viernes, 11 de septiembre de 2026
jueves, 10 de septiembre de 2026
Columna de opinión: Defender la democracia, protege libertades para valorar la vida.
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| En DEMOCRACIA, puedes dar a conocer la situación que te afecta (Si opinas te escuchan. Y si te escuchan, podrían APLICAR LOS CAMBIOS ) |
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| El valor de la democracia. El derecho a la QUEJA ! |
De todas formas lograste algo valioso: no le metiste ruido al alcalde ni te peleaste con tus vecinos, pero provocaste un efecto informado y argumentado a propósito de algo sobre lo que antes te ignoraron de forma indolente. Esperas el momento en que en la calle o en tu población se organicen cabildos ciudadanos para recoger tus quejas. Algo se hizo después del estallido social de 2019, pero como vino la pandemia en 2020 esos espacios quedaron en el completo olvido. Y no nos engañemos: no es ir a una tertulia a tomar café o comer galletas en un coffee break, es la instancia sagrada donde la gente se escucha de verdad. ¿Sabes por qué de vez en cuando se hacen asambleas en tu población? PORQUE ESTAMOS EN DEMOCRACIA.
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| Derecho a DESAHOGO ! |
Así como también crees que debiera haber un modelo de sociedad más acogedor con el ciudadano, la realidad es compleja. Hay que asumirlo: los que apenas sacaron cuarto medio con suerte saben distinguir conceptos políticos tan esenciales como "democracia" y "dictadura", si es que alguna vez se sacaron buenas notas en las pruebas de Historia. Y si nos vamos a subconceptos más finos que no son de manejo fluido por toda la población, fíjate: ¿sabes distinguir realmente entre "comunismo" y "socialdemocracia"? Los que en la primavera de 2025, en pleno contexto de elecciones, criticaron tanto al modelo cubano, quizás en el fondo querían un modelo de sociedad donde se les acoja más en sus demandas o inquietudes cotidianas. ¿Es un sector profundamente conservador lo que realmente quiere la gente, o simplemente un modelo donde verdaderamente seas escuchado? Para los más estudiosos se les escapa el detalle de que muchos podrían querer una socialdemocracia en nuestro suelo, solo que no saben lo que significa la palabra porque las antiguas coaliciones de gobierno han vivido de privilegios, o bien porque todas las propagandas políticas están fuertemente influenciadas por las directrices de cada cúpula.
El rollo es que tú tienes tu propia opinión sobre nuestra patria. Puedes decir con rabia que "las empresas seleccionan al apitutado entre miles y miles de postulantes a una oferta laboral", sabiendo que logras progresar cuando tienes contrato y te pagan mes a mes a tu Cuenta RUT un buen salario, justo a tus capacidades. Entonces tu visión sería "un lugar donde en verdad se te abran oportunidades", donde tú eres importante, con la condición de que obviamente contribuyas a la sociedad. Ahora, al frente, tienes a otra persona que puede pensar distinto a ti sobre eso: alguien que cree en la "abolición del trabajo" o, en sentido contrario, alguien que de manera hiriente te dice que "el trabajo y la riqueza van solo para la gente bonita, mientras que un moreno, don nadie y pobre diablo como tú ni siquiera debiera barrer en el mall". Chocante y humillante, ¿no?, considerando que el trabajo es lo único que debiera garantizarte movilidad social. La cosa es que tanto tú como cualquiera de tus contendores tienen su propia visión de país, y en democracia tu idea —aunque no la compartan todos— debe ser respetada. Ten por hecho que, como condición de las libertades que tanto queremos, no todos van a compartir tu postura; total tú no eres la guinda de la torta. Pero tienes la garantía de que por defender "el cambio de recorrido de los choferes para que te dejen tranquilo de una vez" no debes ser perseguido. Mientras no ataques o no insultes de la forma más banal a quien piensa distinto a ti, tienes todo el derecho a ser respetado por tu opinión, sin que se rían de ti por plantear que a los hombres neurodivergentes se les debe dar cabida en su derecho natural de pololear con una mujer.
Al final de cuentas, UN BUEN PROYECTO POLÍTICO TIENE COMO PROPÓSITO DAR UNA PROPUESTA PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA DE LAS PERSONAS, ¿no es así? Hacer de esta una sociedad más próspera y justa. Si buscamos ver la manera de que todos comprendamos de manera voluntaria el trasfondo del 11 de Septiembre de una manera transversal, podríamos decir a simple vista que es para valorar las libertades y la convivencia cívica. Por supuesto que eso es superimportante, pero comprender lo que ocurrió en el pasado a partir de esa fecha debe hacernos valorar algo más importante y valioso que tenemos cada ser humano: LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS ES LA VIDA, ese tesoro sagrado e invaluable. Con la vida estudiamos y soñamos con progresar. Con la vida trabajamos. Con la vida las mujeres dan a luz, paren y amamantan. Con la vida luchamos, por nosotros, por nuestros seres queridos, por un sueño colectivo. Con la vida creemos y forjamos la fe. Con la vida compramos el pan y comemos. Con la vida tuya y la de toda la gente —tus vecinos, tus compañeros de pega— construimos esta tierra que celebramos cada septiembre, y hacemos de este lugar un punto grande, ya sea desde el privilegio o desde las bases. Si el empresario no te da el empleo para que escales en tu curriculum vitae, es con tu doctrina, con tus estudios, los libros o con algún gremio desde las poblaciones donde visibilizas todas esas injusticias que los medios de comunicación te ignoran. Todo eso lo logras únicamente con la vida, donde cada ciudadano aporta su grano de arena, motivo por el cual la solidaridad social va de la mano, al menos en el discurso, con la inclusión.
Un gran modelo de sociedad debiera considerar estas cosas: que escuchen tu propuesta sin importar tu origen social, tu color de piel o tu condición (si es que la tienes o no, bueno, ¿quién cresta somos nosotros para juzgar también?); que te dejen tranquilo mientras ves tele en tu dormitorio sin que afuera de tu casa un auto te haga seguimiento. ¡Que te dejen tranquilo, nada más! Que el alcalde te escuche y hasta recapitule o recoja parte de tus ideas si lo estima conveniente, sin que recibas un trato prepotente o una amenaza cruel que te haga perder ese espacio donde antes plasmabas tus pensamientos. En un tono profundamente optimista, soñamos con que el país entero, más allá de cualquier bando, reconozca que en el pasado vivimos una época oscura, y que para avanzar al futuro simplemente no debemos repetir esos regímenes frívolos y autoritarios. Que las iglesias acojan al hermano cuando quiere fortalecer su fe, pero ojalá no le hablen por detrás por padecer de alguna consideración que lo convierte en un "bicho raro", mucho menos tratarlo con diminutivos ni infantilizarlo, porque cada sujeto es valioso y merece ser tratado con respeto y dignidad. Que nada proveniente del hombre sancione la naturaleza humana de la reproducción, por lo que una relación de pareja heterosexual es parte del crecimiento natural de la persona, pues respetar las distintas realidades no significa imponer una agenda ajena ni perseguir la relación afectiva o el amor. Y una condena absoluta para quienes cometan crímenes que afecten el orden de la civilización humana, y también para quienes por conveniencia son cómplices.
Hay que cultivar esto con una mirada cálida, cercana y familiar, casi como el mensaje reconfortante de un hermano en la fe. Cuando no te nace ser amigo de alguien en la sala de clases, bien es cierto que no estás obligado a ser su amigo, pero no es lo mismo aquello que insultarlo por su origen; como vas a convivir con él durante todo tu período académico, debes respetarlo y hacerlo sentirse digno, porque aquí como tú no quieres ser su amigo, él tampoco querrá ser el tuyo. Cuando Jesús dijo que había que amar al prójimo, era en función de facilitarle el camino al otro. Como cuando caminas casualmente por la calle y ves a una persona con discapacidad esperando la micro en un paradero, y ves que los choferes canallas no se detuvieron a llevar a este amigo que posiblemente iba a control médico en el Hospital Regional; tú hiciste tu parte de detener la micro para que la persona se subiera y con eso lo ayudaste a llegar a su destino. Sentir ese alivio gratificante y esa satisfacción del deber cumplido es entender que el amor al prójimo no es donar forzosamente dinero a Fundación Las Rosas si tú ni siquiera tienes tanto en el monedero; simplemente ayudaste con lo que tienes a la mano, pero cree que con eso Dios tiene un lugar para ti en el cielo. Eso es tener consideración cívica y humana hacia quienes habitualmente tratamos de "diferentes". ¡Un momento! Todos somos diferentes en esta vida, POR ESO AMAMOS Y QUEREMOS LA DEMOCRACIA.
Si alguna vez madrugas o trasnochas en tu casa porque justamente en el día te tienen fatigado los ruidos de los buses, quizás quieras tomarte un café o escuchar algo de reggae argentino con el volumen muy bajo porque así completas un vacío en tu alma y te sientes más tranquilo, ¿no es verdad? Si tu cocina o casa colinda con la calle, no solo esperas que se paralice el tránsito para que el ruido penetrante no perturbe el aire de calma que quieres —y que en el día solo encontrarías en la zona lacustre de la Araucanía—, esperas que ninguna moto pase por fuera para intimidarte. Lo que pasa ahí es que quieres evadir el miedo, y mucha razón tienen los sectores más tradicionales cuando dicen que la ciudadanía exige paz y seguridad para poder enfrentar la vida de la forma más normal posible sin ser atormentado por terceros. Tampoco es justo que te silencien con una agresividad fría cuando dices que en el último tiempo la gente ha perdido empatía por quienes han sufrido torturas políticas en aquellos años de dictadura, cuando lo dices frente a quienes no tienen pudor por burlarse de los torturados y te censuran. Eso es nocivo y genera una amargura profunda que pone obstáculos en ese modelo de país avanzado que pretendemos ser. Y así como encuentras injusto que por intereses creados los noticiarios te distraen con cosas poco relevantes para ocultarte lo que hacen tras tus espaldas, bien es cierto que puedes cambiar de canal con el control remoto, pero en democracia lo puedes hacer manifiesto, y mientras más desarrollados seamos, más personas se debieran sumar a tu comentario.
Una forma de derribar la censura es creando cabildos ciudadanos para que cada persona pueda plantear sus problemas, incluso el ruido exasperante de la liberación del aire comprimido de los frenos de las micros que transitan por al lado de tu casa; a ver si en una de esas tu inquietud se suma con la de otra persona y así se pueda conseguir algo para que estés en paz. Pero dentro de todas las cosas negativas, el hecho de ignorar o no ser receptivo con las inquietudes de una persona cuando está padeciendo un delicado problema o mostrando síntomas de sufrir, puede convertirse en un abuso de poder atroz. Sobre todo si la víctima requiere necesidades especiales o padece una condición. Hasta hace un par de décadas, a una persona con Trastorno del Espectro Autista (TEA) se le asociaba prejuiciosamente a enfermedades mentales, y como antes a los locos se les definía como sujetos carentes de alma o razón, ese fue un argumento masivo para justificar que se les ignore o se los margine en un aislamiento doloroso. Si alguien mal llamado "especial" se quejaba, lo tratábamos de histérico o lo aislábamos bajo la idea de que "el problema solo está en su cabeza". En eso consiste la democracia también: en ayudar a estas personas no en un psiquiatra, sino viendo la causa de su problema, entendiendo que las personas abusadas padecen secuelas desgarradoras, tal como le pasó a muchos de los torturados políticos.
Las humanidades en esencia son opuestas a la superioridad moral, donde el discurso de conexión con el pueblo debe darse en la práctica escuchando el lenguaje de la calle. ¿Desde cuándo la población se dio vuelta hacia discursos más duros o hacia líderes fuertemente conservadores? ¿En qué fallaron las cúpulas que prometían el cambio? Acá conviene hacerse un análisis FODA, un concepto necesario del mundo del marketing que los sectores progresistas aún no tienen familiarizado. Cuando criticaban el primer borrador constitucional en el año 2021, solo se limitaban a decir con una soberbia despectiva: "Lee. Lee. No pesques a los fachos. Lee". El sector opuesto hizo su rol de argumentar, pero ¿en qué contribuyeron los constituyentes de ese primer proceso en ayudar al votante con retardo mental o sin formación jurídica? Primero hay que mirarse al espejo en vez de culpar al empedrado. Si ganó la mentira, algo de culpa tiene el comando de esa opción; y cuando perdieron en el plebiscito de 2022, mostraron una prepotencia hiriente que fue un balde de agua helada, insultando a los electores tratándolos de "fachos pobres ignorantes". Quizás el votante promedio no tenga los conocimientos retóricos de las cúpulas, pero algo pasó del otro lado. ¿No se suponía que las colectividades populares eran del pueblo? ¿Por qué los defraudaron? La superioridad moral les jugó una mala pasada y dejó a la ciudadanía con un desencanto amargo.
Queremos la democracia y la libertad para no usar la hipocresía con tal de conseguir cosas a costa de ocultar faltas que adulteran el alma. Todos hemos cometido pecados, pero la doble moral es muy mala cuando se convierte en un balde de agua fría o en una falta de respeto a quienes más sufrieron. Pregúntense por qué una buena parte de la gente se ríe de los evangélicos: porque son vistos como el reflejo de la doble moral, mostrándose superiores por delante pero siendo en su vida privada tan corrientes como cualquiera; molesta cuando usan su fachada para menospreciar al resto, algo alejado del amor al prójimo enseñado por nuestro Señor Jesucristo.
Asumamos que en el último tiempo ha predominado el doble estándar en todos los sectores. Quizás esta sea una razón de por qué muchos ciudadanos se burlan de los posteos que hacen ciertos partidos tradicionales previo al 11 de Septiembre. Por supuesto que hay comentarios ingratos o poco empáticos, aunque no deja de ser cierto que hubieron personas que se rieron de los sentimientos de todos nosotros cuando, después de ser enaltecidas como Detenidos Desaparecidos, resultaron estar vivas. La bronca no es solo por la mentira, sino por los recursos ganados a costa de ella; y ese doble estándar entre condenar asesinatos del pasado cometidos por apoyar al gobierno de esa época y por el otro lado insultar a quienes votaron por el Rechazo en 2022, da cuenta de que ese altruismo ideológico nunca fue superior a la doctrina humana y cristiana como nos hicieron creer. Esa conciencia social se fue a la basura, y aunque nadie desconoce el valor de la democracia ni el respeto a los torturados, la hipocresía de los partidos ha sido su peor contrapropaganda. ¿Por qué queremos la democracia, que todos seamos libres y que se nos garantice LA VIDA? Para no sufrir las torturas de Jesús antes de ser llevado al Vía Crucis: apenas fue apresado e injusticiado, le pegaron con latigazos, lo obligaron a cargar la cruz, le clavaron los pies y las manos. Eso fue tortura, pero su resurrección nos da la esperanza luminosa de un retorno a la VIDA. Una forma de garantizarla es mirando al futuro, no al pasado, y no volviendo a revivir hechos de violencia que no dan cabida para detallarlos acá; queremos fortalecer a la gente, no atemorizarla. No queremos más historias de esclavitud brutal como la de Kunta Kinte, quien fue capturado en África en el siglo XVIII, llevado encadenado a Norteamérica y condenado a vivir como esclavo el resto de su vida, sufriendo además ver a su hija ser vendida como mercancía y abusada solo por aprender a leer o intentar huir a Canadá. No queremos más abusos. Queremos libertad: siéntete libre de decir que en tu barrio hay un exceso de autos invadiendo tu tranquilidad. Y si se ríen de ti, busca los argumentos y fortalece tu lucha con convicción, porque nada se pierde en el intento y, más temprano que tarde, conseguirás ese cambio anhelado que te devolverá la paz. La democracia debe garantizar que otros ciudadanos te escuchen. Ni siquiera la negligencia de un gobierno anterior te da el derecho a denigrar la integridad de ningún ser humano. Recuerden siempre que asesinar a otra persona es CRIMEN y es PECADO. Cada uno de nosotros es profundamente libre de sostener su propio pensamiento político, sea cual sea, siempre que esa visión contribuya a construir una sociedad mejor.
Al cerrar estas reflexiones, cabe preguntarse de corazón: ¿Ahora entiendes por qué sí es importante conmemorar con respeto la fecha del 11 de Septiembre? Hay gente que en los posteos de redes sociales le refriega despectivamente a los militantes de ciertos partidos mensajes del tipo "Ustedes también mataron gente como en Cuba, China o en la Unión Soviética". ¿Qué pretende aquel sujeto con eso? ¿Ningunear acaso los 3.065 ejecutados políticos en la época de la dictadura? No hay que olvidar cómo operaban las cosas cuando no había democracia. Recordemos aquel tristemente montaje de prensa: el 3 de abril de 1987 se produjo una histórica y violenta manifestación en la elipse del Parque O'Higgins mientras el Papa celebraba una misa masiva. Pocos días después, un reconocido diario nacional publicó en su portada las fotografías de Iván Barra y Jorge Jaña, sindicándolos erróneamente como los violentos líderes de los disturbios. Utilizando esa misma publicación como justificación, agentes de los organismos de inteligencia del Estado detuvieron ilegalmente a los dos jóvenes. Durante su reclusión en cuarteles secretos, ambos sufrieron brutales torturas físicas y psicológicas. Tras ser liberados y demostrarse su completa inocencia respecto a los disturbios, los jóvenes iniciaron una querella por injurias y calumnias criminales en contra de la dirección del periódico. Aquel proceso legal reveló el estrecho contacto y la coordinación directa que existía entre la cúpula de ese medio y los organismos represivos para dictar pautas de desinformación, razón por la cual, en un fallo histórico, el dueño del medio fue declarado reo por la justicia de nuestra patria. No queremos que nunca más nadie vuelva a vivir lo mismo; no queremos que tú seas un Iván Barra o un Jorge Jaña. No es nada sano que unos matones, de un régimen militar o de un grupo de crimen organizado, entren sin tu consentimiento a tu casa para agarrarte, hacerte subir al auto y padecer de tratos vejatorios que nunca más deben ocurrir en una sociedad que pretende ser civilizada. Y mientras abusan de ti, tú quizás ni siquiera has estado involucrado en nada; puede que seas alguien tranquilo, viviendo con tu familia, yendo a una iglesia o bueno para el estudio, pero ciertos medios de prensa engañan al país destruyendo tu imagen, haciéndole creer a todos que hubo una razón para esposarte, catalogándote de terrorista y cometiendo una injuria cobarde. ¿Eso es lo que se pretende lograr con la negación de los hechos? ¿Acaso eso es algo normal? ¡Bueno, ya! No dependamos del pasado, construyamos un mejor futuro, pero hay que hacerlo en un tono civilizado, de trato respetuoso entre cada uno de nosotros. Muchos queremos la paz, y si condenamos las violaciones a los Derechos Humanos es para cuidar o valorar lo más valioso que le arrebataron a esos ejecutados: SU VIDA. Cuidar tu vida no es autocensurarte para "llevar la fiesta en paz", es añorar que se mejore la democracia para que tú puedas concretar tus metas mediante la opinión, la discusión y una tertulia poética, que debiera ser el semillero de los grandes cambios, más aún frente a políticos que te resuelvan en parte la compleja vida con la que debes lidiar.
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Promoción de otra columna alusiva al 11 de Septiembre 1973.
Promoción de una columna disponible (desde su buen rato) en el Blog PASAN COSAS
Propuesta de una Conmemoración de un 11 de Septiembre (1973) MUCHO MÁS TRANSVERSAL, como el día de la democracia y de las libertadesmartes, 8 de septiembre de 2026
Especial CONMEMORACIÓN DEL 11 DE SEPTIEMBRE 1973: ¿Por qué Allende no entregó La Moneda? Por lealtad al pueblo que lo eligió presidente en 1970
Cuando las Fuerzas Armadas exigieron a Salvador Allende entregar el Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973, la respuesta del mandatario no fue la retirada fácil, sino una resistencia atrincherada en una promesa moral. Frente a los disparos y al retumbo de los aviones de la FACh sobre el palacio de gobierno, Allende no buscaba una victoria militar imposible contra el Ejército, sino mantener la lealtad intacta con los trabajadores, las madres de las poblaciones, los campesinos y los jóvenes que habían creído en su proyecto. Como lo dejó grabado en su histórico último discurso emitido por la mermada señal de Radio Magallanes, el presidente declaró que no iba a renunciar y que pagaría "con su vida la lealtad del pueblo", jurando que "mucho más temprano que tarde se abrirían las grandes alamedas por donde pase el hombre libre". Su mandato, que debía culminar recién en 1976, terminó interrumpido abruptamente, convirtiéndolo en un caso único en nuestra historia, golpeado por la convulsión social de los primeros tres años de los setenta. Una imagen del Palacio en llamas que, al menos en estos 36 años de democracia transcurridos entre 1990 y este 2026, la televisión nos ha mostrado hasta el cansancio cada septiembre, sobre todo a través de los archivos de TVN.
Esa relación tan estrecha entre Allende y su electorado se había sellado tres años antes, un 4 de septiembre de 1970, cuando apretadamente logró 1.075.616 votos frente a los 1.036.278 de Jorge Alessandri. Aunque la derecha siempre recuerda que no sacó la mitad más uno de los sufragios y que requirió la ratificación del Congreso pleno junto a la Democracia Cristiana, para el chileno más modesto ese triunfo encendió una ilusión gigante. La propuesta de la Vía Chilena al Socialismo prometía que por fin las necesidades de la clase trabajadora serían prioridad. Fue esa misma memoria la que llevó a que, exactamente tres años después, el 4 de septiembre de 1973, miles de manifestantes volvieran a llenar las calles para respaldar a un gobierno que se encontraba literalmente tambaleando en el abismo político.
El camino hacia ese quiebre institucional sostiene dos relatos que hasta hoy dividen a la sociedad. Quienes justifican la intervención militar se aferran a la resolución del Congreso de agosto de 1973, impulsada por la mayoría opositora, que declaró inconstitucional a la administración de la Unidad Popular argumentando un clima de guerra civil, desabastecimiento, violencia de grupos paramilitares y el fantasma de un régimen totalitario acentuado por la larga visita de Fidel Castro a Chile. En la otra vereda, la izquierda denuncia un boicot económico y político financiado por la CIA estadounidense y el empresariado para asfixiar a los pequeños negocios y financiar paros de camioneros, una realidad documentada en la célebre serie audiovisual La Batalla de Chile, emitida en televisión abierta por La Red en 2020. Para los socialistas, la prueba más evidente fue cómo las mercaderías reaparecieron en los almacenes casi de la noche a la mañana tras el Golpe, mientras se iniciaba una cruenta represión con ejecuciones como la de Víctor Jara, en un Chile reducido a tablero secundario de la Guerra Fría donde desde Moscú enviaron palabras pero ningún apoyo real cuando la situación quemaba.
Alrededor del fallecimiento de Allende también chocan dos miradas implacables. Si el mandatario dejaba La Moneda, la oposición lo habría tildado de sensato y la izquierda radicalizada de cobarde; al quedarse y quitarse la vida —como ratifica la verdad histórica oficial—, los sectores pinochetistas lo acusaron de cobardía por no dar la cara en un juicio, mientras sus seguidores lo convirtieron en un mártir internacional de la consecuencia. Sin embargo, dado que la Junta Militar gobernó y manejó los estamentos del Estado a su pinta durante 17 años, siempre han quedado dudas en sectores minoritarios sobre si Allende murió combatiendo o por una bala loca de los militares. Esa constante pugna entre la versión oficial y la sospecha política quedó expuesta en 2017 durante el programa Estado Nacional de TVN, cuando el candidato José Antonio Kast encaró a la exfuncionaria Clarisa Hardy corrigiéndola al recordarle que la verdad judicial e histórica confirma el suicidio. Esta dinámica de mitos e incertidumbres guarda mucha semejanza con lo ocurrido en Concepción el 22 de septiembre de 1973 con el siniestro del Teatro Concepción en la esquina de Barros Arana con Orompello, un hecho rodeado de sospechas sobre intervención de terceros que hasta el día de hoy sobrevive como leyenda urbana en las páginas digitales de fotos antiguas de la ciudad penquista.
Años después, en el programa Grandes Chilenos emitido por TVN en 2008 de cara al Bicentenario, el voto de la ciudadanía coronó a Salvador Allende como la figura más relevante de nuestra historia nacional. Para su militancia, ese triunfo televisivo no hizo más que confirmar su lugar de prócer leal al "pueblo". No obstante, la palabra "pueblo" cambia drásticamente según la vereda política. En la doctrina socialista cubana, el "pueblo" es una categoría ideológica donde solo entran los adherentes a la Revolución, dejando marginados a los disidentes. En la tradición republicana y constitucional chilena, en cambio, el "pueblo" es el conjunto total de los ciudadanos, desde el empresario hasta el obrero de población, abarcando todas las tendencias. Por eso, cuando en redes sociales como X se califica a figuras como Daniel Jadue o Gabriel Boric como políticos del "pueblo", la frase oscila entre el cariño de la militancia y el sentido amplio de la masa electoral. A decir verdad, la tensión vivida entre 1970 y 1973 agotó psicológicamente a la gente común. Cuando la derecha sostiene que la ciudadanía pedía la intervención de los uniformados, en el fondo muchos vecinos no actuaban por ideología radical, sino por un cansancio acumulado frente al desorden y la incertidumbre. Pedían un respiro para volver a la tranquilidad cotidiana. Algo similar a lo que ocurre en los ciclos políticos recientes, donde sectores de la población terminan apoyando discursos de mano dura con la esperanza de ver a Carabineros controlando el espacio público y frenando las carreras clandestinas o el crimen organizado, desilusionados cuando los gobiernos de turno no imponen las medidas de control estricto que la calle reclama para andar segura.
Durante la dictadura, con las decisiones concentradas en el Edificio Diego Portales —hoy GAM—, los chilenos sufrieron la pérdida directa de sus libertades cívicas más básicas a través del toque de queda, la censura, el cierre del Congreso, la persecución ideológica y el soplido o "sapeo" entre vecinos. Se persiguió la diversidad de pensamiento y se intentó satanizar a colectividades como el Partido Comunista, una fuerza arraigada en el mundo del trabajo que históricamente promovió derechos sociales de uso cotidiano, partiendo por la centenaria Ley de la Silla. Si bien el retorno a la democracia con Patricio Aylwin en 1990 devolvió los derechos institucionales, la libertad diaria del ciudadano sigue amenazada por nuevos factores, como las bandas de crimen organizado o las autoridades locales que abusan de su poder. Tal como expuso la periodista Natasha Kennard en el espacio periodístico ¿Hasta cuándo? de Mega, aún existen alcaldes que tratan a los vecinos como peones de fundo, utilizando la amenaza y rodeándose de chupamedias para perpetuar malas prácticas en los municipios.
En este 2026, tras casi cuatro décadas de democracia, el chileno de a pie, el compadre que se levanta de madrugada para agarrar la micro y salir a trabajar, siente un desgaste natural frente al disco rayado de las elites y el cine repetitivo. Reconocer ese cansancio no significa ignorar la crueldad ni el dolor incalculable de las violaciones a los derechos humanos, sino comprender la necesidad de transformar el 11 de Septiembre en un simbólico "Día de la Democracia y de las Libertades". Un momento de reflexión familiar transversal alrededor de la mesa del almuerzo, sin imposiciones ni duelos obligatorios, que nos recuerde el valor de vivir en un país libre donde podemos votar, opinar y criticar al político de turno sin miedo, asegurando que nunca más una brigada de la CNI ni una banda de matones entre a nuestras casas a pasar por encima de nuestra dignidad.
jueves, 3 de septiembre de 2026
jueves, 6 de agosto de 2026
miércoles, 3 de junio de 2026
LAS SEMANAS DISTRITALES: Los ciudadanos de a pie exigen trabajo parlamentario en terreno
Seguro te despertaste un poco tarde, agarraste el celular para mirar TikTok y lo primero que te apareció en el inicio, entremedio de los virales del momento, fue el video de un nuevo escándalo político de esos que dan rabia pura.
El miércoles 3 de junio de 2026, las redes sociales y los matinales están ardiendo por culpa de un diputado de la Región de Los Ríos llamado Leandro Kunstmann, quien terminó encendiendo todas las alertas de la opinión pública. Resulta que el hombre lleva apenas tres meses en su cargo y ya armó las maletas para mandarse cambiar de vacaciones al Caribe, justo en los días en que le tocaba cumplir con la famosa Semana Distrital. Para rematarla, cuando los portales de noticias lo pillaron, dijo muy suelto de cuerpo que él estaba mandado a hacer su trabajo solo de lunes a miércoles en el Parlamento y que "para eso me pagan una dieta". Obviamente, le cayó un hachazo de críticas tan grande de todos los sectores que tuvo que salir corriendo a pedir disculpas públicas por su "frase desafortunada", aclarando que en verdad los parlamentarios trabajan de lunes a domingo. Pero el asunto ya se hizo viral, el meme quedó flotando en los grupos de WhatsApp y la desconfianza de la gente volvió a subir a las nubes.
El problema de fondo es que, mientras nos reímos con la funa de turno o compartimos el extracto en nuestras historias, la gran mayoría de la ciudadanía no tiene idea de qué es la Semana Distrital ni para qué sirve realmente. A veces, cuando se vive una etapa más relajada, bien mantenidos por los papás y sin grandes obligaciones familiares encima, la política se ve como algo aburrido, lejano o de elite. Nos quedamos en la pura queja virtual porque nadie nos ha explicado cómo funciona el sistema en fácil, sin términos jurídicos lateros y con peras y manzanas. Al final, estar informado es un derecho humano básico, aunque tu mayor placer diario sea ver tele y flotar en la comodidad de la casa. Para entender el mapa completo, hay que saber que el poder en el Congreso de Chile se divide en dos lados. Por una parte tenemos 155 diputados (la Cámara Baja), donde cada uno representa a un distrito específico pero tiene la facultad de legislar para todo el país. Por el otro lado están los 50 senadores (la Cámara Alta), que representan a zonas más grandes llamadas circunscripciones. Si nos enfocamos en nuestra Región del Biobío, la cosa se organiza en dos distritos y una circunscripción regional: estamos representados por el Distrito 20 (que tiene 8 diputados) o el Distrito 21 (con 5 diputados), además de los 3 senadores de la zona. A todos ellos el Estado les paga un sueldo gigante con la plata de todos nosotros, no solo para que voten leyes encerrados en Valparaíso, sino para que solucionen los problemas reales de nuestras comunas.
Ahí es donde entra la Semana Distrital, que ocurre una vez al mes, generalmente la última semana de cada mes. En esos días, los diputados y diputadas congelan las reuniones en el Congreso y tienen la obligación por ley de volver a sus territorios a trabajar directamente en la calle. No es un feriado encubierto, no son vacaciones adelantadas en una playa tropical ni un premio de fin de mes. Es el único momento donde tienen que bajarse del auto, escuchar a los vecinos, meterse a las poblaciones de los sectores populares y ver qué pasa con la delincuencia, la salud o la falta de oportunidades en los barrios que los eligieron. Es el momento donde el político debiera estar a la mano del ciudadano común.
En la Provincia de Concepción tenemos ejemplos súper concretos de cómo se supone que un parlamentario debiera mantener los lazos con su gente, al menos con algo tan básico como hacer funcionar las Oficinas Parlamentarias. El caso más emblemático en nuestra zona fue el de Alejandro Navarro mientras fue diputado (1994-2006) y luego senador (2006-2022). Más allá de si a uno le gustaba o no su color político, el tipo entendía perfectamente que para mantener el voto popular tenía que tener una trinchera abierta y activa en el barrio. Su oficina principal siempre funcionó en Penco y pasó por varias etapas: en los 90 y hasta el 2002 estuvo en una casa en la calle Roble cuando era del Partido Socialista; entre 2002 y 2004 se cambió a la esquina de Yerbas Buenas con Freire; después volvió a su primera ubicación en Roble hasta el 2007; y finalmente se instaló en una tercera ubicación en la esquina de Heras con Chacabuco desde el 2008 hasta el fin de su período en 2022, justo cuando renunció al PS para armar su propio caudillismo con partidos nuevos como el MAS y el PAÍS, que terminó aliado con Marco Enríquez-Ominami en la plataforma PRO-PAIS.
Navarro intentó meterse al centro de Concepción en 2008, abriendo por unas pocas semanas una oficina en el segundo piso de un viejo edificio del Paseo Peatonal, pero su fuerte siempre fue Penco. Incluso cuando asumió como senador en 2006 y su zona se estiró hasta el viejo Distrito 42 —lo que hoy es el Valle del Itata y Coelemu, cuando esa subprovincia aún pertenecía al Biobío—, puso una oficina en Chillán. Aunque claro, allá duró poco porque el electorado de esa zona de Ñuble siempre ha sido mucho más tirado a la derecha que a la centro-izquierda y no pescaron mucho el proyecto. Pero la gran particularidad de la oficina de Navarro en Penco, especialmente cuando se ubicaba en la bajada de calle Heras antes de llegar a la Plaza Los Conquistadores, es que siempre estaba viva. Quienes tuvieron la oportunidad de entrar veían que había un horario de oficina real en las mañanas de los días laborales, con una secretaria o recepcionista atendiendo al público. Los vecinos se sentaban en un cómodo hall que parecía un living, adornado con un monumento de madera de Lautaro y un montón de retratos fotográficos pegados en la pared donde se veía al parlamentario con distintos personajes. En la práctica, rara vez te atendía el mismo Navarro en persona; la trastienda real era un equipo gigante dedicado a la gestión en la zona: asesores, jefes de gabinete, periodistas, trabajadores sociales y camaradas de partido que hacían la pega de conectar el Congreso con la región.
Quienes forman parte de la generación millennial y hoy rondan entre los 25 y 40 años, seguro recordarán un primer contacto siendo escolares de básica en 1999, cuando caminaban con la mochila en la espalda saliendo del colegio por Penco. De repente veían a un caballero que ya aparecía a cada rato en la tele junto a personajes importantes como el mismísimo Navarro, aunque el respeto conservador por la autoridad se te iba a las pailas cuando le escuchabas decir un tremendo garabato porque, al salir de la oficina, su zapato pasó a llevar sin querer una caja llena de documentos. Fue una primera experiencia rara, donde descubrías que la autoridad también era un humano común y corriente que se salía de libreto ante un niño a quien nadie tomaba muy en serio. Un par de años después, en 2001, cuando Navarro buscaba su reelección, se mandó una genialidad de campaña: encabezó la entrega masiva de CD-ROMs con música de moda en las poblaciones, pero el truco estaba en que dentro del disco venía instalado el jingle de su campaña. Te regalaba un compilado de 12 o 14 canciones gratis para que las escucharas en el computador o en el equipo, metiendo su propaganda de una forma que ni un vecino del centro de Concepción habría cachado. Si tensionabas la oportunidad de hacer contacto con los mandos medios de esa oficina en el año 2002, las personas que estaban siempre ahí en Penco te podían tener muy bien considerado. Estaban a la mano para hacerte la paleteada de imprimirte las 60 hojas que llevabas guardadas en un disquete; un burdo "Copy Paste" de la enciclopedia Encarta para un trabajo de investigación pal' liceo. En ese establecimiento municipal nadie te enseñaba a pulir o desarrollar una metodología real, algo que después tendrías que aprender a la fuerza y a golpe y porrazo en la universidad. Era una forma bien doméstica y bastante informal de usar la infraestructura parlamentaria para acercarse a la gente del distrito.
Por el otro lado del mapa político, también tenemos una Oficina Parlamentaria que en la práctica es la sede regional de la UDI en pleno centro de Concepción, específicamente en la calle Angol, entre O'Higgins y San Martín. Hoy ese lugar se perfila como la base del senador Enrique Van Rysselberghe y, si bien es un espacio igual de activo, funciona con una lógica completamente diferente. De repente, la oficina organiza actividades y capacitaciones abiertas a toda la comunidad, como talleres para preparar a la gente a buscar un puesto de trabajo, donde por razones obvias participan muchos militantes o simpatizantes de su sector. Es la clásica estrategia de la derecha para hacer convocatorias camufladas a través de agrupaciones de juventudes o talleres comunitarios, ganando nuevos adherentes sin decirlo de forma literal. Pero ojo, ahí la recepcionista siempre te advertía una regla de oro: la puntualidad extrema. Si la actividad partía a las 9 AM y no enviabas tu presencia a tiempo o no estabas adentro, las puertas simplemente se cerraban, poniéndote a prueba desde el primer minuto. Mientras Navarro llenaba su espacio de oficinas técnicas y no hacía tantos talleres porque las habitaciones y el auditorio del fondo pasaban ocupados por sus asesores, la derecha usa su sede como un imán de participación controlada.
Esa tremenda diferencia en la forma de comunicar y de acercarse a la gente explica muchas cosas de nuestra historia reciente, donde la falta de claridad y de sintonía fina con los sectores populares termina pasando la cuenta. Es el mismo problema que vimos, por ejemplo, en las campañas políticas previas al Plebiscito del 2022. En ese tiempo, la izquierda no usó una campaña masiva, simple y popular para aclarar los detalles del borrador que querían instalar como nueva constitución. Todo lo contrario, fue la derecha la que hizo un trabajo tremendo de contra-argumentos y de armar su contra-campaña. Muchos sectores comunistas salieron después a culpar a la derecha de ganar en base a mentiras, pero hay que ser realistas: en tiempos de propaganda la objetividad no existe. La derecha simplemente jugó sus cartas y ganó el gallito. Puede que hayan mentido en algunas cosas, pero la verdad es que la izquierda no logró convencer a la gente común del barrio, y eso fue bastante triste de ver.
Lo mismo pasa cuando las instituciones públicas fallan rotundamente en su estrategia de comunicación hacia la calle. Pensemos en lo que pasa los fines de semana o previo a un feriado: pasada la medianoche, no falta el vecino imprudente que arma un mambo ruidoso en la población o en los departamentos pareados. Quienes intentan descansar llaman desesperados al 133 para frenar la fiesta porque el tipo anda alterado y no hace caso, pero Carabineros muchas veces no contesta o simplemente no acude al lugar de los hechos. La explicación del cuartel suele ser la misma de siempre: que no cuentan con dotación policial, que no tienen suficientes vehículos o que la única radiopatrulla disponible tuvo que partir a otra emergencia en una comuna vecina. Es una desconexión total que recuerda a los peores meses de la pandemia entre 2020 y 2021, cuando en pleno Toque de Queda te arriesgabas a mirar la calle y en diez cuadras no había ni un solo carabinero motorista patrullando, e incluso las comisarías tenían los portones metálicos cerrados sin ningún funcionario haciendo guardia en la entrada ni en la pileta de la plaza. Carabineros, a pesar de tener plataformas digitales, no orienta ni informa en redes sociales sobre los contactos de los cuadrantes ni sobre las leyes vigentes para enfrentar los ruidos molestos. Esa pega informativa la terminan haciendo algunos municipios o particulares de forma desinteresada. Mientras tanto, el nuevo gobierno de Kast, que lleva casi tres meses ejerciendo el poder, se ha quedado solo en lanzar promesas y generar expectativas, pero no ha entregado ninguna información práctica o útil en las plataformas que la gente realmente consume.
En medio de este vacío de información, hoy en día no sabemos bien cómo funcionan las sedes parlamentarias en el Biobío y nada nos incentiva a buscar esos datos en las páginas del Congreso Nacional. Ante esto, ha surgido una aparente cercanía de partidos nuevos como el Partido Social Cristiano (PSC), que se posiciona como una fuerza popular emergente en sectores de Concepción y Lirquén. Pero cuando miras de cerca cómo funciona la trastienda de la diputada Francesca Muñoz, te das cuenta de que sus asesores filtran demasiado el contacto con el mundo exterior. Te pueden llegar doscientos mensajes al inbox de Facebook o al DM de Instagram, pero si años atrás se te ocurrió lanzar tus críticas en X (Twitter) usando la impulsividad, la rabia o un par de garabatos, da lo mismo el fondo de tu reclamo: los asesores te silencian, te filtran y simplemente te dejan el visto. Por eso casi nunca verás que citen a una persona común a una audiencia presencial en Concepción. Aquí viene la pregunta del millón: si alguien no milita en ese partido y vive en el modesto sector de Santa Rita, cerca del río Andalién, ¿efectivamente los asesores le van a dar una cita para hablar cara a cara con la diputada? Da la impresión de que los equipos tienen un miedo tremendo de abrir las puertas, pensando que en un país tan polarizado cualquiera del otro bando viene camuflado por puro resentimiento a herir al parlamentario, terminando por blindarlo y aislarlo en una burbuja.
Ese blindaje de las elites locales no es nuevo; ya se vio durante el Estallido Social de 2019. Mientras la ciudadanía no politizada pensaba que el despertar sería espontáneo, la realidad de la calle demostró que las problemáticas cívicas reales nacían de la gente y no de las pautas de la izquierda tradicional ni de la agenda de la ONU. Te dabas cuenta de que los personajes poderosos siempre andan protegidos por muros invisibles. Si te topas a un alcalde, un diputado, un senador, o incluso con menor demanda a un rector universitario o un gran empresario en la calle para pedirle un favor, casi siempre salen a la defensiva con el típico "No, pero ahora estamos en otra", "deja tus datos con mi asesora y de ahí te llamamos" o "después ¿ya?, porque ahora estoy ocupadito". Es lo mismo que pasa cuando intentas escribir al portal web de la Presidencia —como ocurría con Gabriel Boric— para plantear la crisis de los profesionales de entre 23 y 40 años titulados que no encuentran pega: el encargado se limita a mandar un correo automático diciendo que recibieron la carta y que ellos verán cuándo darte una resolución.
En esa ensalada de problemas cotidianos, las oficinas parlamentarias aplican sus propios filtros para decidir qué pauta es relevante. Obviamente, un tema medioambiental como la instalación de la extracción de Tierras Raras en Penco genera una adhesión masiva y rápida, aunque muchas veces se quede en la burbuja del activismo de elite y no sea necesariamente popular. En cambio, problemáticas más profundas e individuales parecen quedar fuera del radar. Imaginemos el caso de un hombre de 35 años con Asperger que le escribe un mail a una oficina de un político que se dice socialista, reclamando por las brutales dificultades que tiene para encontrar pareja o conocer a una mujer, sobre todo ahora que la natalidad baja, los matrimonios desaparecen y muchas mujeres de 30 a 40 años inclusive no quieren tener pareja producto de su propio empoderamiento. Ante un lloriqueo que para el sistema puede parecer absurdo o poco coherente, ¿cómo reacciona la trastienda política?
Bajo la lógica de la "apertura de mente" que tanto predican, una oficina parlamentaria inteligente no va a tirar el mail a la basura pensando que es una pitanza o que el tipo está puro webeando porque las minas no lo pescan en la universidad. Lo que hacen es aplicar una táctica de contención y poner a prueba a la persona común. Probablemente no lo dejen hablar con el diputado, pero sí lo van a derivar con un subalterno, quizás un periodista o un psicólogo que esté haciendo su práctica profesional. El profesional escuchará la petición en silencio y, en vez de prometerle una imposible ley de inclusión afectiva para el año 2050 o 2100, usará la estructura como una excusa comunitaria: lo invitarán a una charla de formación de líderes o a una reunión del partido. Así, el chico que acusa no tener amigos o que cae en el perfil de Incel sale un par de horas de su casa, se toma un cafecito con galletas en el Coffee Break, conoce gente y se le ayuda a quererse un poco más para enfrentar su solitaria vida. Para un operador político duro, esto puede parecer una simple weá que ni merece comentario, pero es la forma en que deciden canalizar el drama individual.
Tampoco se pueden desvalorizar estas demandas particulares, porque a veces el sistema funciona si sabes presionar, aunque te topes con murallas. Pensemos en un estudiante universitario tesista que, usando la Ley del Lobby, pide por internet una audiencia con el Director Regional del INJUV en Concepción. Días después le confirman la cita por correo. El joven llega a la oficina y lo atiende el director junto a una asesora que toma apuntes de todo, tal como funciona una audiencia formal. El objetivo del estudiante es pedir apoyo para realizar una encuesta o pre-medición que le permita conocer la impresión de los jóvenes para un proyecto de programa juvenil regional. El director, quizás encontrando el tema poco relevante para su pauta, decide zafar fijándole una cita con un subalterno de la institución para que coordine con él. Al día siguiente, el estudiante habla con el funcionario designado, quien ya dateado por su jefe, le reconoce en su propia cara que el tema de proponer una radio juvenil en Concepción le es poco relevante. Los políticos y los funcionarios operadores tienen sus propias pautas cerradas y no quieren escuchar ideas nuevas del ciudadano común. Pregunta seria: ¿De qué democracia estamos hablando aquí?
Es ahí donde hace falta la conversación cara a cara. El estudiante, con argumentos bien fundados porque es un tesista preparado, le expone los motivos de por qué es necesario instalar el debate sobre la falta de espacios juveniles en la radiodifusión FM local. Cuando el funcionario finalmente se abre a escuchar, va entendiendo el punto más allá de la facha, la pinta o la apariencia del joven. Se da cuenta de que el cabro tiene cabeza, inteligencia, poder de convencimiento y las ideas súper claras. Todo eso ocurre gracias al contraste entre la apariencia y la escucha real. Cuando uno ve a un hombre sufrido caminando por la calle, piensa equivocadamente que no tiene herramientas. Nos referimos al perfil del guachito de la pobla: el típico chileno mestizo, moreno y del promedio que anda con lo justo. Ese mismo sujeto que se levanta temprano para pedir hora en el SOME al interior del Consultorio CESFAM de salud pública, al que mandan a comprar el kilo de pan hallulla al negocio de la esquina o el que toma la micro para ir a la pega porque quizás es lo suficientemente nervioso como para lidiar con el taco en horario pic si es que tuviera un auto. El prejuicio del burócrata hace pensar que el guachito de la pobla no tiene nada que aportar. Pero cuando te tomas el tiempo de escuchar el debate que ese vecino quiere dejar en el buzón institucional, descubres que puede ser tan brillante como tu jefe, solo que nunca le han dado la oportunidad. Al ver que tiene ideas extraordinarias, el funcionario lo empieza a tratar con respeto, fija una asamblea para unos días más y llama a los cabros del voluntariado del INJUV para que se acojan a la recolección de datos de la investigación. Así, el estudiante consiguió el requisito para sacar su carrera universitaria y demuestra que la calle tiene mucho que decir.
Al final del día, cuando un político confunde la Semana Distrital con un viaje de placer al Caribe, nos está viendo la cara porque sabe que estamos desinformados y metidos en nuestra propia burbuja de consumo y relajo. Quedarse reclamando detrás de una pantalla, tomándose una Red Bull o subiendo historias graciosas no cambia nada si ellos siguen haciendo de las suyas porque nadie los controla en el territorio. Los electores tenemos el derecho legítimo de interactuar con los diputados a quienes elegimos en las urnas. Es verdad que va por nuestra parte ver qué temas ameritan acudir a una oficina; es obvio que resulta mucho más urgente pedir facilidades para que los adultos mayores soliciten sus horas médicas y no se sientan presionados a levantarse a las 4 AM para estar haciendo fila a las 6 con el portón cerrado, un drama real que importa mucho más que la incapacidad de un treintón por conquistar a una mujer.
Para que esto cambie, el primer paso es que el equipo de asesores en la región distribuya planes de trabajo serios y conectados con la comunidad. Las autoridades con agendas importantes deben tener filtros, pero cuando salen a terreno, deben saber con quién reír, compartir, echar la talla o contener. Necesitamos fortalecer el sistema de audiencias. El mail institucional de una recepcionista debería ser el medio único y oficial, sirviendo de guía para el chileno de a pie que no sabe cómo dejar una carta formal en la oficina de partes de la Municipalidad de Tomé. Queremos que los diputados salgan a terreno, se reencuentren con su gente y que sea esa misma recepcionista la que te envíe un mensaje claro: "Usted ha sido citado a tal hora, tal día y en tal domicilio, a plantear su situación presencialmente con el señor Diputado de la República de su comuna". Es tu derecho como ciudadano de Chile y también como elector, la única herramienta real que nos queda para que dejen de pasarnos gato por liebre en nuestra propia cara.
















































