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| El anhelo de tener UNA VIDA RESUELTA ¿¡ no !? |
Existen varios caminos para salir del nido, como hacer el servicio militar y seguir la carrera, o tener la suerte de estudiar en otra región. Antes, irse a Concepción a estudiar (desde Santiago u otra región) era el gran salto a la madurez, tal como lo hizo un joven Alejandro Navarro por allá por los ochenta, arrendando una pieza y reinventándose solo. Pero si tienes la "suerte" de que la universidad te queda cerca, te terminas quedando cinco años más, y otros cinco buscando una pega que nunca llega, a pesar de tener el cartón colgado en la pared. Incluso si pillas algo, te quedas con los viejos para ahorrar cada chaucha y tratar de juntar para el pie de una vivienda, porque pagar la luz, el agua y los gastos comunes a solas es hoy un deporte de alto riesgo. Esto también le pega fuerte al corazón; en el mercado de las parejas, todavía hay una mentalidad donde se busca al "proveedor". Puedes ser muy lindo, pero si vives a costa de tus padres, pierdes todo el brillo frente a otro que, quizás sea más feo, pero ya gana sus 500 mil pesos mensuales en la municipalidad. Mientras tanto, en esta última década hemos visto cómo suben los solteros que llegan a los 38 años sin hijos, celebrando como gran triunfo el poder vivir solos en un departamento.
Ahí es cuando uno se pone soñador y mira hacia Santiago, donde supuestamente hay más oportunidades, aunque la capital sea una juguera que atrae a gente de todo Chile. Pero para llegar allá necesitas mínimo unas 23 lucas para el bus Pullman, y ahora en este abril de 2026 los precios están por las nubes. Si tienes buena onda con tus viejos y te pagan el pasaje, eres un afortunado, pero si te fuiste peleado, te toca mendigar o pedirle a un amigo que se paletee con un depósito para poder viajar. Cuando por fin te subes al bus, sientes un alivio gigante por dejar atrás a la familia que te ponía trabas y a una ciudad que no te dio ni la oportunidad de trabajar como auxiliar de aseo en tu propia universidad. El problema es que al bajarte en el Terminal Alameda, el aire nuevo viene con preguntas pesadas: ¿dónde vas a dormir? Los conocidos en Santiago te pueden hacer la cruz rápido; quizás te dejen dormir dos noches en el sillón porque sus departamentos son chicos, pero nadie está obligado a alojarte. Al final, el camino del independiente es una subida constante donde, mientras más grande es la ciudad, más frío es el recibimiento


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