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viernes, 12 de septiembre de 2025

Columna: La ansiolítica espera de un partido que no nos lleva a nada

Fanatismo por la Selección Chilena (La Roja), incluso en la peor eliminatoria de su historia

Las calles del barrio, un hervidero de autos y peatones durante el día, comenzaban a respirar una calma inusual. El sol se despedía con un resplandor anaranjado, pero no era una tarde cualquiera. Faltaban minutos para que La Roja saltara a la cancha, y con el pitazo inicial, el ritmo de vida cambiaría radicalmente. 

Jornadas laborales y rutinarias que son hostiles para una gran mayoría de personas, razón para justificar un partido de clasificatorias como excusa....para romper la monotonía. Si no son los goles, viene la copa de cerveza en la garganta. 

Era un espectáculo de contrastes. Los bocinazos impacientes de la hora pico se desvanecían en un silencio profundo, como si los conductores se evaporaran en el aire para ir directo a la comodidad de sus sillones. Eran fantasmas ansiosos de paz, que se materializaban frente a un televisor que los conectaba con millones de compatriotas. En ese lapso, la ansiedad por llegar a casa se mezclaba con la urgencia de no perderse ni un segundo del encuentro. 

Pero la calma era solo superficial. El silencio de las calles no era más que el preludio de un rito masivo. El grito del relator Claudio Palma se colaba por las ventanas abiertas de las casas, un eco lejano que rompía el mutismo y anunciaba que la vida se había detenido para darle paso al partido. Era un espectáculo de autoflagelación, una porfía colectiva que se negaba a aceptar la realidad.

De hecho, en Junio del 2025 apenas se disputaba la antepenúltima fecha donde la selección perdió en El Alto, La Paz frente a Bolivia 2-0. Era el castigo más duro del campeonato, quedar sin opciones siquiera de repechaje. Un fracaso con todas sus letras. 

La derrota de Chile en las clasificatorias para el Mundial 2026 fue un golpe de realidad. Pero lo más sorprendente no fue la caída, sino lo que vino después. La selección no tenía opciones, llevaba meses sin ganar, pero en cada hogar, la gente seguía viendo los partidos, alimentando una ilusión que ya estaba desechada. En septiembre de 2025, un Chile ya eliminado disputó su último encuentro contra Uruguay en el Estadio Nacional, un insípido 0-0 que selló el fracaso. Y aun así, las familias se sentaron frente al televisor, como si el simple hecho de ver el partido fuera una victoria en sí misma.

El fútbol, para el chileno, no era solo un juego; era una forma de matar el aburrimiento, de alimentar un anhelo que ya no existía. Era una ilusión que se construía sobre la porfía, una manera de aferrarse a algo que se negaban a soltar, incluso cuando la derrota era inevitable.

Un fenómeno que ni siquiera pasa cuando juega algún equipo local de la Región del Bio Bío (Como por ejemplo, un partido de Deportes Concepción). 

miércoles, 20 de agosto de 2025

Contenido de psicología - Chile, ¿PAÍS POLARIZADO? Psicólogo argentino explica que EL FANATISMO surgiría a raíz de LA EXCLUSIÓN SOCIAL

CITA DEL PROFESIONAL:

"Hay un afán de la persona en busca de algo que le ofrezca coraje y a la vez cobijo. Entonces adopta de por sí una ideología que tiene todo perfecto, donde el otro es simplemente un enemigo. Acá funcionan entonces los silogismos implacables del fanatismo. El fanático excluye al otro, a quien sólo lo considera como un enemigo, alguien quien no debiera existir o a quien busca eliminar. Buscan cobijo y una trascendencia.

Pero eso también es producto de que NUESTRO MUNDO NO LES ESTÁ OFRECIENDO UNA VIDA TRASCENDENTE, se ve mucho que en Europa hay personas inmigrantes quienes se sienten excluidos, y solamente tienen la religión de mercado como elemento identificatorio, que cuando toman conciencia de la potencia de su identidad JUNTAN EL RENCOR DE LA EXCLUSIÓN y se arma un combo espantoso. Esto activa los mecanismos que están en todos nosotros. Y se pierde la cordura de tanto razonamiento, porque el fanático siempre tiene una respuesta, ese no es el problema, sino que el conflicto surge cuando éste no deja entrar la palabra del otro, y ni que decir cuando el otro es visto como un enemigo. Se blinda el corazón y se pierde la capacidad de empatía, todo en nombre de una trascendencia".