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| En buen chileno, invalidar a alguien es una forma de que al sujeto "no lo pesquen" o "no lo tomen en cuenta" (Hacer creer al resto que le falta juicio y criterio) |
La teleserie El Jardín de Olivia ha cruzado una línea de no retorno este enero de 2026, transformándose en un relato de horror sistemático donde la psiquiatría se utiliza como herramienta de tortura blanca. La internación forzada de Bastián Walker no es el acto de un padre preocupado por las adicciones de su hijo, sino la ejecución de un manual de psicopatía empresarial diseñado para proteger un imperio construido sobre cadáveres. Luis Emilio Walker, un arquitecto del engaño, ha comprendido que para sobrevivir no basta con eliminar cuerpos; hay que anular voluntades y fabricar "locos" para que las verdades más sangrientas parezcan simples delirios.
La entrada de Bastián al centro de rehabilitación, con su engañosa "luna de miel" de apenas horas, evoca los pasajes más oscuros de nuestra historia real, recordándonos el sometimiento vivido en recintos como Colonia Dignidad. Al igual que en el enclave de Paul Schaefer, aquí la medicina es una celda. El médico tratante, convertido en un títere más de la nómina de pagos en efectivo de Luis Emilio, ha recibido la instrucción de calificar a un joven sano y lúcido como un "sujeto peligroso". Con un enfermero musculoso apostado como guardia fuera de su habitación y la imposición de psicofármacos a la fuerza, el objetivo es claro: sedar la intuición de Bastián, nublar sus recuerdos del velorio y silenciar sus acusaciones sobre el montaje del "autodisparo" en la mansión.
Las razones de Luis Emilio para este ensañamiento son tan antiguas como el trauma mismo. Bastián es el único que, desde niño, tuvo la valentía de romper el cristal de perfección de su padre al delatar sus abusos. Hoy, ese mismo hijo es la mayor amenaza para la libertad del empresario, pues ha logrado conectar los hilos entre el sicariato que intentó raptar a la nieta de Santiago Valdés y la muerte de Bernardita Vial. Luis Emilio sabe que si Bastián habla con coherencia ante la PDI, su redención fingida —aquella que logró al dispararse a sí mismo para recuperar el afecto de sus hijos mayores y culpar a Raúl Guerrero— se desmoronará como un castillo de naipes.
Mientras Bastián lucha por no perder su voluntad bajo la vigilancia de sus carceleros de delantal blanco, el ciclo de abuso de su padre se expande silenciosamente hacia Jessica, la periodista junior enviada a Perú. Luis Emilio repite su patrón histórico: aislamiento estratégico bajo una falsa promesa de éxito profesional. Es la misma táctica que utilizó hace una década con Ángela González y que Bernardita estaba a punto de confesar antes de ser eliminada en el jardín. En este escenario, la "locura" es la única cárcel que Luis Emilio puede controlar legalmente, asegurándose de que cualquier grito de justicia de su hijo sea interpretado como una crisis de pánico.
Finalmente, cabe recordar que Diana Guerrero (La protagonista de la teleserie) aun no logra dar con el responsable preciso de la muerte de su madre Ángela González, pese a que hay sospechas silenciosas hacia Luis Emilio Walker. Faltan evidencias.

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