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| Esquina de las calles "Juan José Manzano" con la Avenida San Juan Bosco - CONCEPCIÓN |
Para lograr que el vecino realmente interactúe con ese espacio si se llega a comprar, una excelente alternativa sería jugársela por la instalación de un supermercado, ya sea como un emprendimiento local o una sucursal de una gran cadena que harto beneficio le traería al sector Baquedano. En comunas vecinas existen ejemplos notables de este tipo de rescate, como el famoso Supermercado Unihue en Santa Juana, que funciona como un tremendo pilar comunal. El equivalente en esta comuna serían esos grandes minimarkets de barrio, como los que se ven mucho en Barrio Norte, famosos por sus tremendos letreros rojos de Coca-Cola en la entrada. No hay que mirar en menos a estos gigantes de barrio, porque perfectamente podrían dar el salto y convertirse en una gran cadena de supermercados vecinal. El problema es que en una ciudad grande como Concepción, ese crecimiento es una odisea. Si un almacén en Santa Sabina o Palomares partió de cero en el año 2002, y para el 2012 ya se había ampliado bastante, lo lógico sería que para el 2022 se convirtiera en un supermercado hecho y derecho, con pasillos, carros y cajeras. Sin embargo, en las grandes urbes la cosa se estanca por culpa de la burocracia interna de la ciudad y por los mismos complejos o temores extralaborales que terminan frenando al comerciante dueño del local.
Una cadena comunal de supermercados, en SANTA JUANA
(Ahora. También tienen una sucursal en Concepción, y no en una "mala
parte" que digamos...su local se ubica en el sector Valle Escondido).
El panorama es súper distinto si miras hacia otras comunas de la Región o de la Provincia del Biobío. Allá existe, por ejemplo, el Supermercado Único, una cadena local bien fuerte en Los Ángeles y Laja que le compite de igual a igual a gigantes como Unimarc, que es prácticamente la única marca grande de retail con presencia en comunas como Laja y Yumbel. Da para pensar por qué en los pueblos y comunas satélites cuesta mucho menos pasar de un almacén de barrio a un supermercado consolidado que incluso cuenta con estacionamiento para clientes, guardias y hasta tabaquería adentro. Cualquiera que vea ese avance afuera puede sentir una mezcla de genialidad y frustración, preguntándose si de verdad se vive en la capital regional cuando los minimarkets de Barrio Norte no logran consolidarse como sí lo hace un negocio en Tomé. Ahí es cuando uno cae en la cuenta de que en la ciudad penquista las grandes cadenas de retail se concentran casi exclusivamente en las autopistas, donde están los malls, o en el centro mismo. El casco histórico de Barrio Norte no tiene retail, tampoco Nonguén ni Palomares, e incluso un sector tan movido como Collao no cuenta con un mall.
Lo positivo de todo esto es que si una cadena provincial, como por ejemplo el Supermercado Ganga, pudiera instalar una sucursal en este sitio de San Juan Bosco, sería una forma maravillosa de motivar al vecino de Baquedano y sus alrededores a hacer su mercadería sin tener que salirse de la población. Claro, un vecino más informado podría argumentar que no es tan complicado abastecerse porque cerca ya tienen dos locales de Supermercados Ganga fuera del barrio, uno en la esquina de Maipú con Fresia cruzando Los Carrera y otro en la calle Lientur entre Bulnes y Prieto, cerca de la Plaza Condell, además del gran Lider de Walmart que está un poco más allá en la misma avenida cerca de la Plaza Acevedo. Pero la pregunta real surge cuando pensamos en los barrios colindantes que son mucho más humildes y que se conectan a través de la pasarela peatonal. Sectores como la Villa Andalién, Villa ENACAR, Villa Los Conquistadores y Villa San Francisco son los que menos disfrutan de un supermercado de gran cadena a pasos de sus hogares. En toda esa zona que va desde la Avenida Alonso de Ribera y el Río Andalién hasta el Camino a Penco, no hay retail, salvo un supermercado de la cadena A-Cuenta en el sector Andalién. Aunque este local saca de apuros en lo económico por sus precios baratos y ofertas, en la idiosincrasia chilena existe una mirada bien despectiva contra esa marca, ya que en el fondo no se percibe como un supermercado común con bodega interna, sino más bien como una bodega gigante abierta al público con fachada de súper.
Siendo justos, la gigante Walmart probablemente tiene la mejor intención de acercar el abastecimiento a los sectores populares, pero el chileno suele ser muy prejuicioso. Es muy común escuchar conversaciones casuales en la calle donde se comenta con desdén que el A-Cuenta está hecho solo para gente vulnerable, un tono clasista que lamentablemente también se toma las redes sociales. De hecho, esto recuerda mucho a la tremenda polémica que se armó en Twitter, hoy conocida como X, los días 27 y 28 de julio de 2022. En esa oportunidad, varios usuarios de la facción del Apruebo lanzaron comentarios muy agresivos y burlas clasistas contra los votantes del Rechazo, caricaturizándolos precisamente a través de comentarios despectivos sobre los compradores del supermercado A-Cuenta. Ese episodio expuso una desconexión elitista tremenda de un sector que históricamente dice defender al pueblo, y esa misma ceguera política persistió con fuerza entre 2022 y 2026, impidiéndoles entender las razones de fondo por las cuales la masa ciudadana terminó respaldando opciones de ultraderecha en las elecciones de los últimos años, prefiriendo juzgar el comportamiento del electorado desde su burbuja antes que hacer una autocrítica real.
Volviendo al diseño de la ciudad, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿por qué Walmart instaló solo un A-Cuenta para el sector Andalién y no un Lider Express? Esa también es una forma silenciosa de exclusión. Es curioso ver que, a pesar de todo, hay comunas donde estos supermercados populares sí logran cambiarle la cara al entorno, como pasa en Lota, donde el A-Cuenta incluye una pizzería Papa John's en su interior que rompe totalmente con el prejuicio de la histórica ciudad minera y pobre. O en Penco, donde el recinto luce plantas hermosas afuera, atrae a compradores de clase media o personas conectadas con la política local, y recientemente sumó un gimnasio de la cadena Smart Fit justo al lado. En cambio, la estética del A-Cuenta de Andalién no es para nada pintosa. Como no tiene ese brillo, es muy poco probable que un ingeniero con una situación económica estable, de los tantos que viven en los barrios de la subida como Las Princesas, Lomas de Bellavista o la Villa Universidad de Concepción, baje a comprar ahí por muy cerca que le quede de la casa. Como tiene auto, prefiere pegarse el pique hacia el sector de Las Princesas, donde hay un Unimarc estéticamente mucho más agradable a la vista. Esa fijación con el paisaje urbano nos recuerda, haciendo un paréntesis, al supermercado Jumbo de Cencosud ubicado en el acceso norte a Chillán, al lado del Terminal de Buses María Teresa. Ahí, durante las estaciones de calor como primavera y verano, las plantas de los estacionamientos crecen tanto y de forma tan ordenada que casi convierten el lugar en una plaza pública, logrando que el entorno se vea realmente bonito y digno para la comunidad.
Al final del día, todo esto pasa porque Concepción es una ciudad que, sin querer queriendo, termina excluyendo a su periferia. El único sector alejado del centro que tiene el privilegio de contar con su propio parque urbano es Barrio Norte-Andalién, gracias al Parque Laguna Lo Custodio, y de hecho ahora en este 2026 un grupo de ambientalistas se encuentra trabajando firme para recuperar la Laguna Lo Méndez. Esa ciudad tiene mucho marketing, se vende hermoso como una gran capital universitaria, pero la realidad es que mientras el centro es el único lugar hiperconectado donde todo es meramente comercial y nada es gratis, muchos barrios se quedan sin alternativas ni panoramas para su gente. Esta falta de espacios comunitarios y de integración golpea con más fuerza a los jóvenes y adultos millennials, especialmente a quienes enfrentan desafíos para sociabilizar, como las personas dentro del espectro autista (TEA), o a quienes les cuesta un mundo encontrar trabajo. Es común ver la realidad de dos hermanos de la misma edad viviendo bajo el mismo techo en un barrio humilde: uno de ellos puede tener una vida llena de panoramas, pero está obligado a hacer todo fuera de su entorno, yéndose a un pub cerca de la Universidad de Concepción a tomarse una cerveza con amigos, o escapándose a un motel en la carretera con su pareja para tener algo de privacidad sin que nadie en la familia se entere. Todo ocurre lejos de casa, dejando a los barrios tradicionales, con sus casas antiguas y sus calles de adoquines, sumidos en el mismo aislamiento de siempre, esperando que alguna esquina emblemática por fin deje de tener panderetas con alambres de púas y se abra a la vida real de los vecinos.

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