La madrugada de este jueves 12 de marzo de 2026 ha servido un plato de horror que, aunque macabro, ya no logra sacudir los cimientos de una opinión pública chilena anestesiada por una década de violencia; lo que sí resulta un giro de guion cinematográfico es que el ataque ocurrió apenas horas después de que José Antonio Kast asumiera la presidencia con la promesa de mano dura contra el crimen.
La víctima de este episodio es Rodrigo Rojas Vade, el recordado "Pelao Vade", quien salió de su domicilio en Melipilla a las 22:20 para ser encontrado por Carabineros a las 0:10 en la caletera de la Ruta 78, kilómetro 59, en un estado deplorable: gravemente herido, inconsciente, con sangrado craneal, rociado con bencina y maniatado. El escenario era una puesta en escena de terror político, tendido detrás de su auto con los intermitentes encendidos y mensajes en plumón que rezaban "Viva Kast" en el brazo derecho y "No + zurdos" en el izquierdo.
Actualmente, Rojas Vade lucha por su vida en un coma inducido en el Hospital San José de Melipilla, pero su nombre arrastra el estigma de haber sido el convencional que engañó a todo un país fingiendo un cáncer para ganar votos en la extinta Lista del Pueblo. Aquella farsa, que solo confesó cuando fue acorralado por la prensa y no por un cargo de conciencia real, sigue siendo calificada como impresentable por una ciudadanía que se sintió utilizada en su buena fe, especialmente aquellos familiares de pacientes oncológicos que vieron en él un símbolo que terminó siendo un fraude maquiavélico donde el fin justificó los medios. Tras el fracaso del proceso constituyente original y su desaparición de la vida pública para subsistir como conductor de aplicaciones, el retorno de Rojas Vade a la palestra bajo estas circunstancias extremas admite múltiples y oscuras lecturas que fracturan el debate nacional.
Por un lado, la izquierda teme el resurgimiento de grupos de ultraderecha actuando como una policía secreta en las sombras, al estilo de la antigua DINA o CNI, buscando instalar un clima de terror bajo el nuevo mando presidencial.
Sin embargo, desde la vereda opuesta se defiende la tesis de un "tongo" u operación de bandera falsa orquestada desde la izquierda radical para dinamitar la imagen de Kast apenas este puso un pie en La Moneda. Esta teoría cobra fuerza al observar la coincidencia temporal con el disparo contra un carabinero en Puerto Varas y la emboscada al vehículo del subsecretario Patricio Torres en Plaza Baquedano. Muchos ven en estos hechos un patrón criminal similar al asesinato de los tres carabineros en Antiquina en 2024, sugiriendo una coordinación que va mucho más allá de un simple acto de fanatismo aislado.
En este contexto, la duda sobre quién propinó realmente la golpiza al ciudadano Vade es legítima, pues periodistas como Francesco Gazzella de Canal 13 ya han puesto el dedo en la llaga al señalar lo sospechoso de la coincidencia y recordar que, para muchos sectores de la izquierda, el declive de su proyecto comenzó precisamente con el escándalo de Rojas Vade.
Existe la sospecha de que grupos mafiosos vinculados a la extrema izquierda lo hayan utilizado como carne de cañón para ensuciar el nombre del nuevo presidente, escribiendo el apellido "Kast" no por lealtad, sino por sabotaje, recordando la máxima bíblica de que no todo el que dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos.
Este posible complot se ve alimentado por las manifestaciones orquestadas en diversas ciudades el mismo día del cambio de mando, donde alcaldes como Humberto Sichel han denunciado con pruebas gráficas en Ñuñoa que barricadas aparentemente espontáneas de jóvenes con banderas de las Juventudes Comunistas responden a intereses partidistas directos.
La realidad es que el pueblo, el vecino de barrio que sale a trabajar cada mañana, ya no se siente representado por estas protestas callejeras ni por la retórica del Frente Amplio, cuya oportunidad ya pasó dejando un sabor a decepción tras el gobierno de Boric. Se acepta cada vez más la idea de que el estallido de 2019 no fue un evento espontáneo, sino una herramienta para pavimentar caminos políticos ajenos al bienestar común.
Mientras la izquierda se refugia en el discurso del miedo, la ciudadanía parece estar optando por una postura más pragmática: el presidente Kast apenas ha comenzado su gestión y la lógica dicta que se le debe dar el espacio necesario para aplicar su proyecto antes de juzgar resultados. La gente ya no compra los lloriqueos de una barricada interesada que busca derrocar gobiernos antes de que empiecen a trabajar o que simplemente sirven para blindar intereses de cúpulas partidistas que poco tienen que ver con las urgencias de los barrios.
Finalmente, resulta imperativo separar la paja del trigo en un momento tan delicado para la convivencia democrática. Una cosa es que años atrás Rojas Vade haya cometido acciones impropias y engañado al electorado, pero nada justifica atacarlo de esta manera; en una democracia, es la justicia la que debe condenar y no un grupo de matones.
Este tipo de crímenes deben repudiarse sin matices, ya sean perpetrados por nostálgicos de la CNI, grupos de Patria y Libertad, narcotraficantes serviles o individuos desequilibrados buscando desquitar su frustración personal.
Chile fue a las urnas y eligió un camino; lo democrático ahora es respetar el pensamiento ajeno y evitar caer en lógicas de proscripción de partidos, como algunos sectores solicitan respecto al Partido Comunista. La riqueza de la democracia reside en escuchar todos los puntos de vista bajo el criterio de la razón, permitiendo que el gobierno trabaje tranquilo mientras los tribunales se encargan de desenmascarar a los responsables de este macabro montaje o ataque.
Es hora de entender que los errores del pasado de un ciudadano no le restan su derecho a la integridad física y que la justicia, que ya actuó contra él en 2021, es la única vía válida para zanjar las cuentas pendientes en un Estado de derecho.

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