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| Jueves 8 de Enero 2026 |
El problema de fondo es que todos conocemos cómo funciona el centro de Concepción cuando llega la noche. Nuestra ciudad no tiene una vida nocturna que llene las calles de gente sana; al contrario, lo que queda es la penumbra, la soledad y la inseguridad. Caminar por la Plaza Independencia o por O’Higgins a altas horas es un riesgo, y ese vacío es aprovechado por sujetos que, entre las drogas y la falta de juicio, se ensañan con el mobiliario público. Por más que la Municipalidad ponga maceteros o barreras, es imposible cuidar una estatua que queda regalada en una plazoleta abierta ante la impulsividad de cualquier desadaptado.
Seguir gastando plata en reparaciones constantes es, a estas alturas, un derroche innecesario. No tiene sentido que los recursos de todos los penquistas se pierdan una y otra vez en el mismo parche. La intención de tener un punto turístico para "selfies" es buena, pero la realidad nos golpea en la cara cada vez que sale el sol: la calle, tal como está hoy, no es un lugar seguro para nuestro patrimonio. Es frustrante ver cómo la mugre y la incivilidad le ganan terreno a un espacio que debería ser de alegría para las familias.
La solución más lógica y sana es llevarse a Condorito a un museo. Concepción tiene excelentes espacios culturales techados donde el personaje estaría resguardado de la oscuridad y el vandalismo. Si lo ponemos bajo techo, no solo lo protegemos para siempre, sino que también motivamos a que la gente visite nuestros museos y valore más nuestra identidad local. Sería una forma inteligente de convertir este problema en un beneficio para la cultura de la ciudad. Es de esperar que las autoridades lo entiendan de una vez, porque si lo dejan ahí, la próxima restauración será solo esperar el próximo ataque.



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