Eso calza perfecto con situaciones que vemos a diario en Chile: "nuevos ricos" que mantienen gustos y modismos bien poblacionales, y por otro lado gente de esfuerzo, de barrio humilde, que es súper culta y educada aunque no tenga ni un peso en el banco. (¡O sea!, por un lado tenemos a gente que materialmente son de clase media pero que intelectualmente pertenecen a la baja, porque dentro de todo son "medio ignorantes". Frente a otro tipo de gente que económicamente "viven con lo justo" aunque tienen la formación y educación suficiente "como para pasar piola").
Preguntarle a un chileno a qué clase social pertenece es meterse en un terreno sin fin, porque la respuesta casi siempre es la misma: "de clase media, po". Da igual si vives en una villa periférica, si trabajas doce horas seguidas o si andas haciendo malabares con las cuentas para llegar a fin de mes. Nadie quiere sentirse abajo. Hace poco, el joven actor Alonso Quintero —a quien muchos recuerdan por interpretar a Bastián Walker en la recientísima teleserie El Jardín de Olivia— subió un Reel que se volvió masivamente viral en Facebook y TikTok, poniendo sobre la mesa justamente este dilema de manera bien simple y sin ponerse denso. Alonso explicaba una verdad bastante lógica: según la sociología, la clase social no depende de cómo uno se identifique con la boca para afuera, sino de la posición real que ocupamos en la vida, de las oportunidades con las que nacimos y del reconocimiento que nos da el resto.
Para explicárselo a la gente que no tiene el hábito de leer libros gordos de universidad, el actor desglosó un par de hipótesis que ayudan a entender en la cabeza del chileno de a pie. Primero recordó a Karl Marx, quien decía algo muy básico: o tienes propiedades y capital para mandar (la famosa burguesía), o dependes exclusivamente de un salario para parar la olla (el proletariado). Después vino Max Weber a decir que la cosa era un poco más compleja y que también influían otras tres dimensiones: la clase, el estatus y el partido. Pero la clave más fina la tiene el sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien planteó que la clase no solo se nota en la billetera —el capital económico—, sino también en cómo hablas, cómo comes, cómo te vistes y las referencias que manejas, lo que él llamó capital cultural y simbólico. Eso calza perfecto con situaciones que vemos a diario en Chile: "nuevos ricos" que mantienen gustos y modismos bien poblacionales, y por otro lado gente de esfuerzo, de barrio humilde, que es súper culta y educada aunque no tenga ni un peso en el banco.
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| Nadie pide donde nacer (Es cierto), pero no se pierde nada con intentarlo tampoco ! |
Al final del día, detrás de esa etiqueta de "clase media" no hay solo un arribismo silencioso, sino un deseo profundo de resguardo y dignidad. Arreglarse, verse bien, hablar correcto y salir con la frente en alto a la calle es una forma de escalar socialmente y una coraza para defenderse en una sociedad donde abunda la gente mala y envidiosa. Sin darse cuenta y sin haber leído jamás a los grandes autores sociológicos, el chileno aplaude y aplica la teoría a su manera: entiende que verse digno y sentirse de clase media es la mejor herramienta para no dejarse mirar en menos por nadie, protegiendo con dientes y muelas lo poquito que ha logrado construir con su propio sudor.





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