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domingo, 2 de agosto de 2026

Columna: El carrete como obsesión. Cuando la fiesta se vuelve adicción y pierde el respeto por el barrio

Antes que todo...

Hay madres que fallan al priorizar la complicidad nocturna sobre la autoridad. Al permitir que "su hijo" mantenga una adolescencia prolongada y respaldar su estilo de vida, elimina los límites necesarios para su madurez, convirtiendo el hogar en un refugio de evasión y descontrol.

Algunas mamitas en vez de poner reglas en la casa, se comportan como compinches (o "compañeras de juerga") de sus hijos veinteañeros. Sobre todo si se curan, y trasnochan juntos hasta la madrugada.
 

Todos estamos de acuerdo en un punto básico: el trabajador necesita y merece distenderse. Tras una semana dura de pega, la búsqueda de un momento de alegría, de una cerveza conversada o de un rato de risa no solo es comprensible, sino totalmente legítima. La casa debe ser un espacio de descanso y desahogo. El problema grave aparece cuando la fiesta deja de ser una pausa saludable y se convierte en una obsesión compulsiva, en un vicio que no sabe de horarios, de empatía ni de respeto por los demás.

Llama profundamente la atención la conducta que presenciamos por estos días. Arrancamos este mes de agosto de 2026 en la Región del Bio Bío todavía golpeados por la corriente de El Niño. Desde mediados de julio las lluvias no nos han dado tregua; ha sido un invierno de «zig-zag», donde un par de días de sol solo anuncian la llegada del siguiente temporal. La noche del sábado 1 de agosto volvió a encender las alarmas con la crecida del Estero de Penco y, a 80 kilómetros de distancia, un desborde similar en el estero Pichilo, en la zona rural de Arauco. Con alertas SAE sonando en los celulares y familias evacuando en distintas comunas de la zona centro-sur, la preocupación regional era evidente.

Sin embargo, basta que pare de llover un minuto para que aparezca una porfía insólita. El piso del patio todavía está mojado y el barro helado se siente en los pies, pero eso no frena a un grupo minoritario —apenas seis personas, casi todos adultos— que sale al patio a seguir tomando, riendo y vociferando su vida privada a viva voz. Horas antes, bien calefaccionados adentro, ponían parlantes para cantar karaoke bajo la lluvia con unas copas de más; ahora, con el cielo amenazante, prefieren la intemperie. No hay temor a las alertas de evacuación ni empatía con la tragedia que vive el resto de la zona. Es una sensación amarga de «falta de respeto» hacia lo que ocurre afuera.

Aquí es donde cabe hacerse preguntas de fondo. Bien sabemos que el alcohol transforma a las personas: alguien que de día habla con un volumen normal y respetuoso, de noche pierde el filtro, se le suelta la lengua y empieza a gritar sin control. Y no es que todo el que toma sea escandaloso, pero en este caso la conducta es repetitiva. No estamos hablando de una celebración puntual por un cumpleaños o de las Fiestas Patrias —como analizábamos en septiembre pasado en la columna «Entre el Descanso y la Inevitable Imprudencia Vecinal»—, sino de una rutina que se repite en promedio una vez al mes durante todo el año. Buscan cualquier excusa para juntarse y terminar en lo mismo. 

Lo más cuestionable es la maña para eludir el reclamo del barrio. Si hay avisos a la junta de vecinos por los ruidos molestos, aplican la estrategia del despiste: salen temprano de la casa, dejan las luces apagadas para simular que no hay nadie o que están durmiendo, y regresan a las 2 o 3 de la mañana de un domingo. Y adivinen... entre que abren el portón, llegan curados y vuelven a armar el escándalo en la madrugada, la tranquilidad de los vecinos se rompe otra vez.

¿En qué momento el carrete pasa de ser una diversión a una adicción? Pareciera que sin la botella, el parlante y el escándalo nocturno estas personas no supieran cómo relacionarse. Hay una dependencia del descontrol, una necesidad casi desesperada de sostener la fiesta a costa de lo que sea.

En septiembre del 2025 hablábamos (aquí mismo) de cómo el desorden patrio se escudaba en el «folclore». Pero ver esta misma actitud en pleno invierno, con temporales activos y familias damnificadas en la misma región, deja al desnudo el verdadero problema: no es la tradición, es la falta de autocontrol y el egoísmo.

Cuando la «pachanga» requiere desafiar al clima, engañar a los vecinos y tapar la realidad a fuerza de gritos, deja de ser alegría. Se convierte en un dolor de cabeza para el barrio y en una muestra triste de cómo el vicio puede aplastar la convivencia humana más elemental.

miércoles, 29 de julio de 2026

ESPECIAL DIA DEL NIÑO: Los dibujos animados noventeros reviven la nostalgia de una generación (Series que dieron en el pasado)


Estas eran las formas de ser popular, si ibas al colegio en los 90's:
Tener un álbum de la serie que estaba de moda, y el "casette" de "Cachureos"
A medida que nos acercamos a un nuevo Día del Niño, resulta inevitable mirar de reojo la pantalla y constatar cómo ha cambiado el paisaje de la infancia. Para quienes hoy nos encontramos en la franja de los 25 a 45 años, la brecha generacional con nuestros propios hijos o sobrinos se hace evidente al momento de encender el televisor o abrir una aplicación. Los niños del presente habitan un ecosistema visual moldeado por figuras como Mi perro Chocolo, La granja de Zenón, El payaso Plim Plim, Canto aprendo a hablar, Cocomelon, Peppa Pig o Bluey, acompañados en el cine por franquicias insigne como Kung Fu Panda o Los Minions. Se trata de una dieta de contenidos fragmentada y personalizada a la que se accede, en su mayoría, a través de teléfonos y plataformas digitales como YouTube, donde las madres y padres deben buscar activamente el entretenimiento para sus hijos.

 A pesar de que la llegada definitiva de la Televisión Digital en el otoño de 2024 devolvió cierta oferta infantil a la señal abierta a través de canales como NTV en la frecuencia 2.2 de TVN, o la difusión de producciones de CNTV Infantil en señales regionales como Bio Bío TV, TVU, El 3 de Conce o Nativa TV, el contraste con el pasado es drástico. Los canales de mayor sintonía nacional como Canal 13, Chilevisión y Mega carecen hoy por completo de franjas infantiles, consolidando una tendencia que ya hacia el año 2014 era evidente en la televisión analógica. Las pantallas masivas desplazaron a los más pequeños hacia el cable y el streaming, mientras que la juventud tampoco encontró refugio en la señal abierta, donde intentos aislados como las batallas de improvisación Red Bull en TVN o la difusión de K-Pop por la señal web de Canal 13 mostraron que la Generación Z prefiere la inmediatez de las redes sociales en sus teléfonos.

Para los jóvenes del rango 15-23 años TVN transmitió el programa "Urbanos, del barrio al éxito" (Con la conducción de María Luisa Godoy). Mientras el canal La Red hacía lo propio con el espacio "Stage Urbano". Incluso en el verano del 2025 Mega transmitía un programa para el adulto joven recordando los clásicos del Team Mekano con el programa "Mekano, 10 años de éxitos". Al parecer dichas propuestas no prendieron mucho en el rating, ¿poca difusión por las plataformas digitales? Vaya a saber uno.

La televisión abierta actual parece reservada casi en exclusiva para los adultos jóvenes (o en realidad para un tipo de público más mayor), quienes encuentran en ella transmisiones deportivas de la Selección, el propio mundial 2026 (en su momento), telenovelas nacionales ("El jardín de Olivia", "Reunión de Superados") y el constante retorno de los reality shows como ¿Volverías con tu ex? 2.0 o Vecinos al límite (Este último género televisivo reapareció en 2023 con "Gran Hermano").                 



 Sin embargo, para quienes crecimos corriendo en la pichanga del barrio o compartiendo el recreo del colegio durante las décadas pasadas, la nostalgia nos devuelve a un período de oro en que la televisión chilena destinaba bloques enteros a los dibujos animados y programas infantiles. En los años 80, la pantalla chica ofrecía un catálogo legendario con títulos como Robotech, Transformers y Candy Candy. Por aquel entonces, en Concepción la señal abierta se reducía únicamente a dos opciones, Canal 13 y TVN, a diferencia de Santiago donde operaba también el Canal 11 de la Universidad de Chile.                                                                                                                



La década de los 90's trajo consigo una expansión inédita para los penquistas con la llegada de Megavisión, La Red y RTU (Este último pasaría a llamarse luego Chilevisión), sumadas a las señales locales de Canal 9 (Canal Regional) y TVU, además del aterrizaje de la televisión de pago a través de operadores locales como Video Cable Concepción, que ya en 1994 permitía sintonizar Cartoon Network.

Durante casi toda esa década, la programación infantil no era un contenido marginal, sino la espina dorsal de las tardes de lunes a viernes y de las mañanas de fin de semana. En un tono casi irónico podríamos decir que se nos malcrió con tanta oferta, convirtiéndonos en una generación profundamente adicta a la televisión pero alimentada por producciones de indudable calidad. Cada canal competía por la audiencia infantil. Mega articulaba un recordado bloque en la tarde alrededor de las 17:00 horas, justo después del programa de ayuda social Buenas tardes Eli. En sus inicios, este espacio arrancaba transmitiendo únicamente entre tres y cuatro series por día, abriendo con Los Picapiedras, siguiendo con la serie animada que en 1993 consagró a Los Supercampeones, e incorporando producciones como Animaniacs (y más tarde capítulos de Pinky y Cerebro), para rematar con El Chavo del 8 antes de dar paso a las telenovelas mexicanas vespertinas.

Con el correr de los años, esta franja dio paso a una producción infantil propia titulada Zoolo TV, donde se promocionaban activamente las series del canal. Mega contaba además con un bloque alternativo durante los fines de semana en la época en que Meganoticias no se emitía los sábados ni domingos por la tarde. Asimismo, la señal transmitía series animadas en las mañanas de sábado y domingo: en 1996 emitió la serie de animé Fiebre del fútbol los domingos por la tarde, mientras que de lunes a viernes exhibió Goleadores, otra serie animada de fútbol transmitida casi como continuación de la temporada inicial de Los Supercampeones. En 1998, Mega sumó a su bloque infantil la recordada producción de Nickelodeon Rugrats, y en 1999 emitiría al aire capítulos de ¡Oye Arnold!. Ya hacia el año 2001, las mañanas del fin de semana se potenciaron con los éxitos más populares de Cartoon Network surgidos desde 1998, como Las chicas superpoderosas, Johnny Bravo y El laboratorio de Dexter. A inicios de los años 2000, la parrilla incorporó el fenómeno de Bob Esponja, serie donde uno de los personajes principales era "Arenita", una ardilla con traje de astronauta que convivía con los protagonistas en el fondo del mar. Con este nombre bautizaron años más tarde a Natalia Rodríguez, rostro icónico del programa juvenil de Chilevisión Yingo a quien conocimos desde 2007 y que en este 2026 participó del reality show "¿Volverías con tu ex? 2".   























TVN, por su parte, construyó una trinchera infantil histórica en las mañanas de fin de semana impulsada por Cachureos, donde el Tío Marcelo y sus personajes reinaron de forma absoluta hasta marzo de 1998. La señal pública ofrecía además el espacio interactivo Hugo entre 1995 y 1997, y una franja al mediodía previo a Los Venegas donde desfilaron producciones como El mundo de Bobby, la serie de animé La rana valiente, la fiebre de los Power Rangers en 1995, Samurai Cibernético en 1996, la adaptación episódica de Pinocho en 1997 y títulos como Swat Kats, El autobús mágico, De regreso al futuro, Las aventuras de Cristóbal Colón, Catdog, El show del pájaro loco o Coraje, el perro cobarde. Incluso a comienzos de los 2000 el canal estatal mantenía producciones como Los Padrinos Mágicos o Dientes de lata, además de transmitir clásicos de los 80 como Topo Gigio en 1989, series juveniles como Sabrina, la bruja adolescente y Malcolm, o largometrajes de animé de corte conmovedor como La leyenda de Frankenstein, que alejaba al monstruo del terror para mostrar su búsqueda de afecto en un trágico desenlace.

En la vereda de Canal 13, las mañanas de sábado y domingo combinaban la animación con espacios emblemáticos. Allí coexistían las aventuras de Garfield con las enseñanzas de El Mundo del Profesor Rossa, emisiones de series bíblicas alrededor del horario de la misa dominical, y dibujos animados como Doug en 1998, emitido en las mañanas antes de la llegada de los matinales. También pasaron por su pantalla Tom y Jerry Kids —que en 1999 se daba de forma curiosa tanto en el 13 como en La Red—, la serie estadounidense Qué desastre sobre las travesuras de un perro afgano, Las Tortugas NinjaCapitán América.       

 

A fines de los 90's, Canal 13 transmitía series animadas cristianas
antes y después de la Misa (En las mañanas de Domingo).
Hoy ese rol lo cumple el canal de la iglesia adventista: "TV Nuevo Tiempo"







Chilevisión asumió un rol protagónico al convertirse en el indiscutido "Canal del Animé". Aunque Dragon Ball tuvo su casa en Mega entre 1997 y 2000 convirtiéndose en la serie más vista de la época, Chilevisión construyó un catálogo masivo a partir de El Club de los Tigritos y bloques matinales que en 1997 rescataban contenidos educativos como Las mil y una Américas, estrenada en 1992 a propósito de los 500 años de la llegada de Colón. Por sus pantallas desfilaron Pokémon desde 1999, las reposiciones de Los Supercampeones al mediodía, el fenómeno infantil Barney en 1998, y una lista interminable de animé como Sailor Moon, Los Caballeros del Zodiaco, Ranma 1/2, Slam Dunk, Detective Conan, Inuyasha, Naruto, Hamtaro, Doraemon, Están arrestados, y El príncipe del tenis

También el clásico norteamericano La pequeña Lulú. En el año 2000, el canal dio un paso más al crear Bakania, un programa dedicado exclusivamente a la cultura otaku y la animación japonesa, marcando una época previa a la privatización de estos contenidos en la televisión de pago a través de Etc...TV.       

                                                                                                                     







Por su parte, La Red apostó por barras matinales donde destacaron los Teletubbies desde 1999 —tras su paso previo por Discovery Kids—, el programa El club de amigos de La Red conducido por Titi García-Huidobro hacia 1996, y series animadas como Alvin y las ardillas.

En la Región del Bio Bío, los canales locales no se quedaron atrás y construyeron una identidad entrañable para la infancia penquista. Canal 9 Bio Bío Televisión acompañó las tardes con el programa A la ronda ronda, liderado por la Tía Sandra y el Tony Pulguitas, complementando su parrilla con reposiciones de clásicos ochenteros que habían pasado antes por la televisión nacional, tales como El conde Pátula, Sport Billy en 1996, He-Man y La vuelta al mundo de Willy Fog.

TVU, tras su debut en la señal abierta en 1997 por el canal 11, se transformó en un referente de la tarde dominical. El canal de la Universidad de Concepción no solo acogió al Tony Pulguitas en 1999, sino que trajo a la zona el histórico Pipiripao mediante un acuerdo con UCV Televisión, incluyendo un inolvidable saludo de Roberto Nicolini a los niños de la zona. TVU desplegó una visualidad propia que muchos recuerdan por aquel cubo tridimensional con las letras T-V-U sobre fondo blanco en 1998, y ofreció maratones de animación retro que rescataban cortometrajes de Looney Tunes y Bugs Bunny de los años 30 a 50 con su clásico marco de anillos concéntricos de Warner Bros. En sus pantallas convivieron series como El Grupo Increíble, El Monstruo Milton, El Oso Fumarola, bloques auspiciados por el restorán McDonald’s del Mall Plaza del Trébol, relatos animados de pasajes bíblicos como David y Goliat, y cortinas musicales fijadas en el recuerdo al ritmo de marchas sinfónicas como Bridge on the River Kwai.  

"Stuffy Durma" era otra de las series animadas que transmitía TVU (1997)

Una forma de regalonear a los niños era comprándole un paquete de "suflitos"
El tamaño del envase era chico, pero había harto contenido por dentro (igual salvaban)
A inicios de los 90's cada paquetito costaba $50.
Al analizar este fenómeno con perspectiva, cabe preguntarse por qué los dibujos animados y los espacios infantiles dejaron una huella tan profunda. Al igual que hoy las redes sociales capturan la atención juvenil, la televisión abierta cumplía hace tres o cuatro décadas el rol de refugio y descanso tras la jornada escolar. Era una dosis necesaria de entretenimiento que no solo distraía, sino que educaba, despertaba la curiosidad y servía como un bálsamo frente a la realidad cotidiana.

Esa misma historia de la televisión infantil chilena estuvo atravesada por momentos de profunda complejidad social y política. A comienzos de los años 70 nació el entrañable personaje Pin Pon, encarnado por el actor Jorge Guerra junto al pianista Valentín Trujillo. Al llegar la dictadura militar, la simpatía de sus realizadores con el gobierno de la Unidad Popular convirtió al programa en blanco de presiones; existen testimonios de grabaciones realizadas bajo la amenaza silenciosa de militares armados dentro del estudio, hasta que la salida del aire se hizo inevitable con el exilio de Jorge Guerra a Suecia, mientras Valentín Trujillo continuaba su carrera en Sábado Gigante bajo el respaldo de Mario Kreutzberger. No sería hasta el retorno a la democracia, entre 1991 y 1993 en TVN, cuando Pin Pon reaparecería en pantalla junto al escritor Antonio Skármeta. De forma similar, la noche del 5 de octubre de 1988, mientras Chile aguardaba con incertidumbre y tensión los cómputos del Plebiscito que definirían la continuidad del régimen, las pantallas de la televisión abierta transmitían episodios de El Coyote y el Correcaminos, en una extraña postal donde la animación servía de distractor ante el suspenso nacional.                                                    


Pin Pon NOVENTERO (90's)


"Popín" (Encarnado por el comediante Pablo Zamora)
En realidad el personaje apareció en 2009 para el programa 
"Morandé con Compañía", pero ha sido reciclado y revalorizado
en 2023 (Aparece en RR.SS para responder con críticas a situaciones embarazosas)
La cultura popular chilena también se encargó  de reinterpretar estas figuras a través de la sátira adulta. En la década de los 2000, el comediante Pablo Zamora y el actor Kurt Carrera crearon en Morandé con Compañía al "Profesor Salomón" y "Tutu Tutu", una parodia directa a El Mundo del Profesor Rossa y "Guru Guru", nacida tras la mediática filtración que desmitificó la imagen blanca del espacio educativo. Años más tarde, en 2009, el mismo Zamora daría vida a "Popín", una ácida caricatura de Pin Pon caracterizada por su humor negro y su célebre frase "esto es muy penca".

El hito que redefinió la relación entre los personajes infantiles y el público adulto ocurrió precisamente en torno al programa de Iván Arenas, El Mundo del Profesor Rossa. Desde los años 80 hasta el 2001, cada sábado por la tarde Canal 13 emitía este espacio donde el Profesor Rossa, junto al palomo mensajero Guru Guru —interpretado por Claudio Moreno— y el cartero Don Carter, enseñaban sobre flora, fauna y cuidado ambiental a partir de material documental grabado en casetes VHS. La dinámica combinaba la labor autodidacta de Arenas sobre el mundo animal con entremeses cómicos donde los personajes realizaban travesuras dentro de la escenografía de la casa. 



Para financiar la producción y reunir material para las nuevas temporadas, el equipo viajaba durante el verano por parques nacionales y reservas naturales desde la Región de Aysén hasta el norte del país, actuando como verdaderos precursores de los programas de viajes modernos. Fue en el contexto de uno de estos viajes de producción donde se grabó un chascarro interno con discusiones y garabatos subidos de tono entre los integrantes del elenco. En una época en que la conexión a internet en Chile era incipiente y costosa, el video filtrado en el año 2002 se convirtió en el primer fenómeno viral masivo en la historia del país. La filtración causó un revuelo inicial en una sociedad aún conservadora que consideró la situación como un escándalo antivalórico. Sin embargo, con el paso de los años y el auge del stand-up comedy, Iván Arenas, Claudio Moreno y Don Carter supieron reinventarse, transformando aquel tropiezo en una exitosa carrera de humor para público adulto donde desnudaron con picardía la cotidianeidad chilena. Un fenómeno que incluso llevó a que años más tarde, en montajes realizados por fanáticos en internet, la figura de estos personajes y su mítico chascarro fuera vinculado humorísticamente a canciones de artistas internacionales como MC Hammer.                    




Resulta imposible cerrar este recorrido sin mencionar la huella de Cachureos. El espacio liderado por el Tío Marcelo se consolidó como el verdadero fenómeno de masas del entretenimiento infantil en Chile. Tras sus inicios en los años 80 y su consolidación en TVN hasta 1998, el programa transformó las mañanas de domingo en una fiesta de concursos, bailes y canciones. Por las ventanas de los barrios chilenos resonaban a todo volumen los temas de Epidemia, el Gato Juanito, el Señor Lápiz y Don Gualo, acompañados por el grito ensordecer de miles de niños en el estudio.

Al mirar hacia atrás desde este 2026, la memoria de aquellas tardes de dibujos animados, programas de estudio y juegos en el pasaje no solo representa la nostalgia por una televisión que ya no existe, sino el recuerdo de una infancia compartida que dejó una marca imborrable en la identidad de toda una generación. 


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Observación social



La pega del periodista (en medios de comunicación)


domingo, 21 de junio de 2026

Columna: ¡ ES UN BUEN TIPO MI VIEJO !

Tu papá tenía sus propios sueños cuando niño, pero al no conseguirlos quiso inculcarlo contigo. 

Independiente de a que tu te dedicas hoy en día, SEA COMO SEA, tu padre logró una linda cosecha contigo: SER UNA GRAN PERSONA, ALGUIEN DECENTE ! 

Llega un nuevo Día del Padre y la rutina de domingo para muchos de entre veinticinco y cuarenta años no cambia tanto. Da lo mismo si el mundo de la política ni se acuerda de uno, o si la madurez todavía se siente como algo lejana mientras se vive con los viejos sin tener grandes obligaciones. Al final, la felicidad de esta generación se encuentra en los placeres más sencillos y al alcance del bolsillo: bajar al negocio de la esquina por algo para pasar la tarde, comprar un par de snacks en el supermercado o una bebida individual desechable de 500 ml. en el almacén del barrio para flojear el fin de semana. Es la vida misma ocurriendo en los sectores populares, capeando la realidad con algún video de YouTube o un viejo archivo Mp3 con música pop anglo de fondo. En ese metro cuadrado, entre "zorrones" y "minas" que intentan pasar el día a día sin leer densos libros de literatura pero bien conectados a la tele y a TikTok, la figura del papá se mira hoy con una mezcla bien particular de sentimientos.

 Es una realidad evidente que en este tiempo no se valora el aporte de un padre en la vida de un hijo de la misma manera que se hace con una madre. Algunos caballeros dan motivos también, partiendo de una realidad social que ya es parte del Chile contemporáneo donde las mujeres han ganado a pulso un derecho histórico: el pago de la pensión alimenticia. Esta obligación legal somete a los padres irresponsables a poner su aporte mensual para la crianza de los hijos que tuvieron en alguna relación íntima del pasado. Este antivalor de no hacerse cargo cala tan hondo que incluso fue utilizado en la política durante las presidenciales del año 2021 para debilitar la campaña del entonces candidato Franco Parisi, quien en ese tiempo además se perjudicó haciendo todo de forma telemática desde Estados Unidos, una estrategia que para el año 2025 intentó corregir centrándose más en hacer campaña en su propio país, acá en Chile. Sin embargo, tampoco se trata de generalizar a todos los hombres como si fueran unos ladinos o vividores cortados por la misma tijera; cada persona tiene su propia formación y su personalidad es consecuencia del trato recibido en su camino.                                                                                                    

Pero hablemos de los buenos padres, de esas personas que saben que el futuro de su hijo no depende solo de la educación del colegio, sino del ambiente que se respira en el hogar. Siempre se dice habitualmente que el padre es el jefe de hogar estricto y la madre la contenedora, pero las cosas varían según la forma de ser de cada uno: hay mamás muy firmes y papás que consienten todo porque "tienen corazón de abuelita". Un buen padre busca inculcar, de manera pausada y sin obsesiones, aquellos sueños frustrados que él no pudo cumplir, aprovechando que sus niños están en edad de lograrlos. Pensemos en un hombre de nuestra generación, hoy casado y con hijos, que vio truncados sueños fantásticos como ser astronauta, actor de Hollywood o un gran futbolista.     

Ser futbolista es uno de los oficios más rentables, pero el camino nunca ha sido fácil. Si retrocedemos al pasado de ese mismo padre cuando era un niño escolar, las obligaciones del colegio o los límites de la familia apenas le dejaban tiempo para una escuela de fútbol los fines de semana, algo que se lograba solo si la madre no era prejuiciosa y entendía que esas pruebas formaban parte de su formación íntegra, al menos para valorar el deporte y la vida sana. Entrar ahí implicaba el riesgo de descuidar los estudios, en un sistema donde sacar el Cuarto Medio es una obligación, aunque ahora en pleno 2026 ya no sea tan difícil terminar la enseñanza media como en las décadas anteriores. Pero ser buen alumno en clases no te quitaba las ganas de jugar. Aunque hoy se habla demasiado de la adicción a los teléfonos móviles, hace dos décadas un niño en cualquier comuna de barrio tenía espacios de sobra para jugar un partido de futsal en el recreo por pura autogestión de los compañeros, o para juntarse el fin de semana en la multicancha de la población, incluyendo las canchas de la iglesia mormona que se usaban para entrenar jugando.                                                                                                                                 

Lo malo de esa convivencia escolar en torno a la pelota era la temprana exclusión entre los "bacanes" y los "quesos" o ñoños. Aunque el deporte debería ser inclusión pura dentro del ámbito escolar, en el patio siempre estaban los más solicitados para armar el equipo y los que quedaban para las sobras. En cualquier curso se daban cuatro tipos de aficiones muy claras: los "tímidos", a quienes no les gustaba el fútbol aunque les ofrecieran ser titulares; los "nerds aspiracionales", esos muchachos ingenuos y de facha opacada que querían demostrar una masculinidad desconocida para sus pares, teniendo todas las ganas de chutear el balón incluso siendo los más malos para la pelota; los "piola recreacionales", jóvenes de bajo perfil con habilidades para jugar pero conscientes de que ese no era su mundo; y finalmente los "peloteros innatos", fanáticos secos para el balón que terminaban jugando en los clubes del fútbol amateur de su población.                                     

 Hoy, cuando ese antiguo niño es padre, busca apoyar a su hijo para que no sufra el mismo bullying o la exclusión que le tocó vivir en la cancha. Los equipos oficiales y las empresas buscan siempre a los mejores elementos para ganar, pero en el espacio recreativo los niños solo necesitan disfrutar de una infancia noble corriendo tras la pelota. El problema surge cuando los más dotados, influenciados por los partidos de la tele o las series animadas que ven en sus casas, confunden un partido recreacional con uno competitivo. Bajo esa lógica de competencia, terminan excluyendo de la pichanga del colegio a los más malos del curso.

En tiempos de campaña política se habla mucho del concepto "espacio" para referirse al deporte, la cultura, el carrete o las actividades pastorales, y no podemos negar que en el barrio la multicancha de futsal o baby fútbol es un tremendo aporte. Acá es donde el padre tiene la oportunidad de brindarle amor a su hijo. En un fin de semana, si el clima está bonito, salen a la multicancha más cercana. Están las canchas de futbolito abiertas con suelo pavimentado, las de las iglesias mormonas, las viejas canchas de tierra que hoy se han remodelado con pasto sintético —como la cancha "El Flecha" del sector Lorenzo Arenas en Concepción o la cancha "Gente de Mar" en Penco—, y los espacios públicos como el Parque Ecuador. Como este último suele llenarse de visitantes y turistas, si el niño es chiquitito, de cinco añitos o menos, basta con que el padre le chufee el balón despacio en los pastos del parque, o que jueguen fútbol playa en el verano aprovechando el espacio de la costa.                             

La rutina ideal es simple: la familia almuerza el fin de semana y luego deciden dar una vuelta a la plaza o ir a la multicancha de barrio para motivarlo. Ahí, independiente de si el hijo tiene o no amigos, el padre le intenta inculcar la práctica del deporte. Juegan los dos como una forma de iniciación. Si el niño ya viene algo traumado porque en el colegio no lo aceptan, el padre se convierte en el contenedor y el compañero que le cura sus heridas; quizás sin tanto abrazo apretado dentro de los cánones tradicionales, pero motivándolo a creerse el cuento. El padre se pone de arquero y se deja anotar goles, porque el propósito no es competir, sino hacerlo sentir grande y empoderarlo. Esto empieza desde los primeros años de vida en el living de la casa, cuando con el niño parvulito se chutea despacio una pelota suave para formarles el carácter.                                                  

Padre es quien cria,
no el que sólo engendra. 
Luego viene el momento de la socialización, donde los niños de entre diez y quince años, ya entrando a la pubertad, se ponen de acuerdo para jugar el fin de semana después de las clases. Si el niño es más solitario pero le gusta el fútbol, a veces deambula por la calle y se encuentra en la multicancha de la iglesia mormona con jóvenes más grandes, incluso de veinte años, y se acerca a pedir cancha. Aunque esto último no es muy recomendable hoy en día por todos los peligros que se corren en la calle, es ahí donde se nota la base familiar. Cuando el niño es chiquito, es el padre el primero en motivarlo a empoderarse, no solo para ganar un partido, sino para tener "la perso" de defenderse de extraños que lo podrían corromper. Valorar los espacios públicos de la población y usar los conocimientos futboleros de aficionado para conectar al hijo con esta rica subcultura popular es, al final del día, una forma de educación familiar. 

Después el hijo va creciendo y no solo surgen los primeros obstáculos que le impiden llegar a ser un futbolista famoso. El joven pasa por una serie de etapas, entra al liceo y tiene un nuevo reto mucho más complejo. Entre el crecimiento hormonal, busca la manera de que una compañera de curso que le gusta quiera estar con él. En esa confesión de amor, pueden pasar tres cosas: la mujer se arranca porque no quiere nada, lo deja en la "friendzone" apenas tocando el violín, o lo más mítico, acepta darle un besito a la salida del colegio. Pero además del intento por tener la primera polola, viene la preocupación de sacarse buenas notas y pasar de curso. En paralelo, el adolescente va formando sus principios valóricos y morales; la rebeldía contra la hipocresía del adulto lo hace escuchar música, valorar la radio, cuestionar a Dios y finalmente tener un pensamiento político que lo ayuda a comprender las clases de Historia recién cuando va saliendo de cuarto medio.                                                                                                                                 

Hoy es sabido que la educación superior ya no ofrece las mismas oportunidades laborales de antes, pero sigue siendo el único camino digno para salir de la pobreza, comparado con el microtráfico que hoy corrompe a tantos jóvenes. El muchacho se prepara para rendir la PAES, queda en la universidad y los padres hacen las gestiones para que tenga la Gratuidad o el Crédito del Fondo Solidario. Cursa una carrera con la incertidumbre de si tendrá trabajo, y ahí surgen los primeros aches del nuevo adulto: decepciones, paranoia por los primeros líos legales, frustraciones, bajones, baja autoestima o ser víctima de injurias y calumnias. El mundo se hace más duro y es en esos momentos críticos donde debe estar el padre para orientarlo por el buen camino. El joven de veinte años da dos batallas: si no encaja en los cánones de belleza predominantes o con los modelos doctrinarios del "compañero revolucionario", tendrá más dificultades para tener polola y carecerá de esa contención los fines de semana, viendo además que en ciudades pobladas como Concepción los barrios ya dejaron de ofrecer esos espacios de la niñez.

Tanto la izquierda como el mundo evangélico están hoy ocupando espacio
en el centro de Concepción, pero por ejemplo ninguno de estos sectores
ofrece una fiesta de música electrónica en el Barrio Estación (o en la Plaza España)
¿Dónde está la entretención hoy en día en el centro de la capital regional del Bio Bío? 
Por otra parte, el joven es testigo de otra batalla donde no es protagonista, al ver cómo muchos niños con alguna condición especial son discriminados, quedando el derecho de exclusión a la buena de Dios. En la ciudad hay consumismo e individualismo, pero también un exceso de actividades políticas que desmotivan a la persona sana a formar parte de una actividad deportiva sin caer en el prejuicio o en la soberbia de los zurdos. De aquí se desprenden dos mentalidades idealistas de la juventud: desde la izquierda hay un discurso que menciona la desigualdad, la exclusión y la injusticia social de ricos contra pobres cuando a los niños de la población se les empuja al mal camino de la droga; y desde la otra vereda, simpatizante en cierta medida con las pastorales cristianas, surge el idealismo de que debemos recuperar los espacios públicos tomados por gente tóxica en las poblaciones para que las familias los puedan aprovechar.                                                                           

Haciendo un paréntesis, esa historia de familias sacando a sus niños a la cancha de la pobla suena bastante familiar. Ahora que ya eres un joven, eres espectador de una historia que tú mismo viviste hace años. Por eso es tan importante que los municipios y las Juntas de Vecinos impulsen el uso de dichos espacios, especialmente cuando los vecinos son algo tímidos en un barrio apartado del centro de Concepción.

 Y entramos en la recta final. Este hijo, ahora hombre adulto, se titula en la universidad pero no logra encontrar empleo. Con todo el tiempo libre que le queda para el ocio, y habiendo estudiado una carrera humanista, se dedica a la reinvención. Busca la manera de que algún empleador le dé un "pituto" —cosa que es muy poco probable— o bien decide usar las redes sociales para despertar conciencias. A través de internet intenta curar sus propios traumas de haber sido excluido en el pasado o simplemente busca ayudar a los demás, ya sea por un enfoque altruista o por puro oportunismo político. Todavía no es padre, lo que calza con las altas exigencias que las mujeres jóvenes Millennials ponen actualmente, pero no por eso se desconecta de las necesidades de una sociedad cada vez más individualista. En concreto, ve que la municipalidad no gestiona actividades lúdicas en las multicanchas de los barrios. Hoy en día, que un muchacho se entusiasme un domingo por la tarde para ir a patear la pelota depende puramente de la voluntad de los vecinos; si no lo dejan jugar ni de arquero, se le genera un trauma que desata una rebeldía interna en el humanista recién egresado, quien empieza a escribir reflexiones interesantes en sus redes sobre cómo y cuánto aprovechan los jóvenes los espacios deportivos en sus poblaciones.                                                                         

Quieres inscribir un ramo de fútbol, en el intranet de la universidad.
Tienes que estar literalmente a la medianoche para poder inscribir el curso,
y cuando lo intentas, te das cuenta que LOS CUPOS ESTÁN LISTOS !
Habían 50. Ahí se nota que en Chile, esta disciplina ES MUY MASIVA Y POPULAR
¿¡ Si o no !?
Esta situación se conecta con lo que ocurre en las universidades, sobre todo en las carreras de pregrado. Un joven entra a primer año con la chispa del viejo pelotero de colegio. La casa de estudios ofrece un taller de fútbol como ramo electivo o complementario, pero para conseguir un cupo debe estar despierto literalmente a la medianoche en punto. A nivel nacional, tanto los matriculados de la zona como los que vienen de otras regiones están igual de expectantes a las 00:00 horas. Cuando comienza la inscripción de cursos, bajo una lógica del azar que recuerda a la "tómbola de admisión" de los colegios, el estudiante debe suplicar para quedar dentro de los cincuenta exclusivos cupos de toda la universidad. Si no lo logra, vuelve a depender de la buena onda de los compañeros para que lo dejen jugar en la multicancha, cayendo otra vez en la misma estructura excluyente del colegio entre los "cancheros" y los "nerds". Esa rabia y frustración te empuja a tomar el segundo camino que se abre en las universidades, que en la práctica termina siendo mucho más amplio: el de "jugar al revolucionario". El joven empieza a participar en marchas, asiste a las asambleas del Centro de Estudiantes, escucha canciones de Víctor Jara y aprende de la doctrina de las Juventudes Comunistas para luego plasmar sus críticas en el mundo digital.

El FÚTBOL también es REVOLUCIONARIO
Quizás no lograste ser el ídolo del Real Madrid, aquel que tu papá esperaba de ti,
pero puedes SER UN GRAN LIDER que le saca "brillo" a DIAMANTES EN BRUTO
(Sea a personas, como también a lugares que no son muy valorados en la región)

Piensa que en el mundial del 2014 LA ROJA (Chile) fue un "animador" del campeonato
Por todo esto, celebrar el Día del Padre es la oportunidad ideal para valorar una simple multicancha de barrio. Ahí es donde entendemos que ese padre cariñoso no te invitaba simplemente a ganar o a meter goles; en el fondo, lo que tu viejo quería era enseñarte a defenderte, a empoderarte y a ayudar al prójimo venciendo los obstáculos del camino. Era una preparación para la vida, tal como cuando en la cancha te ponías la camiseta de Lozapenco para enfrentar con todo el aguante a los rivales de Naval de Talcahuano.

Tu padre cuando chico quiso ser futbolista pero no pudo, y te llevó a la cancha de la pobla porque quería verte campeón; fue tanto el amor que te tuvo que quería que consiguieras el sueño que él no logró en su niñez. Y claro, te gustaba jugar a la pelota cuando chico, lo pasaste muy bien, pero en un camino lleno de obstáculos e hipocresías tampoco pudiste ser la estrella del Real Madrid que tu papá imaginó contigo. Sin embargo, ese recuerdo del pasado, de cuando te llevaba al parque a anotar un gol o de cuando tus compañeros te dejaban jugar cinco minutos en la multicancha de barrio, te lleva a valorar las cosas de una manera distinta a la de un colectivo de izquierda como "Ukamau" haciendo sus ollas comunes en la población. Tú, en ese contexto, eres de clase media-baja, no precisamente un poblador de campamento, ¡pero esa es harina de otro costal! Ahora la Universidad de la Vida te llevó a aprender ideas en la sala de clases para valorar los espacios públicos. 

Hacer la distinción entre vivir en la Villa San Francisco y caminar por la Diagonal Pedro Aguirre Cerda, ambos lugares de Concepción, te permite ver la realidad con otros ojos. Puede que no seas padre porque te fue mal con las mujeres, pero sí puedes despertar conciencias en la clase política y recordarles que Concepción no es solo el centro. Entiendes que a un joven con Condición de Espectro Autista (TEA) o Asperger no se le puede tener siempre sometido en un barrio alejado de los grandes puntos de distracción de la ciudad. Usas la mentalidad del "revolucionario del ciudadano de a pie" para pedir, por ejemplo, que la línea de micros Rengo Lientur haga en el futuro un nuevo recorrido en dirección al Mall Plaza del Trébol, porque hasta ahora la Población Baquedano de Concepción no tiene micros directas que vayan hacia la Autopista.

 Porque una cosa es que los otros cabros de la pobla no te hayan dejado jugar a la pelota en la multicancha, y otra cosa muy distinta es tener que pedirle cuatro pasajes a tu padre para poder salir al Mall. Pero si pasa eso, ahí está el padre para consolarte, para llevarte a comer completos o simplemente para jugar a la pelota entre los dos, porque convengamos que chutear el balón no tiene edad. Ese amor de padre te llevó a adoptar otras alternativas cuando el sueño de ser un gran futbolista te fue esquivo: aprender, educarse y ser un profesional con valores. Aunque no encuentres trabajo, eres ante todo una persona decente, sin antecedentes penales ni papeles manchados. Ese ímpetu revolucionario silencioso —porque quizás tus conocidos del Frente Amplio tienen otras pautas que son diferentes a tu realidad de la calle— te lleva a patalear en silencio, usando internet para explayarte, lograr influencia con el tiempo, aspirar a una entrevista en un medio o ser escuchado por algún político.

Al final, ese amor de padre te permite tener empatía por esos niños que quieren una multicancha, por recuperar espacios que han sido tomados por el vandalismo y las incivilidades. Nos permite recordar que la inclusión es una responsabilidad compartida, y no se trata solo de dejar que el marginado se quiera a sí mismo si la otra parte no pone de su parte. Bien decimos que madre hay una sola, y que el amor of padre es irremplazable. Lo que tu papá no sabe, es que su hijo sí es grande: no será un futbolista famoso, pero sí una gran persona, un tremendo idealista y, por qué no, un gran mentor al que los buenos políticos que escasean en Chile podrían llamar para escuchar sus ideas.

Puede que hoy no seas padre, y esa misma exclusión en el pololeo se convierte en el motor de tus columnas para concientizar a la población. Va en las mujeres de hoy si aceptan o no salir con hombres que, detrás de un aspecto poco agraciado, son diamantes en bruto con un encanto oculto. Filosofar sobre esto también es una herencia del cariño que alguna vez el padre le dejó a su hijo. Ese tipo de mensajes compartidos en redes puede que encaje con una mujer que quiera tener una cita contigo, porque así como el feminismo incita al empoderamiento, también condena el machismo ordinario, permitiendo que una mujer soltera valore la esencia del hombre noble de corazón. Y así es como el hijo de tigre podría seguir los pasos de su viejo: ya los está siguiendo al afrontar la triste realidad de no jugar por la Selección Chilena, y podría continuarlos conociendo a alguien, teniendo una relación íntima, casándose, formando una familia y teniendo su propio hijo. Un lindo regalo de la vida.

¡Pero tranquilos! Que soñar es gratis, y eso también fue un regalo de tu padre en el pasado. "¡Hijo! ¡LUCHA POR TUS SUEÑOS! ¡VUELA!", te dijo el viejo en la multicancha, mientras bebían agua potable de la botella después de chutear de manera recreativa un balón de fútbol en la población. 

LA META NO ES LA FAMA. SINO SER UN HOMBRE DE BIEN