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lunes, 15 de septiembre de 2025

Columna de opinión: Fiestas Patrias. Entre el Descanso y la Inevitable Imprudencia Vecinal

Y las "CHUCHADAS" se escuchan a una o dos cuadras de distancia
Un dilema clásico: Celebración vs. Vicio

Las Fiestas Patrias son, sin duda, una de las fechas más esperadas en Chile. Para muchos, esto significa una pausa necesaria en la rutina agotadora, una oportunidad de viajar, escapar de la ciudad y sumergirse en la calma del campo o la playa.

Pero para otros, la celebración se vive en casa, con un enfoque en el descanso, en ver cine chileno y degustar comidas tradicionales en familia. 

La diversidad de estas celebraciones crea un choque directo entre quienes quieren fiesta y quienes buscan tranquilidad.         






Su cena familiar en la tarde. El plato de carne, o empanaditas !
En los últimos años, el sedentarismo ha ganado protagonismo durante las Fiestas Patrias. Muchos optan por quedarse en sus barrios, lo que es una decisión totalmente legítima. Pero esta elección tiene un doble filo: por un lado, están las familias que buscan un momento de paz en casa, lejos del bullicio de las fondas. Por otro lado, están aquellas que deciden hacer de su hogar el epicentro de una fiesta ruidosa, con música a todo volumen, karaoke a deshoras y gritos que se extienden por horas. 

Y ahí surge el dilema: si bien ir a las fondas podría ser una manera de escapar del ruido de los vecinos, resulta molesto e injusto sentirse obligado a salir para no ser invadido por la imprudencia de otros. Tu hogar debería ser tu refugio, no un lugar del que tengas que huir.      




Se puede perfectamente compartir adentro de la casa, en el living
Sin molestar a los vecinos ¡Salud! 
Es importante entender que quienes buscan noches tranquilas no son precisamente gente "aburrida" o "fome". De hecho, es probable que se hayan sumado a las celebraciones durante el día, disfrutando de asados, empanadas y anticuchos en los horarios habituales, entre el mediodía y la tarde. Pueden haber compartido risas, conversaciones y buena comida con amigos y familiares, demostrando que saben celebrar de la manera más sana posible. Se puede perfectamente poner cumbias a alto volumen y disfrutar, siempre y cuando se respete el horario. La noche no tiene por qué ser el único momento para compartir, ni la excusa para molestar a quienes en el barrio prefieren descansar.

Además, un porcentaje minoritario, pero significativo, de la población no tiene el lujo de tomarse estos feriados. Pese a que el Código del Trabajo declara el 18 y 19 de septiembre como feriados irrenunciables para la mayoría, hay un grupo de personas que debe seguir trabajando. Hablamos de periodistas, carabineros, locutores de radio, bomberos de bencinera, personal de urgencias en hospitales, y también los que trabajan en las mismas fondas. Para ellos, el descanso nocturno es crucial. Estas personas, que velan por la seguridad y el bienestar de la población mientras otros celebran, necesitan recuperar energías para el día siguiente. Por esta razón, el respeto por el descanso ajeno es fundamental.                              



 El problema radica en la falta de autocontrol. Al principio, la fiesta puede ser civilizada. A las 20:00 horas, la mayoría de los miembros, aún sobrios, están disfrutando de una rica comida y música de fondo a un volumen aceptable. Pero, a medida que corren las copas, la prudencia desaparece. La calma se pierde, y la inercia del alcohol lleva a algunos a buscar "marearse" o "volarse". Aquí es donde la fiesta se convierte en un tormento para los vecinos.

  • El parlante gigante: El primer punto de conflicto surge a la medianoche. La música sigue alta, pero ahora el sonido proviene de un parlante gigante en el antejardín, a diferencia de un minicomponente dentro de la casa. El ruido se escucha a una o dos cuadras de distancia, una clara falta de respeto.




  • El karaoke infernal: A ese parlante se le suma un micrófono, y los anfitriones, ya desafinados y con unas copas de más, no tienen vergüenza en molestar al barrio con sus cánticos a larga distancia. Si un vecino, con justa razón, intenta pedirles que paren, la borrachera los lleva a tener actitudes desafiantes y prepotentes.

  • El escándalo del trasnoche: Aunque a las 3 de la madrugada se apague el parlante, el escándalo continúa. Dos o tres integrantes de la familia, en un estado de embriaguez, empiezan a gritar y a vociferar con garabatos sobre su vida privada. Estos ruidos y gritos penetran dos pasillos y dos dormitorios, invadiendo la tranquilidad de los hogares vecinos.

  • El "borracho atornillado": El clímax del descontrol llega a las 5 de la mañana. Mientras la mayoría de la familia decide entrar a la casa, el más adicto de todos se queda solo, sentado en el patio, aferrado a una botella. Ha perdido el control y está inmerso en su propio mundo, hablando solo o riendo. Es un "borracho atornillado" al que su familia lucha por meter a la cama. Esto plantea una pregunta: ¿Qué estamos celebrando un 18 de septiembre?                                                                                                            

"De coquimbo soy, y vengo cantando" (Según la cumbia de LOS VIKING 5)

Este patrón se repite durante dos o tres noches seguidas. El escandaloso comportamiento de esta familia genera una contaminación acústica equivalente a dos semanas de tráfico, todo porque no pueden pasar las Fiestas Patrias sin meter escándalo después de la medianoche, antes de tener una "última noche de orden" para reponerse antes de volver al trabajo.

Existe una contradicción lamentable en la forma en que se aborda el problema de los ruidos molestos. Aunque hay normas claras, a menudo se asume que no se harán cumplir. Muchos ciudadanos se resignan, sintiendo que la policía no hará nada, lo que a veces se justifica por la falta de dotación. En la cultura popular, las Fiestas Patrias se han vuelto sinónimo de descontrol, una parte del "folclore" consumista que se aleja del verdadero sentido histórico. Para Carabineros, intervenir puede resultar incómodo, ya que se percibe como reprimir la celebración. Esto crea un ambiente donde el derecho a descansar es visto como menos importante que el derecho a carretear sin límites. La sociedad ha normalizado el desorden hasta tal punto que denunciar es visto como un acto de "sapo" o "soplón", desmotivando a quienes buscan defender su tranquilidad. Casos como el de la "funa" a un inmigrante venezolano por criticar la "aburrida" Navidad chilena (Diciembre del año 2023), los reclamos por los fuegos artificiales en pandemia (Diciembre del año 2020), e incluso el trágico asesinato de una mujer en junio de 2025 debido a los ruidos, reflejan una frustración colectiva con la falta de fiscalización. Los reportajes de prensa sobre el doble discurso de las normas en las playas (transmitidos en Enero de 2025 por el noticiario de Canal 13...."Teletrece"), que restringen el alcohol y los parlantes pero no se hacen cumplir, son un espejo de lo que ocurre en los barrios chilenos: la norma existe, pero en la práctica, "la ocasión hace al ladrón"



 Si el ruido es excesivo y el diálogo no sirvió, es hora de recurrir a otras instancias. Si vives en un edificio, revisa el reglamento de la comunidad y contacta a la administración. Si la situación es insostenible, la última opción es llamar a Carabineros, quienes deberían (EN TEORÍA) mediar en el conflicto.

La forma en que celebramos también dice mucho de nosotros. La Independencia de Chile, que conmemoramos en estos días, nos invita a reflexionar sobre la libertad y la construcción de una sociedad. Esta libertad no es absoluta, sino que se ejerce en el marco del respeto mutuo. La alegría del 18 de septiembre, con sus tradiciones y su espíritu festivo, se disfruta mejor cuando se hace con consideración y empatía hacia los demás. No se trata solo de celebrar, sino de hacerlo con altura de miras, honrando la historia y el verdadero significado de lo que es ser CHILENO.  

Ya, y.... ¿¡Qué más!?

Ser un padre cariñoso, ¿significa DARLE EN EL GUSTO EN TODO A LOS HIJOS? (Cuando el progenitor lo mal cría, y lo mal acostumbra al vicio por el copete



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