En marzo de 2026, la toxicidad en la red social X alcanzó un nuevo punto de ebullición tras un episodio ocurrido en el matinal de Chilevisión, "Contigo en la mañana". Durante un despacho en la Alameda sobre la fiscalización de taxis, Claudio Rivera, un ciudadano de 35 años y activo usuario de redes sociales, se acercó a la cámara para expresar de manera espontánea su apoyo a Carabineros, institución que —según ha relatado— le ha brindado ayuda fundamental en tiempos difíciles. Con la sencillez de quien traía consigo las pancartas que usó como público en el Festival de Viña, Claudio habló desde una honestidad evidente. Sin embargo, mientras él se expresaba con respeto, en el estudio del canal se gestaba una escena de escarnio. Julio César Rodríguez, secundado por Andrea Arístegui, decidió convertir las convicciones del entrevistado en material de comedia. Aprovechándose de que Claudio no tenía audífonos para escuchar el retorno y creía ser oído con atención, Rodríguez ironizó con la letra de "La Camisa Negra" de Juanes, mofándose de cómo se vería el hombre con una "camisa verde" mientras las risas llenaban el set a sus espaldas. Fue un momento de humillación asimétrica: un ciudadano iluso frente a rostros de televisión que, olvidando su rol de dar el ejemplo y respetar los distintos puntos de vista, se burlaron de él de forma cobarde y por la espalda.
Tras enterarse del trato recibido, Claudio manifestó su profundo disgusto en X y convocó a sus seguidores a realizar una denuncia masiva ante el Consejo Nacional de Televisión (CNTV), buscando una sanción por la vulneración a su honra. Este llamado ha reactivado la profunda polarización chilena, alimentando un ambiente viciado donde los defensores de Claudio chocan con sectores de izquierda que critican a Carabineros por abusos pasados. Lo más alarmante es la metamorfosis de quienes en 2017 levantaban banderas de respeto a la diversidad y la neurodivergencia, y que hoy no dudan en atacar a Rivera sacándole en cara una supuesta "condición psicológica" para invalidar su discurso. Más allá de que no corresponde a ningún tuitero o comunicador emitir diagnósticos psiquiátricos —labor reservada a especialistas—, este ensañamiento revela una falta de empatía aterradora. En una época de estrés crónico, ruidos molestos, delincuencia y decepciones profundas, cualquiera puede verse empujado hacia la fragilidad emocional. Convendría que estos jueces de teclado ejercieran un poco de humildad, recordando que nadie es perfecto en este mundo, excepto Dios.
La defensa de Claudio en este contexto no se trata simplemente de una devoción por la institución policial, sino que se sostiene sobre tres pilares fundamentales: la libertad de opinión, el derecho a ser feliz (dejando "ser" al prójimo) y la protección de una persona vulnerable que requiere apoyo y no burlas. Quienes conocen la trayectoria de Rivera en redes saben que es un hombre que ha librado batallas solitarias, alguien que encontró en Carabineros el refugio y la acogida que el Frente Amplio o la estética "ñuñoína" le han negado sistemáticamente. Claudio representa, paradójicamente, al sujeto que la izquierda suele idealizar en los cánticos de Víctor Jara —como el niño de "Luchín"—, pero que en la práctica es basureado por no alinearse con el dogma progresista. Es irónico que aquellos que se consideran intelectualmente superiores gasten su "valioso" tiempo insultando a alguien a quien tildan de "enfermo mental"; al final, la soberbia les hizo jugar una mala pasada, terminando ellos mismos como rastreros de un hombre al que no pudieron ignorar. Les salió el tiro por la culata, y eso parece ser un tipo de castigo divino ante tanta maldad.
Finalmente, este caso pone en tela de juicio la ética de los comunicadores modernos. Independiente de si un entrevistado tiene un doctorado o es una persona con TEA, el conductor tiene el deber de ser empático y respetuoso. Lo inteligente, ante declaraciones que puedan parecer "ajenas" o simples, es dejar hablar y cerrar el espacio con gratitud, no con violencia simbólica. Un profesional de verdad utiliza preguntas de aprendizaje —"¿a qué se debe su postura?"— para generar diálogo, entendiendo que su mensaje llega a millones de personas en todo Chile que no necesariamente comparten su visión de mundo. Antaño, rostros como Mario Kreutzberger o Raúl Matas eran vistos como autoridades o "señores" que mantenían cierta prestancia; hoy, esa imagen se ha degradado en favor de una cizaña que busca refregar opiniones contra lo que el "progresismo woke" desprecia. Esta soberbia no es nueva; ya se vio tras el Plebiscito de 2022, cuando surgió el "roteo" hacia los sectores populares que votaron en contra de su proyecto. La máscara de la tolerancia y la inclusión se ha caído definitivamente, dejando al descubierto una miseria humana que discrimina a quien es más débil solo para alimentar su propio ego ideológico.
El amor al prójimo no es otra cosa que facilitarle el camino al otro, sobre todo si aquel tiene mucho más dificultades que tu en la vida.
Y el Pastor Rocha lo dijo en el Festival de Viña 2026, ¿¡o ya lo olvidaste!?: "Yo creo que otro mundo mejor también es posible. Un mundo más humano, un mundo más preocupado del otro. Y quizás el cielo no es el lugar hacia donde vamos, sino la forma en que decidimos vivir aquí y en el ahora. Y eso fue lo que habló Jesús".



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