martes, 10 de marzo de 2026

Chile demanda el cambio prometido por Kast (Quien asume este Miércoles 11 de Marzo, 2026)

Este miércoles 11 de mayo de 2026 quedará registrado como el día en que el abogado y empresario José Antonio Kast, tras una persistente carrera de nueve años, cruza finalmente el umbral de La Moneda para asumir la Presidencia de la República. No se trata solo de un cambio de color político, sino de la culminación de una visión que prometió reordenar nuestra propia casa ante un país que lo respaldó con una contundente cifra de 7.263.236 votos, alcanzando un 58,17% en la segunda vuelta de 2025. Como bien adelantaron analistas y figuras como la tarotista Latife Soto, este triunfo se cimentó en un profundo voto de descontento contra la administración saliente de Gabriel Boric y su abanderada Jeannette Jara. Con este acto, se marca el cierre de los legados estratégicos del Estallido Social de 2019, viendo cómo la izquierda pierde la cuota de poder que alguna vez pareció hegemónica para dar paso a un nuevo ciclo político.

A partir de hoy, nos convertimos en espectadores de una ejecución que genera tantas esperanzas como interrogantes sobre si este proyecto será un cambio de paradigma real o si el discurso fue simplemente un gancho electoral efectivo. La ciudadanía se pregunta si la visión de Kast asegurará progresos a largo plazo o si la letra chica exigirá sacrificios dolorosos de por medio. El electorado sabía por quién votaba: un líder que, al igual que Javier Milei en Argentina con su tajante "no hay plata", asume con la conciencia de un déficit fiscal heredado que obligará a una disciplina presupuestaria estricta. Este sacrificio también se traslada al ámbito de la seguridad, donde gran parte del país parece aceptar un mayor control estatal bajo la lógica del dentista: soportar una intervención dolorosa hoy para estabilizar las cosas a futuro. En este tablero, genera alivio para muchos la sintonía diplomática de Kast con un Donald Trump que, en su segundo mandato, ejerce una fuerte injerencia global en conflictos que involucran a Venezuela, Irán, México y el posible desalojo del régimen en Cuba.

Más allá de las alianzas internacionales, la ilusión de que el poder político alivie la vida cotidiana suele hacernos olvidar que cada quien siembra su propio futuro y que los políticos siempre transitarán entre privilegios. La rabia surge precisamente de quienes tributan sin recibir jamás un beneficio, personas que no buscan ser mantenidas por el Estado, sino simplemente tener una oportunidad justa para escalar. Es irrisorio que hoy, por el solo hecho de poseer un título profesional, se tilde a alguien de rico, ignorando la realidad de miles de titulados sin trabajo o de jóvenes de sectores populares que ingresaron a universidades tradicionales mediante créditos y esfuerzo personal. En un mundo donde el pregrado ya no basta y los posgrados son un trámite de supervivencia, el gobierno de Kast y su mirada antiestatista son vistos por muchos como una forma de revolución contra el despilfarro público (en lo presupuestario), con el máximo anhelo de que el orden y el respeto vuelvan a ser la costumbre en nuestras calles (esto último en lo estrictamente policial).

Sin embargo, la oposición no tarda en recordar que muchos de estos votos son prestados, provenientes de quienes en primera vuelta apoyaron a figuras como Johannes Kaiser, Evelyn Matthei o Franco Parisi, o de antiguos votantes de izquierda defraudados por el mundo paralelo de la gestión anterior. Estos siete millones de personas no son necesariamente militantes, sino ciudadanos que exigen resultados concretos y que, si ven que los problemas cotidianos o los ruidos molestos en los barrios persisten bajo las mismas trabas de siempre, serán los primeros en sentirse traicionados. Kast asume bajo la lupa de un pueblo que ya no acepta excusas; se le pondrá a prueba para ver cómo se comporta realmente con los chilenos. Como bien reflexiona una profesional que crió sola a sus hijos y estudió de noche: es una injusticia social que la ficha estatal la califique como rica cuando el camino ha sido de puro sacrificio. Si las cosas terminan mal, el nuevo mandatario enfrentará la misma reprobación que su antecesor, porque al final del día, el pueblo actúa como un jefe que no duda en despedir a un mal empleado.

No hay comentarios: