cultos todos los domingos
Rubén:- Y tu te adelantaste a ellos, viniste aquí tres minutos antes....¡Yaaaa! Tu sabiay que ellos iban a venir pa'cá poh pillo, jua ja ja ¡Pillín pillín!
Benjamín:- Ay amigo, no subestimes el poder de Dios. ¿O no te day cuenta que el vecino acaba de cerrar la ventana de su casa? ¡Santo remedio!
Rubén:- Ah buena poh'. ¿No quieres entrar a tomarte un café conmigo, en la cocina? ¡Pasa poh'!....
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