Como el mundo cristiano ya lo sabe,
las Sagradas Escrituras (o la Biblia) está conformado por dos libros
que son el Antiguo Testamento y el Nuevo ¿No cierto? La diferencia
radica en que sólo el antiguo (o la primera parte de la Biblia) es
considerado válido para el credo judío, mientras que los cristianos
consideran ambos libros. El Antiguo Testimonio es una recopilación
de relatos que ya habían sido escritos y predicados miles de años
antes del nacimiento de Cristo en el pesebre, mientras que el Nuevo
Testamento es la recopilación de enseñanzas inspiradas por
Jesucristo cuando éste vivió hace dos milenios en el mundo
terrenal.

Uno
de los tantos relatos que podemos encontrar en el Antiguo Testamento
es el de Job. Un personaje que podría ser interesante para aquellas
personas que ahora pasan por momentos malos. Desde lo
político y social hablamos de gente exitosa y gente fracasada ¿no
cierto?, a tal punto que percibimos como entre quienes no gocen
de privilegios podrían ser quizás víctima de alguna injusticia
¡Posiblemente! Hay mucho egoísmo y envidia en esta vida. Pero si
alguno pasa por buenos momentos (y tiende a ser sesgado por su zona
de confort), no logra entender o comprender el sufrimiento paralelo
por el que están pasando muchas personas y que va más allá de lo
material o si viven en la pobreza (El peor infierno simplemente puede
ser espiritual).
Job
fue un hombre quien en la antigüedad (Según la Biblia) siempre se
caracterizó por ser un hombre correcto. El relato parte cuando este
personaje tiene un buen pasar económico, con sirvientes, propiedades
y matrimonio estable. Sólo que en el cielo Satanás interpela a
Dios, criticándolo con que esta lealtad de Job solo es posible
porque el creador lo bendice demasiado (o lo mima, por decirlo de una
forma). Por esa razón Dios decide ponerlo a prueba, con días
venideros muy tormentosos para Job.
¡Chuta! Se le viene peliaguda la cosa...
Así
fue que el protagonista acá en la tierra padece problemas de salud, se le
mueren los hijos y varios de sus sirvientes. Corren los días, cuando
la situación de Job cambia repentinamente. Si bien hay amigos que lo
acompañan, surge el estigma o el prejuicio que las carencias
materiales son producto de un pecado que anteriormente habría
cometido el protagonista. Pese a un sin fin de cuestionamientos,
llenos de angustia, Job se da cuenta que la sabiduría y planes de
Dios van mas allá de los límites presentes en el mundo terrenal.
Para la religión, el creador lo puso a prueba y pese a los tormentos
Job jamás dejó de creerle.
Es
por eso que con dicha afirmación, Job recupera los privilegios que
alguna vez perdió. Con los años duplica sus propiedades y vuelve a
procrear (tener hijos).
Aunque
suene “latoso”, el sufrimiento nos hace reconocer algunas
acciones que antes hemos tomado y que nos dejaron más de alguna
consecuencia negativa para nuestra existencia. Quizás en los
momentos duros, simplemente tengamos la misión de ser fuertes
mentalmente y espiritualmente.
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| Jesús en Valparaíso |
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