jueves, 23 de abril de 2026

Motores diésel mantuvieron a la Radio Bío Bío al aire (Recuerdos del Terremoto y Maremoto del 27-F, año 2010)

Este 24 de abril la Radio Bío Bío celebra sesenta años desde que empezó a sonar en Concepción allá por 1966, consolidándose como ese medio que nació en regiones y que, a pesar de instalarse en Santiago a fines de los 90, nunca perdió ese vínculo con la gente de esfuerzo que vive en los barrios y comunas periféricas de las grandes ciudades. 

Para el ciudadano que hoy se levanta temprano a trabajar, recordar la historia de "La Radio" es también recordar los momentos donde el país se sintió más frágil, como ocurrió en esa madrugada del sábado 27 de febrero de 2010, cuando a las 3:34 AM la tierra se sacudió con una violencia que hacía sentir las casas como si estuvieran dentro de una centrífuga, con las murallas crujiendo y los árboles bailando un vals macabro bajo la mirada de quienes recién se habían acostado tras ver a la colombiana Fanny Lu en la penúltima noche del Festival de Viña. 

En ese escenario de caos, con el tsunami golpeando a Talcahuano y Dichato y el centro de Concepción sumido en los daños y el miedo por los saqueos, la señal de la Bío Bío se transformó en el único faro ético gracias a una movida que hoy es leyenda: el uso de motores a petróleo diésel para seguir al aire cuando el suministro eléctrico se fue a la paila. 

Se recuerda con nitidez cuando Nibaldo y Tomás Mosciatti advirtieron en vivo que les quedaba apenas una hora de autonomía, lanzando un llamado desesperado a los auditores para conseguir combustible ante el silencio de la Onemi y las autoridades. 

Esta precaución de tener reservas no fue azarosa, sino que nació de la lección aprendida en el "falso tsunami" de enero de 2005, aquel episodio donde miles "agarraron cachete" hacia los cerros por un rumor de pescadores sanpedrinos que terminó en una chacota monumental y hasta en una parodia musical titulada "Soy paranoico". 

Tras el desastre del 2010, el barrio se humanizó de una forma que los intelectuales no esperaban; los jóvenes que antes solo pensaban en el carrete y el pololeo se pusieron la pechera para ayudar a sus vecinos, mientras en los estudios de calle O'Higgins se vivía la tensión política entre una Michelle Bachelet que terminaba su mandato y un Sebastián Piñera que se preparaba para recibir el mando. 

La petición de la alcaldesa Jacqueline Van Rysselberghe para aplicar un toque de queda instaló un debate sobre el orden y la democracia, reviviendo fantasmas que no se veían en las calles desde enero de 1987, justificando la restricción ante el matonaje y los saqueos que angustiaban a las familias. 

En esos días de emergencia la radio sonaba distinta, sin música de fondo ni cortinas bonitas, solo los micrófonos abiertos y las voces de los locutores dándose apoyo mutuo para acompañar al vecino que informaba "boca a boca" o escuchaba con su radio a pilas. 


Esa misma mística se repitió hace poco, en el invierno de 2023, cuando los temporales botaron la señal FM en el Cerro Centinela de Talcahuano y los periodistas siguieron transmitiendo por la señal online para quienes aún tenían Wi-Fi, o durante el mega apagón nacional del martes 25 de febrero de 2025, donde por casi nueve horas la radio volvió a ser el único lazo con la realidad para millones de chilenos que buscaban información en sus celulares viejos o radios recargables. 


Hoy en 2026, aunque el streaming se maneje desde Santiago y los programas nocturnos ya no salgan siempre desde la mítica Galería Tomás Olivieri, la Bío Bío sigue siendo ese pilar de confianza para el Chile que se levanta a pulso, demostrando que mientras haya un motor a petróleo o una señal digital encendida, el habitante de la periferia nunca estará realmente solo.

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