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martes, 20 de enero de 2026

El incendio de Lirquén, desde una mirada más. Trasnoche de Domingo 18 de Enero 2026

 La tarde del sábado 17 de enero de 2026 comenzó con una calma engañosa que los satélites no tardaron en desmentir. A las 17:00 horas, el sistema FIRMS de la NASA detectó los primeros puntos de calor en el Fundo Trinitarias, cerca de Chaimávida, marcando el inicio de una emergencia que hoy, martes 20 de enero, CONAF aún mantiene bajo la categoría de incendio en combate.

El Sistema de Información sobre Incendios para la Gestión de Recursos de la NASA, que monitorea el avance de las llamas en tiempo real a nivel global, fue el primero en dar la voz de alarma digital. Desde las 18:00 horas del sábado, el sensor satelital fijó su mirada en la provincia de Concepción, siguiendo la huella de un fuego que se alimentaba de la biomasa seca del Fundo Trinitarias.

El avance del siniestro no fue casual, sino el resultado de una combinación atmosférica letal para la zona central de Chile. Las temperaturas extremas, que superaron los umbrales históricos para enero, se unieron a la llegada del viento puelche, esa ráfaga cálida y seca que desciende de la cordillera acelerando cualquier chispa. 

En menos de 20 horas, lo que era un foco forestal se transformó en una amenaza directa para los núcleos urbanos de Penco, Lirquén y Concepción. La velocidad de propagación fue tal que los equipos de emergencia se vieron obligados a replantear sus estrategias de contención minuto a minuto.

Hacia las 19:30 horas del sábado, el fuego ya lamía los bordes de la Autopista del Itata, una de las arterias principales de la región. El frente avanzaba hacia el norte desde su ubicación original, moviéndose con una autonomía que parecía burlar los cortafuegos naturales de la zona.

La tensión llegó a un punto crítico cuando las llamas amenazaron con alcanzar el servicentro Shell ubicado en el Kilómetro 65, a la altura de Juan Chico. Por fortuna, y tras un esfuerzo desesperado de las brigadas, el fuego no chocó con la bencinera, evitando una explosión que habría tenido consecuencias incalculables.

A esa misma hora, los habitantes de Penco miraban hacia el horizonte con una mezcla de sospecha y miedo. Desde la plaza y los barrios altos, se divisaba una columna de humo densa que emergía de la Cordillera de la Costa, aunque el ciudadano común aún no dimensionaba la magnitud de la tragedia que se avecinaba.

En Lirquén, el trauma de los incendios de 2017 y 2023 se hizo presente de inmediato en las redes sociales. Un vecino de la zona, cuyo nombre reservamos, publicó un mensaje breve pero cargado de historia en su muro de Facebook: "Empezaron". Era la resignación de quien ya conoce el sonido del fuego en los pinos.

Minutos después, el mismo usuario actualizaba su estado con una frase que reflejaba el cambio en la velocidad del siniestro: "De mal en peor gente". Las fotos que compartía mostraban un muro de humo que ya no estaba en el cerro lejano, sino que empezaba a cubrir la luz del atardecer sobre el radio urbano.

Mientras tanto, un incendio menor y aparentemente independiente se reportaba en los sectores rurales de Tomé. Según los registros de CONAF de esa hora, este foco se mantenía en observación y no estaba enlazado con el de Trinitarias, lo que dispersaba peligrosamente los recursos de bomberos disponibles.

A las 20:00 horas, SENAPRED activó los protocolos de evacuación para Petril y Chaimávida, en la zona rural de Concepción. Estas fueron las primeras de muchas órdenes de abandono de hogar, marcando el inicio de una batalla que los vecinos de esos sectores darían sin descanso durante los dos días siguientes.

La simultaneidad de los siniestros se volvió abrumadora con reportes de fuego en Hualqui y en el sector de San Lorenzo, en la comuna de Florida. El mapa de la provincia se tiñó de rojo, y el Gran Concepción comenzó a quedar aislado por tierra.

Tres de las rutas de acceso más importantes fueron cortadas por seguridad y visibilidad cero: la Autopista del Itata, la Ruta Cabrero y la Ruta N-48-0 hacia Florida. El flujo logístico de la región se detuvo mientras el fuego reclamaba el asfalto.

Al llegar las 22:00 horas, el balance era desolador: el incendio Trinitarias ya había afectado 800 hectáreas. SENAPRED extendió la alerta de evacuación a Puente 1, Puente 2, Puente 3 y el sector Lo Tato en Concepción, además de la Población San Luis y Cantera El Guindo en Penco.

Tomé también se sumó a la emergencia urbana con órdenes de evacuación para San José, Punta de Parra y los sectores de Rinco 1 y 2. La noche se transformó en un desfile de luces de emergencia y familias cargando lo más esencial en sus vehículos.

Cerca de las 23:32 horas, el aire de Radio Bío Bío Concepción recibió un mensaje de WhatsApp que encendió las alarmas en el puerto. Un auditor reportaba que un foco de fuego avanzaba velozmente cerca de Primer Agua, con una trayectoria directa hacia el corazón de Lirquén.

El peligro inminente se materializó a las 23:55 horas con la primera alerta SAE para el radio urbano de Penco. Se ordenó la evacuación de los barrios Villarrica y Villa Alegre, sectores que son los más cercanos a la Plaza Los Conquistadores y al centro administrativo de la comuna.

A la medianoche del domingo 18 de enero, la crisis era total. Los llamados a evacuar se multiplicaron en 14 barrios de Penco y Lirquén, incluyendo 7° de Línea, Geochile, Vista Hermosa, Población Gabriela Mistral, VIPLA, Villa Valparaíso y Lord Cochrane.

Las redes sociales se inundaron de registros que la televisión aún no lograba captar. La densidad poblacional de estos barrios permitió que miles de personas fueran testigos directos, grabando videos donde las llamas rodeaban sectores como Villa Italia, colindante con la Ruta 150.

La tragedia alcanzó un hito crítico cuando el fuego logró cruzar la carretera a la altura del Hospital de Lirquén. El recinto asistencial no solo sufrió daños estructurales, sino que obligó a una evacuación de emergencia de sus pacientes hacia la plaza de Penco en medio de la ceniza.

Aquel vecino de Lirquén que había avisado horas antes sobre la llegada del fuego terminó por confirmar su propio temor. Su casa quedó devastada por las llamas, y su relato en redes sociales conmovió a la zona al describir los restos de lo que sus padres construyeron con esfuerzo.

"No es un dolor material, sino un dolor sentimental", escribió al referirse a la pérdida de la casa de sus abuelos, llena de recuerdos que el fuego no perdonó. Su mensaje de despedida a su "querida casa lirquenina" se volvió el símbolo del golpe emocional de la catástrofe.

Durante el trasnoche, surgió la pesadilla de un desastre industrial. El fuego se acercó peligrosamente a la planta de Indura, planteando el riesgo de una explosión masiva. Aunque los sistemas de seguridad evitaron el estallido, la ironía fue cruel para el barrio VIPLA, que terminó devastado por las llamas.

El impacto visual de la catástrofe trascendió las fronteras comunales. Aunque el fuego no entró al centro de Concepción, el resplandor rojo fue visible y registrado desde los altos de Talcahuano, el centro penquista y hasta la Isla Quiriquina, mostrando la magnitud del frente.

A las 3:00 AM del domingo, mientras el sector de Villarrica aún resistía, el centro de Penco divisaba con pavor cómo el fuego se aproximaba desde el lado sur. Las calles de la comuna, habitualmente desiertas a esa hora, eran un hervidero de personas buscando rutas de escape. 

Hacia las 3:20 AM, el foco alcanzó el antiguo recinto de Fanaloza. En la Ruta 150, cerca del cementerio, bomberos luchaba contra el avance del fuego para evitar que cruzara nuevamente la vía, todo esto transmitido en vivo para el país por la señal de 24 Horas de TVN.

La madrugada no trajo alivio. A las 4:33 AM se sumaron nuevas evacuaciones para Bello Horizonte y Altos de la Parra en Tomé, además de Huaro en Florida y los sectores de Juan Riquelme y San Jorge en Concepción, confirmando que el incendio era un monstruo de mil cabezas.

A las 6:12 AM del domingo, las llamas golpearon finalmente el corazón de Villa Alegre y Villa Penco. El fuego estaba a pasos de la plaza principal, y el gobernador regional Sergio Giacaman era testigo directo mientras concedía una entrevista en terreno bajo una lluvia de cenizas.

En esa transmisión, la periodista Valentina Reyes advirtió al gobernador sobre un foco que se reactivaba justo detrás de él, en los cerros que abrazan la plaza. La imagen, captada por cazanoticias y cámaras profesionales, resumió la fragilidad de la contención ante el viento puelche.

Al llegar la mañana del domingo, Penco amaneció bajo un manto gris. Entre calles desiertas de comercio y llenas de camiones de bomberos de otras regiones, los damnificados recorrían las cuadras buscando suministros, encontrando apenas un negocio abierto en medio de una ciudad que, tras 20 horas de infierno, intentaba entender su nueva realidad.

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