A mediados de febrero de 2026, en el marco del Festival de la Naranja en Villa Alegre, el humorista Dino Gordillo protagonizó un incidente que ha fracturado la opinión pública nacional. Gordillo, referente del humor de los 90 con un histórico récord en Viña del Mar, se vio envuelto en una polémica tras besar en la boca a una joven de 14 años encargada de entregarle un estímulo. El acto, precedido por un "Hola, mi amor", rompió el protocolo de respeto: si bien tradicionalmente un hombre mayor saluda a una joven con un beso en la mejilla, el contacto en los labios fue una imprudencia que las redes sociales y los medios no tardaron en viralizar.
El comediante se defendió denunciando imputaciones subjetivas, arbitrarias o exageradamente inquisidoras, asegurando que desconocía la minoría de edad de la joven, lo que ha destapado dos miradas: una que exige responsabilidad compartida —apuntando a los padres y a la Municipalidad por exponer a una menor a un entorno de riesgo— y otra, de carácter feminista "totalitario", que centra el fuego solo en el hombre, ignorando la negligencia institucional y criminalizando cualquier interacción bajo una doctrina estricta que incluso tilda de acoso los antiguos códigos de galantería de los 80.
LOS PROGRES SACARON DE CONTEXTO UN COMENTARIO POR TWITTER - AÑO 2022
Este afán por descontextualizar actos bajo una óptica inquisidora tiene antecedentes claros, como la polémica de 2022 cuando Irina Karamanos vistió una prenda similar a un jumper escolar. Cuando usuarios comentaron estéticamente la imagen de la entonces Primera Dama, de 32 años, la respuesta del "progresismo" fue virulenta, tildándolos de "pedófilos". Se ignoró que estos comentarios estaban influenciados por un imaginario pop de los 90's —desde Britney Spears hasta Sailor Moon—, donde esa estética era el estándar de lo "cool" en la publicidad. El riesgo de esta doctrina es que termina por criminalizar situaciones cotidianas y excluye a los "distintos", especialmente a personas neurodivergentes (TEA, Asperger). Para ellos, el choque entre su literalidad y el "juego social" es violento. En un mundo donde cortar el contacto de un viaje, dejar de hablar por WhatsApp y hacerse la desentendida sin dar ninguna explicación es la norma aceptada, la búsqueda honesta de respuestas es leída erróneamente como "persecución". El feminismo actual, al tildar de "Incel" a cualquier hombre que no sea de su agrado, pasa de ser oprimido a opresor, fomentando una soledad ignorada y castigando la falta de destreza social con la muerte civil, siendo lo menos inclusivo que hay.
Y CON MANUEL MONSALVE (2024), TODAS CALLADITAS ¿NO CIERTO?
Mientras se persigue la torpeza social del ciudadano común, la clase política chilena muestra su cara más fea. El caso de Manuel Monsalve en 2024 —acusado de violación mientras el gobierno actuaba como encubridor tras bambalinas— puso en evidencia un doble estándar insoportable. Molesta que quienes se escudan en ideologías de izquierda para defender la democracia terminen actuando con un matonaje y censura que raya en lo absurdo. Esta desconexión explica por qué hoy, bajo el mandato de José Antonio Kast, el país exige orden. El chileno promedio ha pasado a ver la Cultura de la Cancelación como un peligro real, donde el dogmatismo progre o frenteamplista intentó irrumpir y desmantelar la esencia tradicional y heteronormal sobre la cual Chile se cimentó por siglos, desde tiempos coloniales. La ciudadanía se agotó de esa "burbuja ideológica" que denostó al votante tildándolo de "ignorante" (porque ganó el Rechazo en el Plebiscito del año 2022) y prefirió un liderazgo que respete los pilares históricos de la nación (Con el triunfo presidencial del ultraderechista J.A. Kast en las elecciones de 2025). La gente ya no considera relevante conmemorar fechas sangrientas del pasado cuando hoy Chile sufre una delincuencia que mata inocentes y lactantes con balas locas ante la inacción de quienes preferían las batallas culturales.
Lo ocurrido en Villa Alegre es el síntoma de una sociedad que está perdiendo el sentido común. Condenar un beso a una menor es justo, pero utilizarlo para alimentar una inquisición que criminaliza la heterosexualidad, ignora la neurodivergencia y exime de culpa a las instituciones negligentes, es un camino hacia el abismo. Entre el recuerdo de la estética pop de los 2000 y el totalitarismo de hoy, la verdad y la responsabilidad parecen haber quedado fuera de libreto. Como dice el dicho: el que nada hace... nada teme, pero en este Chile de 2026, parece que la libertad de opinión es la primera en ser amordazada por quienes no aceptan visiones que resguarden la identidad histórica del país.

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