No es solo el Cosplay al dictador, ni la ofensa a la diputada Lorena Pizarro en su instagram.
Además, habría estado involucrado en una riña (en un evento donde NI SIQUIERA LO HABÍAN INVITADO). Finalmente subestimó a la Justicia porque allí deciden no aplicar Prisión Preventiva para las otras personas con quienes se había enfrentado "a combos" (Allí "Javito" trató a la Fiscalía de Garantistas "con los delincuentes").
Finalmente, Javier Olivares apenas lleva ejerciendo dos meses como parlamentario (Desde Marzo del presente año 2026).
Resulta impresionante, y a la vez un poco agotador, ver cómo la política nacional se ha transformado en un capítulo eterno de telerrealidad donde el fondo de las leyes importa menos que el impacto de un posteo en redes sociales. El protagonista de este último "baile" es el diputado Javier “Javito” Olivares (42), militante del PDG por el Distrito 6, quien en apenas cinco días ha logrado lo que a otros les toma una carrera entera: unir la provocación ideológica, el clasismo de internet y un bochorno policial que parece sacado de una mala película de enredos. Todo comenzó el pasado jueves 7 de mayo de 2026, cuando Olivares decidió que el Congreso era el lugar ideal para un “cosplay” de Augusto Pinochet. Según él, buscaba que los “viudos de la dictadura” perdieran el miedo, pero en la práctica solo logró reflotar las heridas de un Chile que aún no sana. La reacción de la diputada Lorena Pizarro —hija de una víctima del régimen— fue visceral y lo trató de fascista en su cara, pero Olivares, lejos de debatir como un caballero, se refugió en su teléfono para publicar un meme donde le preguntaba si vendía “parchecuritas”. Esta mofa no es solo un ataque a una colega; es un dardo directo al corazón de la gente humilde que se gana la vida dignamente en las calles y buses. Usar la pobreza como un insulto es, sencillamente, no haber entendido nada de lo que significa representar al pueblo que sale a trabajar temprano cada mañana.
Reafirmando su nueva fe pinochetista en el programa “Sin Filtro” con Gonzalo Feito —una doctrina que hasta 2016 aun era "TABÚ"—, el diputado se blindó en su "libertad de pensamiento". Sin embargo, la memoria de las redes sociales es implacable y en la plataforma X no tardaron en recordarle su pasado en Radio Carolina y aquella frase de “Tócame la caracola Javito” en el programa Super Atómico. Lo que en su momento se vendió como un juego juvenil, hoy es leído con otros ojos por muchos cibernautas, revelando un trasfondo erótico subliminal que, con el traje de parlamentario puesto, se siente bastante fuera de lugar. Pero como el que nace chicharra muere cantando, la verdadera "joya" de la semana ocurrió la madrugada del domingo 10 de mayo en Olmué. Olivares irrumpió a las 00:27 horas en un club deportivo donde, según el comunicado oficial del recinto, no había sido invitado. Lo que terminó en una riña y denuncias de empujones a una mujer fue atribuido por el diputado a un "resentimiento de izquierda". Incluso José Antonio Kast salió a prestarle ropa en X, pero la narrativa se cayó a pedazos cuando el presidente del club, entrevistado por Chilevisión, resultó ser militante de Renovación Nacional. No fue un complot marxista, sino la molestia de gente de trabajo ante un parlamentario que, con solo dos meses en el cargo, ya amenazaba con un altanero “los voy a hacer cagar”, intentando pisotear a medio mundo usando su fuero parlamentario de manera casi infantil.
Lo más curioso de este entuerto es la contradicción total de los hechos que algunos asocian a rasgos narcisistas del diputado. Mientras el club deportivo aclara que Olivares llegó tarde, sin invitación y provocando escándalo, él publicó en su cuenta de X que fue agredido por la espalda mientras alguien gritaba: “La izquierda siempre vive”. Esta supuesta orquestación del "ataque zurdo" choca de frente con la realidad de un presidente del club de derecha moderada que simplemente no aguantó la prepotencia a deshoras. Para rematar, este miércoles 13 de mayo, vimos a un Olivares "picado" y frustrado porque la justicia no mandó a prisión preventiva a sus supuestos agresores, tildando al sistema de “garantista”. En el fondo, lo que vemos es a un hombre que confunde el poder con el atropello personal, y que intenta hacer "trabajo legislativo" a la medianoche de un domingo en un club social al que nadie lo llamó. ¿Es este el nivel de representación que buscaba el Distrito 6? Parece que para "Javito" la política sigue siendo un micrófono abierto donde se puede decir cualquier cosa para subir el rating, aunque el costo sea la dignidad de su propio cargo y el respeto hacia los más vulnerables.



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